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PinkWashing y cáncer de mama

by ninabenito 30/05/2025

En la semana rosa por antonomasia re quiero hablar del PinkWashing y los tóxicos que provocan cáncer de mama en cosméticos.

Estos días vas a ver muchas marcas convencionales de cosmética, agua mineral, seguros, pechuguita de pavo… lo que sea, vestirse de rosa y hablar de las donaciones que van a hacer a la Sociedad Española contra el Cáncer o similares.

Y sería perfecto, si detrás de tanto rosa no hubiera tanto postureo.

Tanta mentira.

Tanta hipocresía.

Porque el cáncer es una lacra social que destruye vidas, quema sueños, aniquila familias.

Sé de lo que hablo.

El cáncer se llevó todos los colores de mi vida hace 20 años, dejándola en blanco, gris y negro.

Hace tres lo vivía en propias carnes, pero de ello te hablaré en otro post este mes.

Pinkwashing de lacitos rosa

No, el cáncer no es buenrrolista.

Y eso es lo que nos quieren vender.

Supongo que habrá gente a quien le ponga las pilas este teñido de rosa, a quienes les parezca que tratar el cáncer como si fuera un anuncio de compresas lleno de nubes y unicornios le resta gravedad.

Tal vez la sociedad necesite este pinkwashing para colorear unas estadísticas negras como el carbón llenándolas de lacitos rosas, de mujeres convertidas en meros objetos de una industria que se lucra con mismo dolor que provoca.

Porque frente a frente, el cáncer es una mierda, lo mires por donde lo mires.

Huele a vómito, llena la casa de silencios, mocos y lágrimas, cercena cuerpos, arrasa los futuros dejándote anclada a un eterno presente y te hace sentir débil e impotente ante una enfermedad cada día más común que sufriremos una de cada 4 mujeres y uno de cada 3 hombres.

Te lo repito: una de cada 4 mujeres y uno de cada 3 hombres.

 

Y, por fortuna, cada vez se cronifica más el cáncer y los que antes eran incurables hoy tienen tasas de supervivencia espectaculares.

Donde antes las terapias te dejaban más muerta que viva, ahora pueden ajustarlas hasta hacer que haya un tratamiento para cada cáncer y cada persona.

Pero te contaré un secreto.

Nunca quise que me curaran del cáncer.

Espera, te cuento otro más.

Nadie de este planeta (y he hablado con los casi 8.000 millones de habitantes) quiere ser curado de un cáncer.

Lo que queremos es no tener que sufrir un puto cáncer.

 

¿Y si se nos dijera qué podemos hacer para sacar bolas del macabro bombo de esta lotería y ahorrarnos el mazazo del diagnóstico, el miedo mortal, las operaciones, las recaídas, los años robados?

¿No sería mejor dejar de teñir de rosa los envases y cremas y eliminar los tóxicos simplemente porque hay fundadas sospechas de su relación con el cáncer de mama?

Nos ha dicho por activa y pasiva que el cáncer es un castigo casi divino esculpido en nuestros genes.

Dios alza una mano, cuenta hasta 25 y te señala.

Pero no, joder.

Eso está más anticuado que un teléfono de ruedecita.

El cáncer tiene muchas caras, muchas vertientes y no se habla de todas ellas.

Y hay una de ellas que siquiera puedes mentar.

Y es la vertiente mental.

Prohibido.

Brujería.

Magufería.

 

Cuando me diagnosticaron cáncer miraron 18 genes que podían dar lugar a ese tipo de cáncer, raro de cojones y agresivo como pocos, para una mujer de mi edad.

Punto.

Nada de hábitos, nada de estilo de vida, ni pasado, ni presente, ni futuro.

Solo genes.

Para muchos médicos, el cáncer o está esculpido en tus genes o alguien ha contado hasta 25.

No hay más.

Epigenética es una palabra extraña en oídos de muchos médicos.

No se habla de cómo se puede prevenir, de los productos cancerígenos que usamos día a día, de aquellos que inciden de forma directa en los cánceres hormonodependientes, de cómo podemos quitarnos papeletas para esta lotería tan canalla.

 

El problema, como en cualquier lotería, es que hay personas que con una papeleta les toca el premio, y otras que van cargadas y se mueren de viejos con una salud de hierro.

Y ahí es donde se anclan las industrias y los gobiernos para decir que no hay algoritmo posible.

Que el cáncer o sigue patrones genéticos o totalmente arbitrarios imposibles de predecir.

Pero ¿Y si frente al cáncer pudiéramos hacer algo más que esperar al diagnóstico y rezar por una cura?

Para mí no había palabra más terrible que la de paciente.

Hoy quiero contarte lo que he ido descubriendo sobre los tóxicos que provocan cáncer de mama o, para ser más científicos, inciden en el desarrollo del mismo y cómo puedes evitarlos.

Levántate y, anda, tira tu desodorante convencional.

Si solo tuvieras presupuesto para cambiar un producto convencional por uno ecológico ese, sin duda, debería ser tu desodorante, costara lo que costara.

Pocos productos de cosmética tienen una vinculación tan directa con el cáncer de mama como tu desodorante.

Y, obviamente, esto no lo digo yo, sino que son muchos los estudios los que advierten sobre la toxicidad de determinados ingredientes y su vinculación con el cáncer de mama.

Pero veamos más de cerca de qué estamos hablando exactamente cuando hablamos de tóxicos en desodorantes y la vinculación con el cáncer de mama.

Hace tiempo entrevisté a Nicolás Olea.

Nicolás Olea no es un médico cualquiera.

No es un catedrático cualquiera.

Ni un investigador cualquiera.

 

Es uno de los mayores expertos del mundo en disrupción endocrina, oncólogo experto en cáncer de mama y tiroides, representante de España en la comisión de disruptores endocrinos de la Unión Europea y el comité Scenhir sobre riesgos emergentes, organizador de las diez Conferencias Nacionales sobre Disrupción Endocrina (Conde) celebradas en España y uno de los científicos más citados por sus pares en revistas como Nature y con más de 30 años de experiencia investigadora en el campo de la disrupción endocrina.

Igual que la influ de turno que te dice que todo está testado y es seguro.

Porque parece que ahora si has estudiado una carrera de ciencias cualquiera ya te puedes llamar científico, científica o científique y dedicarte a recorrer el mundo diciendo sandeces, como que los plásticos calentados en el microondas son ideales de la muerte porque si no no se venderían y que la seguridad cosmética es total.

Y para eso te has pasado 5 años estudiando una carrera.

Oh, my God.

 

Yo, cuando escribo, puedo sacarme los datos de la manga o puedo acudir a diversas fuentes preguntándoles sobre disruptores endocrinos.

¿Le pregunto al panadero de la esquina?

¿A la boticaria de la calle de al lado?

¿A la pediatra Lucía?

Puedo ir al dermatólogo y preguntarle sobre la acción de los parabenos en la piel e, incluso, puedo ir a mi endocrina, que lleva 30 años ejerciendo y entiende que el reciclaje médico es asistir a los simposios que las farmacéuticas hacen para hablarle de nuevos fármacos.

Puedo preguntarle a todos ellos.

Y cada uno de ellos me dará una respuesta en función de sus conocimientos.

O puedo hablar sobre disrupción endocrina con médicos, investigadores y catedráticos expertos en la materia, como el doctor Olea.

Personas que están a la cabeza de los últimos estudios científicos y cuyo trabajo pagamos todos.

Tú y yo.

Bueno, si me lees desde fuera de la UE, entonces no.

Esa es mi elección, porque tiene la información necesaria y la autoridad requerida para hablar de temas tan delicados e importantes como la relación entre el cáncer de mama y los tóxicos.

Tóxicos que provocan cáncer de mama

Todo empezó hace 15 años con la publicación por parte de la doctora Philippa Darbre en la Universidad de Reding sobre el hallazgo de parabenos en tumores mamarios.

Las conclusiones a las que llegó convulsionaron el mundo científico, ya que la gran mayoría de los tumores contenían parabenos y, de estos, el 62% de los tumores contenían metilparabeno, el ingrediente más usado en cosmética después del agua según la Food And Drugs estadounidense.

Como siempre que alguien publica algo revolucionario, muchos colegas se llevaron las manos a la cabeza y otros muchos a la barriga por el ataque de risa que les entró.

Ponían en duda el estudio por la escasa muestra analizada, ya que la doctora Darbre solo tomo 18 tumores para su estudio.

Y lo cierto es que sí era una muestra bastante reducida…

Así que, ni corta ni perezosa, en 2013 volvió a hacer el un estudio similar sobre parabenos en tejido tumoral mamario con 160 muestras, y los resultados siguieron asombrando a la comunidad científica, esta vez con gestos más serios, ya que la doctora Darbre sumaba voces de colegas que afirmaban que los tumores de mama no se debían a la evolución del ser humano ni únicamente a la genética.

Las implicaciones de este conservante tan usado en cosmética con el cáncer siguieron apareciendo en estudios, como este de 2017 en el que se concluyó que «Un conjunto de pruebas epidemiológicas implica la exposición a sustancias químicas alteradoras endocrinas (SAE) con mayor susceptibilidad al cáncer de mama.

Para evaluar los efectos fisiológicos de una presunta SAE in vivo, se expusieron células de cáncer de mama MCF-7 y un xenoinjerto derivado de la paciente (PDX, positivo para receptores de estrógeno) a los niveles fisiológicos de metilparabeno (mePB), que se utiliza comúnmente en los productos de cuidado personal como conservante. mePB pellets (4).4 μg por día) condujo a un aumento del tamaño del tumor de los xenoinjertos MCF-7 y de los tumores ER+ PDX. (…)

En resumen, que estos estudios son muy jodidos de leer y más de entender: estos resultados sugieren que el metilparaben (mePB) aumenta la proliferación de tumores de cáncer de mama a través de una mayor actividad de las las células iniciadoras de tumores (TIC), en parte a través de la regulación de los marcadores canónicos de células madre NANOG, y que el metilparabeno (mePB) puede jugar un papel directo en la quimiorresistencia al modular la actividad de las células madre.»

 

Espera, ¿qué?

¿Que los parabenos aumentan la proliferación del cáncer de mama y, además, el metilparabeno puede incidir en que mi tratamiento de quimioterapia no funcione?

¿Quién me ha contado esto?

¿En qué medio ha salido?

¿Qué telediario ha abierto con esta importantísima noticia en vez de la última sandez del político de turno?

¿Por qué la UE no ha puesto en marcha el principio de precaución?

Y así centenares, miles de estudios publicados en las mejores revistas científicas alarmando sobre estos compuestos y otros muchos disruptores endocrinos.

Pero el debate sigue tan abierto como entonces.

O mejor dicho, no.

El debate está totalmente cerrado porque los parabenos son miel del campo, o así lo afirma el CIR (Cosmetics Ingredient Review) estadounidense, un panel científico financiado por la industria cosmética.

 

¡Para!

¿Cómo?

A ver, a ver.

¿La industria cosmética le paga a los científicos para que hagan estudios y digan, si los parabenos que usan a 10 euros el kilo son buenos o no frente a otros antimicrobianos como la plata que vale 10.000 euros el kilo?

Eso sí que es vivir en el país de la pirueta…

Pero dejémonos de conclusiones apresuradas y vayamos a los datos.

En 2018 el CIR publicaba esto.

No era totalmente cierto, ya que lo que se concluyó en la sesión es que se aplazaba la decisión final hasta abril de 2019 y ¡tatatachán!

 

¿A que no sabéis cuál ha fue su conclusión?

Pues que los parabenos son seguros y no hay suficientes datos para decir lo contrario.

En la sesión de 2019, de la que tienes el link arriba, en la que se resalta en amarillo las nuevas aportaciones de información respecto a 2018.

La cantidad de estudios e informes presentados sobre la actividad toxicológica de los parabenos es apabullante de verdad, y eso que solo se presentan los resúmenes de las conclusiones de los estudios.

Al parece el CIR necesita una acción-reacción tipo ‘me pongo el desodorante y me caigo muerta’ para que se tome en consideración todos estos estudios toxicológicos.

Pero bueno, estamos hablando de Estados Unidos, donde solo se han prohibido 11 sustancias frente a las casi 1.400 de la Unión Europea.

Si vamos al viejo continente veremos las cosas de otro color.

Pero eso te lo cuento contamos otro día, en otro artículo que traerá cola.

Ah! Y si quieres empezar a cuidarte, este es mi desodorante.

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Pinkwashing y los tóxicos que provocan cáncer de mama en cosméticos

by Nina Benito 02/10/2024

En la semana rosa por antonomasia queremos hablar del llamado PinkWashing y los tóxicos que provocan cáncer de mama en cosméticos.

Estos días vamos a ver muchas marcas convencionales de cosmética, agua mineral, seguros, pechuguita de pavo… lo que sea, vestirse de rosa y hablar de las donaciones que van a hacer a la Sociedad Española contra el Cáncer o similares.

Y sería perfecto, si detrás de tanto rosa no hubiera tanto postureo.

Tanta mentira.

Tanta hipocresía.

Porque el cáncer es una lacra social que destruye vidas, quema sueños, aniquila familias.

Sé de lo que hablo.

El cáncer se llevó todos los colores de mi vida hace 24 años, dejándola en blanco, gris y negro.

Hace dos lo vivía en propias carnes, pero de ello te hablaré en otro post este mes.

Pinkwashing de lacitos rosa

No, el cáncer no es buenrrolista.

Y eso es lo que nos quieren vender.

Supongo que habrá gente a quien le ponga las pilas este teñido de rosa, a quienes les parezca que tratar el cáncer como si fuera un anuncio de compresas lleno de nubes y unicornios le resta gravedad.

Tal vez la sociedad necesite este pinkwashing para colorear unas estadísticas negras como el carbón llenándolas de lacitos rosas, de mujeres convertidas en meros objetos de una industria que se lucra con mismo dolor que provoca.

Porque frente a frente, el cáncer es una mierda, lo mires por donde lo mires.

Huele a vómito, llena la casa de silencios, mocos y lágrimas, cercena cuerpos, arrasa los futuros dejándote anclada a un eterno presente y te hace sentir débil e impotente ante una enfermedad cada día más común que sufriremos una de cada tres mujeres y uno de cada dos hombres.

Te lo repito: una de cada tres mujeres y uno de cada dos hombres.

Y, por fortuna, cada vez se cronifica más el cáncer y los que antes eran incurables hoy tienen tasas de supervivencia espectaculares.

Donde antes las terapias te dejaban más muerto que vivo, ahora pueden ajustarlas hasta hacer que haya un tratamiento para cada persona, casi único, personal e intransferible.

Pero te contaré un secreto.

Nunca quise que me curaran del cáncer.

Espera, te cuento otro más.

Nadie de este planeta (y he hablado con los casi 8.000 millones de habitantes) quiere ser curado de un cáncer.

Lo que queremos es no tener que sufrir un puto cáncer.

¿Y si se nos dijera qué podemos hacer para sacar bolas del macabro bombo de esta lotería y ahorrarnos el mazazo del diagnóstico, el miedo mortal, las operaciones, las recaídas, los años robados?

¿No sería mejor dejar de teñir de rosa los envases y cremas y eliminar los tóxicos simplemente porque hay fundadas sospechas de su relación con el cáncer de mama?

Nos ha dicho por activa y pasiva que el cáncer es un castigo casi divino esculpido en nuestros genes.

Dios alza una mano, cuenta hasta 25 y te señala.

Pero no, joder.

Eso está más anticuado que un teléfono de ruedecita.

El cáncer tiene muchas caras, muchas vertientes y no se habla de todas ellas.

Cuando me diagnosticaron miraron 18 genes que podían dar lugar a ese tipo raro de cáncer para una mujer de mi edad.

Punto.

Nada de hábitos, nada de estilo de vida, ni pasado, ni presente, ni futuro.

Solo genes.

Para muchos médicos, el cáncer o está esculpido en tus genes o alguien ha contado hasta 25.

No hay más.

Epigenética es una palabra extraña en oídos de muchos médicos.

No se habla de cómo se puede prevenir, de los productos cancerígenos que usamos día a día, de aquellos que inciden de forma directa en los cánceres hormonodependientes, de cómo podemos quitarnos papeletas para esta lotería tan canalla.

El problema, como en cualquier lotería, es que hay personas que con una papeleta les toca el premio, y otras que van cargadas y se mueren de viejos con una salud de hierro.

Y ahí es donde se anclan las industrias y los gobiernos para decir que no hay algoritmo posible.

Que el cáncer o sigue patrones genéticos o totalmente arbitrarios.

Pero ¿Y si frente al cáncer pudiéramos hacer algo más que esperar al diagnóstico y rezar por una cura?

Para mí no había palabra más terrible que la de paciente.

Hoy queremos contarte lo que hemos ido descubriendo sobre los tóxicos que provocan cáncer de mama o, para ser más científicos, inciden en el desarrollo del mismo y cómo puedes evitarlos.

Levántate y, anda, tira tu desodorante convencional.

Si solo tuvieras presupuesto para cambiar un producto convencional por uno ecológico ese, sin duda, debería ser tu desodorante, costara lo que costara.

Pocos productos de cosmética tienen una vinculación tan directa con el cáncer de mama como tu desodorante.

Y, obviamente, esto no lo digo yo, sino que son muchos los estudios los que advierten sobre la toxicidad de determinados ingredientes y su vinculación con el cáncer de mama.

Pero veamos más de cerca de qué estamos hablando exactamente cuando hablamos de tóxicos en desodorantes y la vinculación con el cáncer de mama.

Hace tiempo entrevisté a Nicolás Olea.

Si sueles leer Orgànics Magazine verás que lo nombro mucho, si no, te recomiendo leerla o ver una de sus magistrales conferencias, nada será igual después de escucharlo.

Porque Nicolás Olea no es un médico cualquiera.

No es un catedrático cualquiera.

Ni un investigador cualquiera.

Es uno de los mayores expertos del mundo en disrupción endocrina, oncólogo experto en cáncer de mama y tiroides, representante de España en la comisión de disruptores endocrinos de la Unión Europea y el comité Scenhir sobre riesgos emergentes, organizador de las diez Conferencias Nacionales sobre Disrupción Endocrina (Conde) celebradas en España y uno de los científicos más citados por sus pares en revistas como Nature y con más de 30 años de experiencia investigadora en el campo de la disrupción endocrina.

Y podría seguir redactando sus méritos y puestos de trabajo de relevancia, pero con esto te haces una idea.

Porque parece que ahora si has estudiado una carrera de ciencias cualquiera ya te puedes llamar científico, científica o científique y dedicarte a recorrer el mundo diciendo sandeces, como que los plásticos calentados en el microondas son ideales de la muerte porque si no no se venderían y que la seguridad cosmética es total.

Y para eso te has pasado 5 años estudiando una carrera.

Oh, my god.

Yo, cuando escribo, puedo sacarme los datos de la manga o puedo acudir a diversas fuentes preguntándoles sobre disruptores endocrinos.

¿Le pregunto al panadero de la esquina?

¿A la boticaria de la calle de al lado?

¿A la pediatra Lucía?

Puedo ir al dermatólogo y preguntarle sobre la acción de los parabenos en la piel e, incluso, puedo ir a mi endocrina, que lleva 30 años ejerciendo y entiende que el reciclaje médico es asistir a los simposios que las farmacéuticas hacen para hablarle de nuevos fármacos.

Puedo preguntarle a todos ellos.

Y cada uno de ellos me dará una respuesta en función de sus conocimientos.

O puedo hablar sobre disrupción endocrina con médicos, investigadores y catedráticos expertos en la materia, como el doctor Olea.

Personas que están a la cabeza de los últimos estudios científicos y cuyo trabajo pagamos todos.

Tú y yo.

Bueno, si me lees desde fuera de la UE, entonces no.

Esa es mi elección, porque tiene la información necesaria y la autoridad requerida para hablar de temas tan delicados e importantes como la relación entre el cáncer de mama y los tóxicos.

Tóxicos que provocan cáncer de mama

Todo empezó hace 15 años con la publicación por parte de la doctora Philippa Darbre en la Universidad de Reding sobre el hallazgo de parabenos en tumores mamarios.

Las conclusiones a las que llegó convulsionaron el mundo científico, ya que la gran mayoría de los tumores contenían parabenos y, de estos, el 62% de los tumores contenían metilparabeno, el ingrediente más usado en cosmética después del agua según la Food And Drugs estadounidense.

Como siempre que alguien publica algo revolucionario, muchos colegas se llevaron las manos a la cabeza y otros muchos a la barriga por el ataque de risa que les entró.

Ponían en duda el estudio por la escasa muestra analizada, ya que la doctora Darbre solo tomo 18 tumores para su estudio.

Y lo cierto es que sí era una muestra bastante reducida…

Así que, ni corta ni perezosa, en 2013 volvió a hacer el un estudio similar sobre parabenos en tejido tumoral mamario con 160 muestras, y los resultados siguieron asombrando a la comunidad científica, esta vez con gestos más serios, ya que la doctora Darbre sumaba voces de colegas que afirmaban que los tumores de mama no se debían a la evolución del ser humano ni únicamente a la genética.

Las implicaciones de este conservante tan usado en cosmética con el cáncer siguieron apareciendo en estudios, como este de 2017 en el que se concluyó que «Un conjunto de pruebas epidemiológicas implica la exposición a sustancias químicas alteradoras endocrinas (SAE) con mayor susceptibilidad al cáncer de mama. Para evaluar los efectos fisiológicos de una presunta SAE in vivo, se expusieron células de cáncer de mama MCF-7 y un xenoinjerto derivado de la paciente (PDX, positivo para receptores de estrógeno) a los niveles fisiológicos de metilparabeno (mePB), que se utiliza comúnmente en los productos de cuidado personal como conservante. mePB pellets (4).4 μg por día) condujo a un aumento del tamaño del tumor de los xenoinjertos MCF-7 y de los tumores ER+ PDX. (…) En general, estos resultados sugieren que el mePB aumenta la proliferación de tumores de cáncer de mama a través de una mayor actividad de las las células iniciadoras de tumores (TIC), en parte a través de la regulación de los marcadores canónicos de células madre NANOG, y que el metilparabeno (mePB) puede jugar un papel directo en la quimiorresistencia al modular la actividad de las células madre.»

Espera, ¿qué?

¿Que los parabenos aumentan la proliferación del cáncer de mama y, además, el metilparabeno puede incidir en que mi tratamiento de quimioterapia no funcione?

¿Quién me ha contado esto?

¿En qué medio ha salido?
¿Qué telediario ha abierto esta importantísima noticia?

¿Por qué la UE no ha puesto en marcha el principio de precaución?

Y así centenares, miles de estudios publicados en las mejores revistas científicas alarmando sobre estos compuestos y otros muchos disruptores endocrinos.

Pero el debate sigue tan abierto como entonces.

O mejor dicho.

No.

El debate está totalmente cerrado, o así lo afirma el CIR (Cosmetics Ingredient Review) estadounidense, un panel científico financiado por la industria cosmética.

¡Para!

¿Cómo?

A ver, a ver.

¿La industria cosmética le paga a los científicos para que hagan estudios y digan, si los parabenos que usan a 10 euros el kilo son buenos o no frente a otros antimicrobianos como la plata que vale 10.000 euros el kilo?

Eso sí que es vivir en el país de la pirueta…

Pero dejémonos de conclusiones apresuradas y vayamos a los datos.

En 2018 el CIR publicaba esto.

No era totalmente cierto, ya que lo que se concluyó en la sesión es que se aplazaba la decisión final hasta abril de 2019 y ¡tatatachán!

¿A que no sabéis cuál ha fue su conclusión?

Pues que los parabenos son seguros y no hay suficientes datos para decir lo contrario.

En la sesión de 2019, de la que tenéis el link arriba, en la que se resalta en amarillo las nuevas aportaciones de información respecto a 2018.

La cantidad de estudios e informes presentados sobre la actividad toxicológica de los parabenos es apabullante de verdad, y eso que solo se presentan los resúmenes de las conclusiones de los estudios.

Al parece el CIR necesita una acción-reacción tipo ‘me pongo el desodorante y me caigo muerta’ para que se tome en consideración todos estos estudios toxicológicos. 

Pero bueno, estamos hablando de Estados Unidos, donde solo se han prohibido 11 sustancias frente a las casi 1.400 de la Unión Europea.

Si vamos al viejo continente veremos las cosas de otro color.

Pero eso os te lo cuento contamos otro día, en otro artículo que traerá cola.

Ah! Y si quieres empezar a cuidarte, este es mi desodorante.

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Tóxicos en tus labiales: derivados del petróleo y parabenos

by ninabenito 27/05/2014

Además de las siliconas, los aceites minerales, las ceras y aceites naturales y los pigmentos azoicos, nuestros labiales llevan muchos otros ingredientes para darles consistencia, para espesar esos aceites y ceras, para conservarlos… En este artículo os hablamos de otros tóxicos en tus labiales como son los espesantes, casi todos ellos derivados del petróleo, los parabenos, que actúan como disruptores endocrinos, y otros conservantes no menos dañinos que se alojan en 4 gramos de barra de labios.

Como sabéis nuestros labiales llevan una mezcla base de ingredientes sintéticos derivados del petróleo, como siliconas petrolatum, ozokerite, mineral oil, synthetic beeswax, cera microcristalina, vaselina, ceresin… mezclados con mantecas, ceras y aceites naturales y los PEG, estos en menor medida pero que algunas marcas usan de forma abusiva, como es el caso de la marca italiana Kiko.

Pues bien. Esa mezcla de aceites, ceras y mantecas (tanto las naturales como las sintéticas) necesita de otros ingredientes para tener la consistencia de un labial y que aguante los cambios de temperatura, que los llevemos en el bolsillo, en la guantera del coche y, por supuesto, para preservarlos de la contaminación microbacteriana en segundo lugar.

Tóxicos en tus labiales: espesantes

Para que todos esos ingredientes se mantengan unidos y con ese delicioso aspecto mantecoso pero sin llegar a notarse como una mantequilla en los labios, se usan polímeros derivados del petróleo como el polybutene, Hydrogenated Polyisobutene, Polyethylene y otros derivados del petróleo, con la finalidad de incrementar la viscosidad y la consistencia de las mantecas, ceras y aceites y que nuestros labiales tengan esa textura sedosa y suave. 

tóxicos en labiales

Otro de los ingredientes que se utiliza mucho en los labiales para poder mezclar de forma correcta y homogénea todos esos compuestos (aceites, ceras, parafinas, conservantes, extractos, minerales, colorantes…) es el Stearalkonium hectorite, un ingrediente que, per se, no tiene mayor problema pero que junto con otros componentes y en determinadas condiciones de almacenamiento (más calor del debido, por ejemplo) puede liberar las famosas nitrosaminas, probados cancerígenos y calificados como tal por la IARC. Pero no sólo eso.

Las nitrosaminas (que se encuentran en el tabaco, en los ahumados y carnes adobadas como pinchos morunos, chorizos, morcilla y, no me cansaré de decirlo, en cosas tan deliciosas como las crujientes patatas fritas) preocupan mucho a las autoridades, ya que a raíz del uso de productos cosméticos y de limpieza del hogar que pueden liberar estas nitrosaminas, se está observando un incremento de sustancias cancerígenas en las aguas depuradas, ya que su uso masivo hace que los procesos de depuración no puedan eliminarlas por completo.

Por supuesto hay muchos más ingredientes en esta categoría, pero os estamos destacando los más importantes…

[adicional text=»No se trata de volver a las cavernas, sólo de pensar si realmente necesitamos todos estos ingredientes dañinos para nuestra piel y nuestro organismo en la cosmética ¿de verdad quieres ingredientes cancerígenos en tu labial, y en tu crema del cuerpo, y en tu desodorante? Se trata de ver qué ingredientes podemos eliminar de nuestra vida diaria sin renunciar al siglo XXI y, sobre todo, de presionar a los poderes públicos para que nos informen correctamente y a las empresas para que nos vendan productos sanos y éticos. Porque la ética también forma parte de este paquete que llamamos #RevoluciónBio.»]

Conservantes

Como es obvio, la proliferación microbiana tiene que estar perfectamente controlada y por eso los labiales llevan diversos conservantes que van desde los más naturales a los parabenos, el phenoxyethanol y el methilisothiazolinone y similares. En muchos casos se unen varios conservantes químicos sospechosos sin ningún tipo de pudor. Incluso en las marcas llamadas de lujo. Pero vayamos por partes.

El hecho de que los labiales no lleven agua (excepto las fórmulas más líquidas como los gloss), sino una mezcla de aceites, ceras, mantecas, extractos y minerales hace que, dependiendo de la formulación, no sea necesaria una gran cantidad de conservantes químicos pero, por el otro lado, el hecho de que nuestros labiales vayan a estar en contacto con una piel tan sensible y con nuestras mucosas hace necesario garantizar que las bacterias no camparán a sus anchas, por lo que se hace imprescindible el uso de conservantes.

Las marcas no tienen ningún reparo en poner todos los conservantes necesarios (e incluso más) con la finalidad de garantizar que sus productos no se contaminan con estafilococos y otros microbios que, no nos cansamos de decirlo, serían un grave problema para nuestra salud si proliferaran en nuestros cosméticos. Pero es como matar moscas a cañonazos.

tóxicos en labiales

Phenoxyethanol, vitamina A, C y E en variadas formas y hasta tres parabenos en este labial con tan acertado nombre…

En primer lugar tenemos las vitaminas que son excelentes conservantes pero, lamentablemente, son muy inestables, fotosensibles y se degradan con suma facilidad (lo que decían nuestras madres del zumo de naranja era verdad). Las más comunes en cosmética son la vitamina C, E y A. Lo primero que he de decir es que muchas marcas remarcan, valga la redundancia, eso de que sus cremas llevan vitaminas. Si miráis, en la mayoría de los casos están al final del INCI, como parte de la fórmula para preservar el producto, no para beneficiar a nuestra piel por mucho que lo anuncien los embalajes de las cremas y de los labiales. Por otro lado, las vitaminas más usadas como la E y la A son liposolubles y se almacenan en nuestros tejidos grasos y vísceras, mientras que la vitamina C no se almacena en modo alguno y se excreta por la orina. Todo esto es importante porque, como os he dicho, las vitaminas suelen encapsularse o unirse a otros elementos para preservar su actividad y evitar su degradación.

La vitamina C: normalmente se une la vitamina C al ácido palmítico (que se extrae del aceite de palma). Su forma de eliminación y asimilación por nuestro organismo la hace totalmente inocua. El problema es ese ácido de aceite de palma que ya sabéis cómo se obtiene…

Vitamina E: más conocida como tocopherol (a pesar de no ser lo mismo exactamente). Cuando en el INCI está con este nombre no hay mayor problema pero cuando está acompañado de ácido acético (totalmente inocuo) se llama tocopheryl acetate y, además de ser mucho más resistente a la oxidación, puede contener trazas de hidroquinona, un agente que se ha estado usando durante muchos años para blanquear la piel (entre otros usos cosméticos) pero que es tóxico para nuestra salud.

Tanto es así que la EWG lo califica con un 9 sobre 10 en el índice de peligrosidad (tóxico por inhalación, por contacto, mutagénico…), podéis ver el documento de la IARC aquí  (las conclusiones están en la página 710). Sin embargo el peligro está en esa posible impureza, no en el tocopheryl acetate en sí.

Vitamina A: Otras muchas marcas añaden como conservante la vitamina A o Retinyl Palmitate. A pesar de la inocencia que desprende añadir vitamina A un labial (o en este caso un compuesto de retinol y ácido palmítico), el retinyl palmitate es bastante peligroso en la piel, ya que, como casi todas las vitaminas, es inestable y fotosensible.

Pues bien, cuando la luz ultravioleta incide en nuestra piel, los componentes del retinol se rompen liberando radicales libres que pueden dañar nuestro ADN y causando mutaciones genéticas que son el precursor del cáncer. Tanto es así que la FDA estadounidense desaconseja su uso.

Así que nada de vitamina A en nuestros labiales ni en ninguna crema, por favor. Si os da el punto podéis leer este documento de la IARC en el que se explica un estudio que se hizo con ratas durante un año. Las conclusiones calificando el retinol como cancerígeno están en la página 127… Como véis, la palabra natural no es sinónimo de inocuo.

tóxicos en labiales

Parabenos

Los parabenos son los conservantes más utilizados en cosmética. De hecho, el segundo ingrediente más usado después del agua es el metilparabén y el tercero el propilparaben. De un tiempo a esta parte hay mucha controversia sobre si parabenos sí o no y las declaraciones de determinados médicos no han hecho sino liar más al consumidor. Vamos por partes.

La Asociación Española de Dermatología y Veneorología (AEDV) los tilda como seguros porque si bien antes las concentraciones que se permitían de parabenos resultaban excesivas y eran profundamente irritantes, en la actualidad están limitadas a 0,8% del producto en el caso de un parabeno o 0,4% en el caso de que se use más de un parabeno, por lo que los casos de reacciones son muy limitadas y sólo en personas con pieles problemáticas (ancianos, personas con DA, eccema…).

Pero la AEDV no habla del factor principal por el cual deberían estar prohibidos los parabenos y es porque son disruptores endocrinos. Repetimos que nos parece un ejercicio de irresponsabilidad proclamar la seguridad de los parabenos cuando el problema de éstos no reside en la especialidad de la que se ocupan estos profesionales (que por otro lado han realizado muchos y maravillosos estudios en los que efectivamente concluyen que los parabenos son seguros para la piel, pero es como si un dentista dijera que la cicuta es inocua porque no daña el esmalte dental).

No. Hablamos de que los parabenos aplicados en la piel (y todas las demás sustancias) atraviesan la barrera cutánea y penetran en nuestro organismo, interfiriendo en nuestro equilibrio hormonal y actuándo como si fueran estrógenos (puedes leer más aquí). De hecho el metilparabeno se encuentra en la mayoría de los cánceres de mama (concretamente en el 99% de los casos).

Y estas cosas no las decimos nosotras, las dice una de las mayores eminencias de España en medicina nuclear y radiología como es el doctor Nicolás Olea, Catedrático en la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada, y Coordinador de Investigación del Hospital Clínico Universitario San Cecilio de Granada. Os volvemos a poner el vídeo de una de sus conferencias. No sólo no es un tostón sino que es hasta divertida, al tiempo que alarmante. Conferencia no apta para mujeres embarazadas sensibles.

Además de todo lo que dice Nicolás Olea, la Unión Europea ha tomado cartas en el asunto y ha creado la comisión de disruptores endocrinos (los parabenos son sólo unos de ellos), de la que Nicolás Olea forma parte como representante español. Desgraciadamente la UE sólo ha reaccionado (y lentamente) ante la insistencia del cuerpo científico que está sumamente alarmado por la incidencia de los disruptores endocrinos en el ser humano y el el resto de seres vivos, donde ya se han encontrado aberraciones genéticas en flora y fauna.

Hasta entonces los españoles sólo teníamos esta (vergonzosa) hoja informativa de la UE (en inglés para que todos la entendamos bien) en la que se aconseja que no se usen productos con parabenos en el área perianal de los menores de seis meses, porque su sistema inmune es inmaduro y no se sabe cómo podría deshacerse de esos ingredientes.

Y reiteramos lo que dijimos profundamente indignadas. ¿Y las personas transplantadas? ¿Y las sometidas a quimio y radioterapia? No soy médico pero creo que su sistema inmune no está como para lanzar cohetes ¿pueden sus cuerpos deshacerse de los parabenos de labiales, geles, champús, desodorantes, cremas, serums, maquillajes….? ¿Y qué me dicen de las sinergias de todos estos parabenos con otros preocupantes disruptores endocrinos como ftalatos presentes en cosméticos y plásticos?

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Pues bien, después de muchos ríos de tinta vertidos sobre los parabenos la UE prohibió el pasado 9 de abril de 2014 el uso de los esteres de cadena larga, es decir, de los siete parabenos que se usan en cosmética (etilparabeno, metilparabeno, propilparabeno, butilparabeno, bencilparabeno, isopropilparabeno, isobutilparabeno) se han prohibido los tres últimos para su uso en cosmética, quedando permitidos sólo los parabenos de cadena corta. Esta prohibición nos deja un sabor agridulce en la boca, ya que si bien nos alegra que los parabenos más dañinos ya no puedan ser usados en cosmética, nos da que pensar que es un parche y no se va a profundizar más en el tema, dejando el resto de parabenos en libertad sin cargos, por mucho que la comunidad científica clame. Pero claro, los loreales y la industria química que crea los parabenos son un lobby mucho más fuerte que un puñado de científicos apocalípticos.

Phenoxyethanol

Comparado con otros productos que son mutagénicos, cancerígenos, disruptores endocrinos y un largo etcétera, el phenoxyetanol es como una hermanita de la caridad y, de hecho, es el conservante que se esconde en los sellos paraben free junto con el methylisothiazolinone del que hablamos abajo y se usa incluso en algunos productos naturales en proporciones ínfimas, pero se usa.

Es profundamente irritante y tanto es así que la Agencia Nacional de Seguridad del Medicamento y de los productos de la Salud de Francia ha sugerido que se rebaje la concentración máxima actual del 1% al 0,4% como máximo, dados los casos de alergias que se están dando. Además advierte que esta sustancia no debería usarse en el área de pañal de los bebés.

Nos cabrea profundamente que los ciudadanos no tengamos acceso a estos datos. Sí, vale, en Internet está todo, pero no queremos que los medios de comunicación nos hablen todos los santos días de si Bárcenas tiene 10 o 15 millones en Suiza, y de si Urdangarín es tan mal yerno como parece, o de si Catalunya, finalmente, será un Estado independiente, porque también quiero que me digan que un gobierno de la UE, que no se califican por ser precisamente integristas de lo bio, recomienda que a nuestros bebés no les pongamos cremas y toallitas con parabenos y phenoxyethanol en el culete aunque sólo sea por precaución.

Y nos da más rabia todavía que esos que nos gobiernan a todos y que ahora están (re)tomando sus asientos de cuero en el Parlamento Europeo no defiendan nuestros intereses, sino los suyos y los de los lobbies. Pero en un país que se activa y paraliza al golpe que dicta el pito de un árbitro se nos antoja complicado establecer otro orden de prioridades en la agenda de los medios y de los propios ciudadanos…

Methylisothiazolinone: Otro de los conservantes que ha venido a sustituir a los parabenos en los últimos años. Tanto es así que en Estados Unidos y otros países han saltado las alarmas por la cantidad de casos de reacciones alérgicas que se han dado. En esta noticia podéis leer más al respecto. Además la EWG lo califica con un 5 de peligrosidad, porque diversos estudios sobre células celebrales apuntan la posibilidad de que sea neurotóxica.

Filtros solares

Uno de los ingredientes que más se usa en los labiales con SPF (e incluso sin él) es el Ethylhexyl Methoxycinnamate, más conocido como Octinoxate. Este es uno de los filtros solares químicos más usados por su bajo índice de reacciones y por ser poco fotoalergénico, y se usa en todo tipo de cosméticos con factor solar.

Sin embargo, podéis escuchar un poco más sobre los peligros de los cinamatos. De nuevo el doctor Nicolás Olea nos advierte de los peligros de los químicos dañinos: «Desde hace dos años hay una denuncia del departamento de farmacología de la Universidad de Zurich sobre que la mayor parte de los protectores solares tiene actividad hormonal. Los tres grandes grupos químicos que se utilizan en protección solar son benzofenonas, camcenos y oxicinamatos y los tres son antiandrogénicos, se absorben fácilmente por la piel y modifican los comportamientos de las hormonas masculinas. Eso es motivo de un proyecto europeo que se llama Contamed, que ya ha presentado sus resultados y ahora mismo está sobre la mesa la limitación del uso de esos tres compuestos en los protectores solares». Para ver el vídeo pincha aquí.

Minerales y piedras

Son utilizados como colorantes (dióxido de titanio), para dar shimmer a un labial (mica) y suponen una larga lista de minerales (óxido de zinc, talco, selenio, magnesio) a los que se les une el uso de gemas semi preciosas y de metales preciosos como el oro o la plata.

El problema de estos ingredientes está en su pureza y en los productos que usan para extraerlos, ya que uno de los principales problemas del talco, por ejemplo, es el contenido en metales pesados que pueda tener, así como en sustancias químicas como los antiaglomerantes que se usan en su extracción.

Por supuesto los minerales no pueden ser certificados (sólo se puede certificas lo que nace y crece, en pocas palabras), pero las marcas ecológicas han de tener una absoluta trazabilidad de sus ingredientes, ya que muchos sellos piden una garantía de que sus minerales no están contaminados por estas sustancias. Pero hay más. La mica es uno de los minerales más usados en la actualidad no sólo para labiales sino para muchos otros productos de belleza. Es la encargada de aportar brillo a una sombra de ojos, a un colorete o a unos polvos solares.

Siempre incidimos en la salud para nuestra piel, nuestro organismo y el entorno que nos rodea. Otros artículos os hemos hablado de las devastadoras imágenes de la selva de Sumatra y de un orangután quemado vivo por las compañías extractoras de aceite de palma. Esta vez os presentamos a algunas de los niños que hacen posible que tengamos en nuestras manos esas bonitas sombras tanto de marcas de lujo como low cost (haz click en la imagen para ir al artículo). Y todo esto lo escribimos mientras Leo duerme en la habitación de al lado y nos recorre un escalofrío el cuerpo…

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Colorantes

Junto con los aceites y las mantecas son los ingredientes principales y los que nos permiten colorear la piel de nuestros labios según marcan las tendencias de moda y deciden los gurús de las alfombras naranjas, porque el naranja es el nuevo rojo. Pues bien dentro de los colorantes que podemos encontrar en nuestros labiales están los llamados tintes azoicos, en tela de juicio por su alta toxicidad. Os remitimos a La Noche Temática con los fantásticos documentales Víctimas de la moda y Documentos TV con Carga Tóxica. Ambos son valiosos y los recomendamos encarecidamente. Junto con las telas, los maquillajes.

Si bien en un principio se usaban tintes naturales (como la cochinilla que se sigue usando y sí, es un insecto asqueroso pero natural 100% e inocuo), poco a poco, se han ido sustituyendo por otros sintéticos. El problema es que la mayoría de los cosméticos utilizan los llamados colorantes azoicos, para cuya producción se utilizan aminas aromáticas (bonito nombre para unos derivados de los hidrocarburos como el benceno, tolueno, naftaleno, antraceno y difenilo), entre las que se encuentra la anilina, una de las aminas aromáticas más simples y probadamente cancerígena (todos los compuestos terminados en -amine como la Dietanolamina). Entre los colorantes azoicos (para las que quieran leer una maravillosa clase de química os aconsejamos este documento) podemos encontrar:

– Ingredientes que terminan en -anilin o -anilid

– Colorantes que llevan las letras HC delante como el HC Orange 3

– Los que empiezan por palabras como Acid: Acid Red 73

– Los que llevan el nombre Pigment al principio: Pigment Green 7

– Los que llevan la palabra Solvent delante: Solvent Black 3

La controversia con el uso de estas sustancias radica en que la toxicidad de estos compuestos en los cosméticos no existe per se, es decir, los colorantes azoicos no son cancerígenos, sino pre cancerígenos y de su absorción y la degradación metabólica y las reacciones que se creen con otros compuestos cosméticos dependerá que liberen compuestos cancerígenos (un caso similar al de las famosas nitrosaminas de Deli Plus).

tóxicos en tus labiales

Sin embargo los colorantes azoicos derivados del benceno se convierten en cancerígenos a través de los procesos metabólicos normales. Aquí podéis leer un documento de los riesgos según el IARC, donde además se especifica el riesgo para las personas que trabajan con estos materiales (sobre todo en peluquerías, ya que en empresas químicas pueden ir con trajes especiales y mascarillas pero no en las peluquerías, donde los trabajadores siquiera usan guantes en la mayoría de ocasiones).

Además, otro de los factores que debemos tener en cuenta es las impurezas que contienen estos tintes, que llegan a superar el 20% en los productos comerciales.

En este sentido, la EFSA (Agencia Europea para la Salud Alimentaria), aseguraba en 2007: » Sobre la base de estudios realizados en animales, el Panel AFC llegó a la conclusión de que la anilina se deben considerar carcinógenos. De acuerdo a la nueva evidencia científica, no puede excluirse que el potencial carcinogénico de la anilina afecta el material genético de las células. Por lo tanto, no es posible determinar una tasa de contribución de anilina que pueda ser considerado seguro para los seres humanos «.

Y ahora hacemos una reflexión. Todas estas sustancias de las que habhablamos en los artículos sobre tóxicos de Orgànics Magazine no están exclusivamente en nuestros cosméticos. Muchas de ellas se encuentran incluso en lo que comemos, en nuestros objetos cotidianos, en el patito de goma con el que se baña nuestro bebé, en la almohada sobre la que reposa nuestra cabeza cada noche, en el bacon crujiente que tomamos con deleite.

No se trata de volver a las cavernas, sólo de pensar si realmente necesitamos todos estos ingredientes dañinos para nuestra piel y nuestro organismo en la cosmética ¿de verdad quieres ingredientes cancerígenos en tu labial, y en tu crema del cuerpo, y en tu desodorante? Suponemos que si eres fumador ya sabes que el tabaco mata, incluso a las personas que fuman tu humo de forma pasiva, entre las que se encuentran tus hijos y, desgraciadamente, no creemos que por ello vayas a dejarlo.

Tampoco creemos que tires tu televisor por la ventana (recubiertito de retardantes de llama altamente cancerígenos, os volvemos a dejar el maravilloso vídeo de Annie Leonard y su The Story of Stuff Project sobre los electrodomésticos). No, se trata de ver qué ingredientes podemos eliminar de nuestra vida diaria sin renunciar al siglo XXI y, sobre todo, de presionar a los poderes públicos para que nos informen correctamente y a las empresas para que nos vendan productos sanos y éticos.

Porque la ética también forma parte de este paquete que llamamos #RevoluciónBio. No es posible bañar a nuestros hijos con productos inocuos 100% si para ello le robamos la infancia a los hijos de otros. No puede haber una empresa responsable medioambientalmente de web para afuera y que en sus cosméticos use ingredientes tóxicos o, lo que es peor, ingredientes para cuya elaboración o extracción se ha dañado animales y esquilmado recursos naturales. Porque para hacer la #RevoluciónBio tenemos que empezar por mirarnos el ombligo…

Quino

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Piel sensible, atópica o reactiva III: más químicos nocivos…

by Nina Benito 07/11/2013

En el anterior post del especial sobre piel atópica, os hablábamos de los sulfatos presentes en nuestros jabones y los derivados del petróleo presentes en todo lo que tocamos, miramos, olemos y comemos pero, más concretamente, en casi todos los productos de cosmética tradicional. En este post trataremos otros componentes peligrosos y que se utilizan mucho en productos destinados a pieles atópicas.

Los conservantes: los más dañinos incluso a bajas concentraciones

La Asociación Española de Dermatología y Venereología aconseja que se usen cosméticos con el menor número de conservantes. En este punto es donde os remito a mis post sobre parabenos, pero os los resumo. En los últimos años ha habido mucha polémica sobre parabenos sí o no. Pues bien: parabenos NO. Por dos razones: una por ser precursores de la dermatitis de contacto alérgica y otra por ser disruptores endocrinos. En el primer caso, la misma AEDV insiste en que las pruebas realizadas con parabenos daban positivo en test de sensibilización sobre todo en pacientes mayores con la barrera cutánea ya muy debilitada. Creo que de todas las enfermedades cutáneas, la dermatitis atópica es una de las que más se caracteriza por dejar una barrera cutánea como un colador. Si a esto le unimos el hecho de que son probados disruptores endocrinos y que esa barrera cutánea es una puerta abierta para contaminantes, podemos entender la necesidad de eliminar los productos con parabenos de nuestro cuarto de baño. Ni geles, champús, cremas, serums, lociones, maquillajes. Nada, aunque casi todo lo lleve.

Pero como los parabenos tienen tan mala prensa, en los últimos años ha aparecido otro conservante para sustituirlo y muchos productos lucen etiquetas paraben free conteniendo este otro conservante poco inocuo: el Fenoxietanol o phenoxyethanol, un éter de glicol que se emplea por su poder bactericida y que incluso algunas marcas de cosmética natural utiliza. El peligro radica en que al metabolizar este ingrediente se descompone en acetaldehido y fenol. El primero es cancerígeno y el segundo es capaz de inhibir la respuesta inmunitaria natural. La EWG lo califica de cancerígeno. La FDA (Food and Drug Estadounidense)  lanzó una advertencia en 2008 desaconsejando el uso de una crema para tratar las grietas del pezón que contuvieran fenoxietanol, y la Agencia Francesa de Salud aconseja la reducción del umbral de seguridad del 1% actual al 0,4% como máximo. Lo mismo que en los otros casos. Si tenemos una barrera cutánea dañada y le ponemos ingredientes cancerígenos que pueden entrar al torrente sanguíneo con más facilidad que en una piel sana, y le añadimos un ingrediente que inhibe la respuesta inmunitaria, tenemos el caldo de cultivo idóneo para un amplio catálogo de enfermedades (A pesar de que algunos de los medicamentos que se usan para tratar la atopía llevan inhibidores del sistema inmunológico, pero si empiezo a hablar de medicamentos y farmacéuticas)…

Ya hablé del Methylisothiazolinone en el post dedicado al maquillaje, pero os vuelvo a contar lo que puse en aquel, ya que este es otro de los conservantes que se esconde tras el paraben free y que está presente sobre todo en cremas para el cuerpo y cabello. Es un importantísimo alérgeno y está incluido dentro de la lista de sustancias prohibidas y limitadas en Canadá dado el altísimo número de reacciones que está habiendo en los últimos años a este ingrediente.

Imidiazolidinyl Urea (y todas las palabras compuestas con Urea), Quaternium-15,  y DM Hydantoin (y todos los ingredientes con DM o DMDM delante). Son otros de los conservantes más utilizados en cosmética (Como veréis la frase paraben free cada vez está más exenta de sentido, porque conlleva la sustitución de éstos por conservantes tan dañinos como los parabenos). Por supuesto son derivados del petróleo (no confundir con la Urea a secas que es un ingrediente natural que se utiliza mucho en cremas para dermatitis atópica por su capacidad de hidratación y por su acción bactericida). No, estos dos son liberadores de formaldehído, un ingrediente prohibido en los cosméticos de la UE excepto en algunos productos como los endurecedores de uñas. Este ingrediente está calificado dentro del Grupo I como carcinógeno para humanos por la International Agency for Research on Cancer -página 430- por ser un potente irritante de las vías aéreas y de la piel, causando múltiples dolencias entre las que se encuentran dolores de cabeza, de pecho, infecciones de oído, alergias, fatiga crónica, depresión del sistema inmune, alteraciones del sueño y cáncer, entre otras. Nunca entenderé como determinados ingredientes están prohibidos y otros, que pueden liberar los mismos componentes, no lo están. Es como jugar a la ruleta rusa…

Perfumes y colorantes: el precio de unos cosméticos para comérselos 

Perfume y alérgenos presentes en aceites esenciales. Seguramente si habéis comprado alguna vez productos naturales y ecológicos os habrá llamado la atención que determinados compuestos como el geraniol, limonene, linalool, citral, farnesol o citronellol llevan un asterisco y al final del INCI pone: se dan de forma natural en los aceites esenciales. Pues bien, esto es por una exigencia legal porque esos compuestos son conocidos alérgenos y debe especificarse en el envase (igual que en muchos alimentos pone puede contener trazas de frutos secos). También se usan como perfume en otros muchos cosméticos, de ahí que para las personas con dermatitis atópica se hagan fórmulas sin aroma añadido para minorar las reacciones de estas pieles. Las personas que, además, se les ocurra mirar en la EWG estos componentes seguramente se llevarán un susto de muerte al ver que el geraniol está calificado con un 7. Eso es porque la EWG califica según el porcentaje riesgo y la documentación existente al respecto, independientemente del tipo de riesgo. Por eso a veces algunos ingredientes susceptibles de ser cancerígenos tienen menos peligro que el geraniol que es un alérgeno.

Por la misma regla de tres los aceites esenciales que puedan llevar estos compuestos no deberían aplicarse en pieles atópicas… (ni en embarazadas ni en mujeres lactantes…).

Peores son los perfumes de sintéticos. Antes del siglo XX las fragancias se hacían con ingredientes naturales pero, tras la Segunda Guerra Mundial, se produjo una revolución química y las fragancias sintéticas sustituyeron a las naturales. Lo malo es que ahí se esconden hasta 4.000 sustancias de las que los empresarios no tienen que dar cuentas (por temas de secreto industrial que, como es lógico, prevalece ante los derechos de los ciudadanos). Agentes irritantes, como el bronnocinamal, cancerígenos y enfermedades hormonales, neurodegenerativas o asma entre otros muchos males se esconden tras las bellas palabras Parfum/fragance. ¿Lo mejor? cremas en las que se indique expresamente ‘fragance free’ o ‘sin fragancia’. Que no quiere decir que no huela a nada, sino que no se le ha añadido fragancia y lo que ocurre es que suelen oler peor que otros productos y por eso nos gusta menos ponerlos en nuestra piel.

Y al hablar de los perfumes necesariamente hemos de hablar del alcohol. Es uno de los ingredientes fundamentales en las formulaciones cosméticas. Muchísimos productos, incluso los formulados para pieles sensibles, de bebés o atópicas contienen alcohol. Hay muchos tipos de alcohol y unos son mejores que otros. El llamado cetearyl alcohol es un alcohol graso (extraído mediante un proceso de hidrogenación de los triglicéridos vegetales). No es irritante ni reseca la piel y se usa, principalmente, como emulsionante y emoliente.

Otros alcoholes como el alcohol denatured (alcohol denat en el INCI), el ethanol, el benzyl alcohol o el Isopropyl alcohol son algo más problemáticos, ya que estos sí son irritantes y deshidratantes y el ethanol según diversos estudios podría ser catalogado como ingrediente CRM (carcinógeno, mutagénico y tóxico para la reproducción humana), por lo que sería prohibido directamente en todos los cosméticos de la UE. En la actualidad el alcohol se usa como disolvente, como conservante y para añadir frescura en tónicos, lociones anti acné, productos post afeitado, y colutorios orales, principalmente, además de, por supuesto, en todos los perfumes y colonias en cantidades nada despreciables.

De las miles de sustancias que se utilizan para componer nuestros cosméticos, y las más de cincuenta diferentes que nos ponemos en la piel antes de salir de casa, estas son sólo algunas de ellas ya que yo sólo he hablado de las que están relacionadas con la irritación cutánea, la deshidratación o que pueden producir asma y alergias, todas estas dolencias íntimamente ligadas a la dermatitis atópica. Pero hay cientos de sustancias que no deberían ponerse en estas pieles ni en ningunas, pero esta serie de post están dedicadas sólo a los componentes más dañinos para las pieles atópicas.

Y fuera del tocador ¿qué?

De poco sirve usar un gel ecológico y sin agentes irritantes para cuidar la piel de nuestros hijos con dermatitis atópica si luego usamos detergentes para la ropa agresivos, revoluciones rosas, suavizantes cuyo aroma en forma de perlas se mantiene durante días y mil productos para la limpieza del hogar que contienen sustancias dañinas ¿O sois de las que usáis un sólo producto para todas las superficies? Yo no. Yo tengo mil cien productos (sprays prelavado, para el baño, para la madera, para la tapicería, para los cristales, para las grasas de la cocina, para los suelos, para el aluminio, para…). Productos que, poco a poco, voy sustituyendo por otros Bio y por las fórmulas de la abuela: bicarbonato, agua y vinagre para casi todo. Porque ¿sabíais que los productos más perjudiciales son los sprays porque son inhalados y no solemos aplicarlos con guantes ni con mascarillas? Pues yo tampoco hasta hace nada…, podéis ver los niveles en la página 144 de este documento. Y eso sólo hablando de los Polietilenglicoles, no del resto de ingredientes (como los surfactantes aniónicos tipo SLES) y otros ingredientes químicos altamente tóxicos.

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Todos estos irritantes se quedan suspendidos en el aire junto con otras miles de sustancias que hay en el ambiente contaminado de nuestras ciudades y, poco a poco, se depositan en la epidermis y son absorbidos e inhalados junto con la polución ambiental. Esto no hace sino desequilibrar y deshidratar más las pieles atópicas, cosa que deja el canal abierto para que los staphylococcus aureus campen a sus anchas. Este es el bacilo más común en la piel humana y se considera que una de cada tres personas está colonizada por esta bacteria que no representa ningún riesgo. El problema está cuando esa colonización (viven en la piel) se convierte en infección (a través de las grietas de las pieles atópicas). En ese caso puede ocasionar múltiples enfermedades. Sin contar con los últimos descubrimientos atribuyen a una molécula del staphylococcus aureus la autoría de esta enfermedad, y no un daño colateral a ella como se venía pensando.
 
Entonces, si tengo Dermatitis Atópica ¿me voy a vivir a las montañas con Heidi? No es necesario tanto (esa terrible condena al aislamiento está un paso más allá, con el síndrome de sensibilidad química múltiple SQM), pero sí se deben realizar algunos cambios para mitigar esta enfermedad que, de momento, no tiene cura. Reducir al máximo los agentes irritantes, determinados alimentos en los casos más graves y el estrés es vital no sólo para las personas con DA ¡¡sino para todos!! Digamos que las personas que sufren algún tipo de sensibilidad nos están alertando. Son la avanzadilla, los mensajeros que nos dicen que esto lo hemos de cambiar. A marchas forzadas. 10 millones de personas en España con dermatitis atópica y los legisladores se cruzan de brazos, los científicos se llevan las manos a la cabeza, las farmacológicas se llenan los bolsillos y los ciudadanos, como siempre, buscamos una respuesta. Respuesta que, a duras penas, encontramos en los profesionales de la medicina, demasiado asentados en sus sillones como para poner en tela de juicio el orden establecido, o las pautas que desde los congresos les transmiten las marcas, por miedo a ser repudiados y tratados despectivamente como chamanes si se les ocurre quitarse la venda. Por supuesto hay loables excepciones y generalizar es un error, pero es para que me entendáis. Por favor si hay algún político o médico en la sala que pase y no se sienta ofendido…
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En el próximo post os hablaré de marcas de cosmética natural y ecológica para tratar estas pieles, tanto las sensibles como las atópicas, desde serums a mantecas corporales, pasando por bálsamos para brotes, champús y soluciones especiales para niños y bebés. Una selección de los productos necesarios para cuidar las pieles más sensibles de los que más queremos.

Para saber más sobre la Dermatits atópica:

http://www.fondation-dermatite-atopique.org/es/inicio (aunque la veáis en francés está en castellano)

http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000853.htm

http://aedv.es/

http://www.uv.es/derma/CLindex/CLatopia/CLatopia.html

http://www.uv.es/=vicalegr/PTindex/dermatitis_atopica.html 

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Por qué se deberían prohibir los parabenos

by ninabenito 03/05/2013

Los ciudadanos, hasta ahora, sólo disponíamos de un breve folleto de una página (además en inglés) en el que se alertaba de los peligros de los parabenos. En él se resumía que hacía falta más estudios (si la misma UE los cuantificaba en 27.000 imaginad la complejidad de lo que estamos tratando) y que los parabenos en los límites establecidos (0,8% para los productos con un solo éster y 0,4 para los que llevaban más de uno) eran seguros.

Pero, había un recuadradito en el que se cuestionaba si eran seguros para los bebés se decía que dadas las características de los bebés no era recomendable el uso de productos con parabenos en la zona perianal, sobre todo en los bebés de menos de seis meses porque su sistema inmunológico estaba inmaduro y quizá no fuera capaz de deshacerse correctamente de estas sustancias químicas.

Aparte de los bebés ¿se os ocurre algún tipo de ciudadano cuyo sistema inmunológico no esté todo lo fuerte que debiera? ¿qué hay de las personas inmunodeprimidas? Personas con cáncer, en diálisis, con Sida, trasplantados… ¿Conocéis a alguna persona que esté en alguna de estas situaciones?

Ni que decir tiene que, junto a un sistema inmunológico frágil como el cristal, en el caso del cáncer se unen los daños que la quimio y la radio provocan en la piel. Pieles quemadas, resecadas, peladas, ajadas… barreras cutáneas tan fuertes como los diques japoneses ante el tsunami del 11 de marzo de 2011…

Desgraciadamente, no conocemos ningún paciente oncológico -y hemos conocido varios…, demasiados- a quien sus médicos les hayan recomendado no usar productos con ingredientes agresivos en la piel. No sé si es desconocimiento o prepotencia médica, pero, nos encantaría que la profesión médica en masa se atuviera a ese ‘principio de precaución’ que ahora la UE urge en aplicar a los disruptores endocrinos y que recomendaran a sus pacientes que no usaran cosmética con parabenos, SLS, SLES, siliconas…

Por suerte tenemos un sistema médico que genera una enorme confianza en los ciudadanos y ellos son los que deberían dar un paso al frente para que los ciudadanos entendieran la suma importancia de llevar una vida más sana y sin tóxicos. En este magazine lo gritamos a los cuatro vientos, pero nuestra voz, de momento, es muy pequeña…

Por otro lado creemos que determinadas declaraciones de la Academia Española de Dermatología y Venerología han sido poco afortunadas y muy prepotentes, y, desde nuestro humilde punto de vista, han hecho un flaco favor a la sociedad. Nos referimos, en concreto, a las afirmaciones del jefe del Servicio de Dermatología Laboral del Instituto de Salud Carlos III de Madrid, el doctor Luis Conde Salazar, quien aseguraba que los parabenos no provocaban cáncer. Por supuesto, este doctor afirmaba que otros sustitutos son peores.

Y nos parece muy irresponsable porque este doctor sólo habla de la vertiente dermatológica obviando muchos de los estudios de la vertiente endocrina porque ¡es un dermatólogo! Para hablar con propiedad de estas cosas debería ser un endocrino o un oncólogo porque ¡ahí es donde está el problema! Es como si un dentista dijera que las amalgamas de mercurio no presentan ningún problema para la salud dental ¡claro, porque para los dientes son perfectas, pero tóxicas para el resto del organismo!

Hasta el momento la AEDV se ha encargado de proclamar a los cuatro vientos que los parabenos no provocan cáncer. Y sí, dicho así de reduccionista es totalmente cierto, no lo provocan, pero inciden en el sistema endocrino de forma decisiva. Además de una institución tan prestigiosa se espera unas afirmaciones algo menos demagógicas y, sobre todo, que respetaran el duro trabajo que durante décadas han venido haciendo doctores internacionalmente respetados como Nicolás Olea o Miquel Porta.

Lamentablemente nuestras palabras no son fuentes autorizadas por la sociedad. Se pueden creer o no (por eso tenemos el deber de aportar fuentes), pero las palabras de un médico y representante de la AEDV sí son fuentes autorizadas, es una persona cuyas palabras van a ser creídas por muchos ciudadanos. Por eso nos parece tan irresponsable…

Es cierto que la AEDV ha publicado numerosos estudios muy documentados y muy profesionales pero en la vertiente endocrina (y dado que no es su campo) han apuntado que no hay estudios concluyentes, y que la actividad estrogénica de los parabenos es de 10.000 a 100.000 veces inferior a la actividad del beta-estradiol (una de las hormonas esteroides femeninas y que se utiliza sintetizada para los tratamientos de fertilidad), restando importancia a todos los estudios que vinculan el uso de parabenos y otros disruptores endocrinos al cáncer y a otras enfermedades.

Afortunadamente las últimas declaraciones de la Unión Europea sobre los parabenos a través del informe que publicamos intentan zanjar estas cuestiones advirtiendo lo que muchos científicos expertos en este campo siempre han dicho: que no hay cantidad segura de estos ingredientes y que en muy bajas concentraciones su actividad puede ser igual de nefasta, o más, que en grandes concentraciones.

Pero, reiteramos que la información a la sociedad en este sentido es totalmente nula. Nosotras y otras webs centradas en el mundo ecológico podemos reivindicar el uso de una cosmética más respetuosa con el medio ambiente y con nosotros mismos pero, desgraciadamente, no somos más que una minoría a la que se tilda de alarmista y extremista ¿cómo iba a permitir un gobierno que se vendiera algo perjudicial para la salud de los ciudadanos?

Por eso, desde este granito de arena que es nuestra Atalaya privada reclamamos una información clara y veraz a los ciudadanos por parte de personas a quienes los ciudadanos consideren ‘personas autorizadas’, para que sean los ciudadanos los que decidan si quieren o no seguir usando cosmética con parabenos.

Paraben free ¿compromiso o marketing? en el siguiente post hablaré de ello

Paraben free ¿compromiso o marketing?

Otro de los grandes problemas a los que nos enfrentamos con los parabenos y otras sustancias es a las campañas de marketing y publicidad de las empresas. Conocemos las propiedades del aloe vera desde hace mucho, pero desde hace unos años parece que las marcas cosméticas descubrieron esta planta como la ‘panacea’ y las estanterías de las perfumerías y droguerías se llenaron de productos con aloe vera, anunciando sus virtudes aunque en los ingredientes el Aloe Barbadensis apareciera justo antes de los parabenos.

Lo mismo pasó con las bayas de goji, con el aceite de argán… Y ahora pasa con los parabenos. Hay marcas que cuelgan el sello ‘sin parabenos’ como reclamo publicitario en una de sus líneas, pero siguen usando otras sustancias igual de dañinas y, lo más curioso, siguen usando parabenos en otras líneas de la misma firma. Otras, aún más listas, cuelgan el logo cuando sus productos, por el tipo de formulación que tienen, no requieren de estos compuestos.

Todo esto sólo contribuye a incrementar la incertidumbre sobre estas sustancias y a que los ciudadanos consideren que los parabenos no son más que una estrategia publicitaria y, desgraciadamente no les sobra razón, ya que muchas marcas así lo hacen…

Por otro lado, el hecho de que marcas cosméticas de renombre internacional, con productos que valen cientos de euros, con anuncios millonarios en televisión y prensa y patrocinadores de grandes eventos y pasarelas internacionales usen estos ingredientes sólo empeora la situación ¿cómo va a venderme un producto dañino una marca de reconocido prestigio que invierte millones de dólares en investigación y patentes? Por poner un ejemplo de una marca que nos encantaba hablaremos de Estée Lauder ¿por qué en vez de donar miles de dólares a la lucha contra el cáncer de mama no retira las sustancias de sus propios cosméticos que están bajo sospecha de ser disruptores endocrinos? Quizá porque eso le haría ganar muchos menos millones de dólares de los que dona colgándose medallas…

Y después del bombazo de la UE  ¿cómo es posible que ninguna casa haya dado un paso para eliminar estos componentes antes de que se prohíban? ¿Quieren envenenarnos? Vale, vale, vale. Hagamos un alto. No somos de las que vemos gigantes en los molinos pero no paramos de pensar en por qué las empresas no producen productos más saludables y por qué los gobiernos no defienden a sus ciudadanos.

Lo cierto es que es muy complicado regular todo esto. Si la UE, tras el informe que ha publicado, decidiera imponer el principio de precaución para todos los cosméticos que llevaran parabenos, SLS, SLES, siliconas y un largo etcétera de sustancias químicas… sería el caos para estas industrias. Hablando sólo de los parabenos estamos hablando de la farmacéutica (recordad que los parabenos están presentes en muchísimas formulaciones de medicamentos), de la alimentaria y de la cosmética… Por no hablar de la industria petrolífera, de la que se extraen muchos de los compuestos a los que se debería aplicar el principio de precaución. Todas ellas inmensamente poderosas y que no van a permitir que unos gobiernos les impidan seguir ganando dinero a raudales sin documentación concluyente.

Además, esto supondría que las casas cosméticas tendrían que reformular todos sus productos. Supongamos que la UE diera un tiempo de ‘gracia’ para que los nuevos productos sustituyeran a los antiguos ¿quién se iba a comprar una crema con los productos tóxicos teniendo al lado o en otra tienda la nueva sin químicos? Por no hablar de que algunos de los ‘milagros’ de esta cosmética no serían posibles sin estos ingredientes dañinos pero tan sumamente efectivos.

Los gobiernos se enfrentan a un gigante de siete cabezas al que no pueden hacer frente (no ya de forma individual, sino de forma colectiva) y sólo unos pocos gobiernos han tenido la valentía de velar por los intereses de los ciudadanos frente a los intereses de las grandes firmas (y sólo en el caso de los bebés y niños menores de tres años, obviando otros grupos de riesgo). ¿Por qué los gobiernos no defienden la salud de sus ciudadanos, y sin embargo se gastan millones de euros en costear los tratamientos médicos de tantísimas enfermedades que se han acrecentado en nuestra sociedad bajo el paraguas de los tóxicos?

Personalmente no creemos que las firmas cosméticas quieran envenenarnos, simplemente que usando productos derivados del petróleo pueden producir grandes cantidades con un coste mucho más bajo que el mismo producto sin químicos y teniendo en cuenta los millones que invierten en publicidad… (por eso la cosmética ecológica no suele anunciarse en televisión ni hace campañas publicitarias tan bellas y abrumadoras como las grandes firmas, por eso sus márgenes de beneficio son menores y por eso los productos ecológicos son algo más caros, porque producirlos es mucho más costoso en todos los sentidos).

Sería casi imposible hacer una crema que costara menos de cuatro euros y gastarse millones de dólares en campañas publicitarias.

Pero sigamos con nuestras divagaciones: ¿alguna vez habéis comido un yogur caducado? ¿y un huevo? Bueno, con lo primero no pasa nada, lo segundo ya es más peliagudo.

prohibir los parabenos

Vale, perdonad si os hemos dejado de pasta de boniato con esta comparación pero nos explico. Para nosotras la cosmética tradicional es como un yogur. Tiene su fecha de caducidad, a partir de la cual las cremas, pintalabios, sombras etc… comienzan a perder sus cualidades y los fabricantes te recomiendan encarecidamente que los tires y compres otros. Sin embargo y gracias a la acción de algunas sustancias, principalmente de los maravillosos parabenos –y en esto no hay ironías, cumplen su cometido extraordinariamente bien-, podemos abrir una crema de bote de boca ancha en 2005 y llegar a 2013 con la crema intacta.

Sí, el fabricante por imperativo legal te alerta de los peligros de usar su producto pasada la fecha de caducidad (con ese símbolo del botecito abierto), pero ¿quién se acuerda qué día… o mes abrió una crema? ¿Y una sombra de ojos? Antes teníamos botes de crema abiertos durante un lustro y tan ricamente. ¿Y vosotras? ¿habéis tirado algunos polvos sueltos o alguna sombra porque estaba caducada? Y los geles y champús ¿habéis ido al apartamento de verano y habéis visto que os los dejásteis el año pasado y habéis exclamado ¡qué barbaridad, esto está caducado!? Y lo habéis tirado por el retrete… Esa es la magia de los parabenos…

 

 

Sin embargo la cosmética ecológica, es como un delicado huevo fresco (y bio, por supuesto). Puedes comerlo el día en el que caduca, o un par de días después si eres atrevido, pero no mucho más allá ya que es un producto fresco sus cualidades organolépticas se pierden con más rapidez y pasada la fecha de caducidad hay que tirarlo, sí o sí. La cosmética ecológica es igual. Está llena de ingredientes naturales y aceites y los conservantes que utiliza son naturales o, si son sintéticos, no son dañinos y su efectividad no es tan grande como la de los parabenos. Así que, si compras una crema ‘bio’ has de hacer caso a la fecha de caducidad del bote porque en este caso sí se pierden sus muchas cualidades naturales al pasar la fecha de caducidad (esto no quiere decir que te vaya a pasar nada, sólo que sus cualidades no son las mejores).

En la parte buena tenemos que los productos bio podemos conocer su fecha de caducidad exacta con el olfato. Los aceites y mantecas se enrancian y ese aroma delator es el que te dice que ha llegado el momento de comprar otra crema.

Por eso nos resulta difícil imaginar una empresa que se jacta con un eslogan como ‘cada 7 segundos, en el mundo se compra tal crema’ haciendo productos sin parabenos ni otros químicos sintéticos dañinos sabiendo que, quizá, no se compre una crema cada 7 segundos si la crema en cuestión va a caducar a los seis meses. ¿Podríamos comprar una crema por menos de cinco euros que no llevara componentes dañinos y cuya marca pudiera gastarse millones de dólares en publicidad? Lo dudamos.

¿Comprarías una crema de más de cien euros si supieras que en seis meses tendrías que tirar lo que no hubieras usado? ¿tendrías 15 pintalabios, cuatro bases de maquillaje, dos prebases, diez sombras, tres coloretes y dos máscaras de pestañas si supieras que en doce meses o en dos años tendrías que tirarlo todo y teniendo en cuenta que las marcas low cost ya no serían low?

prohibir los parabenos

¿Podrían las empresas invertir tanto tiempo y dinero en sacar nuevos productos si muchas menos mujeres estuvieran en disposición de adquirirlos y desecharlos pasados unos meses y no recuperaran su inversión? ¿Y si -dejadnos que soñemos- se impusiera una nueva forma de consumir más responsable y menos compulsiva?

Ahí está la madre del cordero. No sólo formular sin parabenos y otros muchos ingredientes de síntesis serían mucho más caros de producir, sino que dejaríamos de acumular productos y productos y empezaríamos a consumir lo que ‘necesitáramos’. Y eso sería el inicio de una nueva era en todos los sentidos. Y eso a muchos les da pavor…

No creemos que las marcas cosméticas tradicionales sean demonios, pero sí creemos que la diferencia entre una empresa que usa parabenos en sus formulaciones y una que no los usa (más allá de las pequeñas tramposas que lo hace por márketing) está en su forma de entender este mundo. En su forma de tratar a las personas y al entorno que nos rodea.

No es que las empresas tradicionales sean inmorales, sólo son amorales y que todo en ellas está supeditado a los resultados financieros. ¿Realmente creéis que a Estee Lauder le importa que una de cada tres mujeres esté condenada a sufrir cáncer en su vida? Si de verdad les preocupara dejarían de usar ingredientes sospechosos de ser cancerígenos en sus productos y se atendrían al principio de precaución y no esperarían a que fueran prohibidos ni esperarían un informe científico que vinculara fehacientemente el uso de parabenos con el cáncer. Porque no lo van a tener, pero sí tienen miles de papers en los que se afirma el papel que los disruptores endocrinos tienen en determinadas enfermedades como el cáncer. Y encima se lo montan de tal forma que parece que juegan en la liga de los que luchan contra el cáncer… Desde luego hemos de quitarnos el sombrero ante tan maquiavélico plan de marketing.

Para Orgànics Magazine la belleza no es algo que esté en una pasarela, sino en la forma en que nos miramos a nosotros mismos, y que la naturaleza, lejos de ser un enemigo al que destruir, es un aliado hacia el que volver de nuevo. No usar parabenos no es sólo prescindir de los aquil-ésteres del ácido parahidroxibenzoico, sino que es apostar por otra forma de producción y consumo y, si nos lo permitís, por un nuevo estilo de vida con sabor antiguo.

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La Unión Europea está preocupada por los parabenos

by ninabenito 21/04/2013

Los parabenos se han convertido en uno de los ingredientes cosméticos más controvertidos del mundo. En este artículo os queremos hablar de por qué la Unión Europea está preocupada por los parabenos. Anteriormente os contamos que los parabenos (metilparabeno, etilparabeno, propilparabeno, butilparabeno, bencilparabeno, isobutilparabeno e isopropilparabeno) son una serie de conservantes químicos artificiales utilizados en cosmética, alimentación y medicinas porque tienen múltiples cualidades: son baratos, fáciles de producir, incoloros, insaboros, efectivos en un amplio espectro de Ph y efectivos contra la proliferación de microbios (hongos, bacterias y levaduras). Son totalmente legales y se encuentran en nuestros cosméticos, en las cremas de pañal y toallitas de bebé, en alimentos como preparados de carne, postres refrigerados, platos precocinados, en medicamentos como jarabes (el apiretal lo contiene), refrescos, helados y un eterno etcétera de productos (en alimentación y medicina son los famosos E214 al E219).

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También explicamos que en los últimos tiempos han surgido muchas dudas acerca de estos compuestos y que la polémica sobre los mismos tenía dos vertientes. Una dermatológica, que nació tras observarse reacciones alérgicas a los parabenos en los años 40 de la pasada centuria, y que se ha resuelto con una especie de ‘acuerdo’ de la comunidad científica que asegura que la capacidad de sensibilización de estos compuestos en la población es inferior al 1% (hace décadas los parabenos no estaban tan restringidos y las cremas llevaban mucha cantidad). Hoy en día la restricción es de 0,8% para un parabeno y del 0,4% para los productos que lleven varios ésteres (los parabenos se suelen poner combinados para conseguir un efecto sinérgico, por eso es muy habitual ver en las cremas, normalmente al final de los ingredientes, varios parabenos seguidos).

Parabenos: la vertiente endocrina

La otra vertiente, y la que ha desatado la polémica, es la endocrina. La doctora británica Philippa Darbre publicó en 2004 un estudio en el que alertaba sobre la concentración de parabenos que halló en 18 tumores de mama, señalando directamente a los cosméticos en general y los desodorantes en particular como posibles ‘disruptores endocrinos’.

Desde entonces, la UE calcula que se han realizado 27.000 estudios para determinar la implicación de los parabenos en cánceres hormonales y otras enfermedades provocadas por los disruptores endocrinos (además de los cosméticos están los plásticos, los tintes y telas artificiales y un largo etcétera de productos).

Dinamarca, tras varios estudios, ha sido el primer país en prohibir cuatro parabenos para los productos destinados a niños menores de tres años y Francia ha aprobado la llamada ‘Ley Lachaud’ que prohíbe el uso productos con parabenos, ftalatos y aquifenoles (principales disruptores endocrinos).

Dinamarca, tras varios estudios, ha sido el primer país en prohibir cuatro parabenos para los productos destinados a niños menores de tres años y Francia ha aprobado la llamada ‘Ley Lachaud’ que prohíbe el uso productos con parabenos, ftalatos y aquifenoles (principales disruptores endocrinos).

Y es que, parece ser, que el cuerpo metaboliza los parabenos en los alimentos y las medicinas bastante bien, pero cuando se aplican en la piel su eliminación parece no ser tan fácil.

[adicional text=»El 30 de enero la UE en un sorprendente documento reconoce el hecho de que determinadas sustacias (parabenos, ftalatos, pfoas, aquilfenoles… actúan como alteradores endocrinos y que combinados  intervienen en enfermedades crónicas que afectan no sólo a los seres humanos sino a los animales»]

Pues bien, las tibias medidas tomadas por la UE respecto a este tema hacía presagiar que las iniciativas danesa y francesa estaban abocadas al fracaso (en el seno de la UE los estados no son del todo soberanos y esas leyes debían ser ratificadas).

Sin embargo el pasado 30 de enero de 2013 (es decir, hace nada) La Comisión Europea se desmarcaba con un informe que pone los pelos de punta,  del que os haremos un resumen ya que el texto es bastante denso (no prometemos que este post sea mucho más ligero, pero es una información que creemos importante compartir)…

Por qué la Unión Europea está preocupada por los parabenos

El texto comienza hablando del incremento de determinados trastornos relacionados con las hormonas en los últimos 20 años (descenso de la calidad del esperma, problemas de fertilidad, abortos, pubertad precoz, deformidades de órganos sexuales sobre todo en varones, incremento de determinados tipos de cáncer como el de mama, trastornos neurológicos como el autismo, trastornos del sistema inmunológico, obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y un largo etcétera). Se reconoce el hecho de que determinadas sustacias (parabenos, ftalatos, aquifenoles, nonilfenoles, perfluorados…) actúan como alteradores endocrinos y que combinados  intervienen en enfermedades crónicas que afectan no sólo a los seres humanos sino a los animales, en particular las anomalías reproductivas, a pesar de que se subraya que esta sustancias no son las únicas causantes de estas ‘anomalías’ pero se incide en la necesidad de estudiar más sobre las mismas. Sobre todo teniendo en cuenta que la propia UE asegura a través del REACH que del 99% de los químicos a penas se tiene datos sobre sus usos, características y cómo han de ser manejados para ser seguros (toma castaña pilonga, y se aprueban y se ponen en circulación sin tener ninguno de esos datos).

Y es que es muy difícil establecer una relación causal entre la exposición a estas sustancias y una alteración hormonal que suponga un riesgo para la salud. Es decir, si te da por celebrar el Solsticio de Invierno al raso, desnudo y cantando bajo una lluvia torrencial, lo menos que te va a pasar es que cojas un catarro. Eso como poco, y con una certeza casi del 100%. Pero puedes estar toda tu vida poniéndote cremas con parabenos, comiendo pizzas a domicilio (¡ah! Que no has escuchado esta charla del doctor Olea… pues os la volvemos a poner para que la escuchéis, que merece la pena), pintándote las uñas (y comiéndote el esmalte porque además te las muerdes), vistiendo cazadoras de ecopiel (psi…, esa cazadora tan chula que compraste en Zara y está hecha de plástico con ftalatos) y comiendo comida calentada en tápers de los chinos y estar en contacto con un sinfín de tóxicos más y llegar a los 90 tan ricamente. Y puede que Gwyneth Paltrow (conocida eco celebrity) mañana desarrolle una enfermedad ligada a estos disruptores endocrinos cuando en su casa todo es procede de productos ecológicos certificados y sostenibles.

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Los juguetes infantiles (también hay unos patitos similares para adultos…) están compuestos por plásticos que contienen ftalatos

Eso hace que sea tan difícil establecer una relación entre estas enfermedades y determinados compuesto químicos, ya que no es una reacción causa-efecto. No obstante, la CE reconoce que se disponen de pruebas suficientes para vincular estas enfermedades con los disruptores endocrinos, ya que genéticamente los seres humanos no hemos evolucionado tanto en tan corto espacio de tiempo como para achacarlo a eso que se llama ‘evolución’ o ‘selección natural’, entonces las causas han de estar en ambiente, en dónde vivimos y cómo vivimos.

Otra de las complejidades de los disruptores endocrinos es que su efecto puede verse a largo plazo (incluso transcurridas varias generaciones) pero que hay ciertas etapas (como en el desarrollo del feto) en las que estos efectos pueden ser desastrosos (esto de desastroso es una licencia nuestra que destila el texto al completo). Y es que lo malo de estos disruptores endocrinos es que los cambios que provocan son duraderos, incluso en concentraciones extremadamente bajas, y que éstos actúan junto con miles de sustancias químicas a las que estamos expuestos diariamente.

Además, la CE afirma que los conocimientos que disponemos en la actualidad sobre este tema son limitados, lo que aun hace más difícil legislar sobre los mismos.

La unión Europea está preocupada por los parabenos

¿Te preguntas de dónde sale la palabra parabeno?

Sin embargo, la UE reconoce que el principio de precaución que rige para muchas sustancias no se ha aplicado en el caso de los disruptores endocrinos (hay algunas sustancias que sí están prohibidas pero para otras la postura de la UE es mucho más tibia)… Por ejemplo si vas a un supermercado y miras en la sección de bebés, verás que casi todos los chupetes y biberones llevan un sello que dice Sin bisfenol-A o, lo que es lo mismo, BPA free. El bisfenol es un conocido disruptor endocrino presente en muchos de los plásticos que se fabrican (en las botellas de agua que tan sanas nos parecen), ya que los hace flexibles (si eres aficionada al taper-sex ¡cuántas cosas flexibles hay!). Pues bien. La UE prohibió estos compuestos en biberones, tetinas y chupetes, ¡¿y para las personas de 2 a 99 años?! Y os diremos algo más… calientes son peores, así que, por favor, no clientes el tupper en el microondas y si tu peque usa juguetes de plástico en la bañera asegúrate que pone que no contiene ftalatos (no basta con Bisfenol A, ahora se ha sustituido por el Bisfenol B que es más de lo mismo pero no está prohibido).

Si vas a un supermercado y miras en la sección de bebés, verás que casi todos los chupetes y biberones llevan un sello que dice Sin bisfenol-A o, lo que es lo mismo, BPA free. El bisfenol es un conocido disruptor endocrino presente en muchos de los plásticos que se fabrican (en las botellas de agua que tan sanas nos parecen), ya que los hace flexibles (si eres aficionada al taper-sex ¡cuántas cosas flexibles hay!). Pues bien. La UE prohibió estos compuestos en biberones, tetinas y chupetes, ¡¿y para las personas de 2 a 99 años?! Y os diremos algo más… calientes son peores

Pues bien en este texto se reconoce también que el principio de precaución debería ser aplicado en estos casos, ya que éste “se aplica en un ámbito de incertidumbre científica, en el que para caracterizar el riesgo se dispone únicamente de conocimientos imperfectos –ni inmutables ni infalibles–, pero en el que es preciso actuar para evitar o reducir las posibles consecuencias graves o irreversibles para la salud humana o el medio ambiente”, como es el caso, y continúa diciendo “dado el potencial de los alteradores endocrinos para producir efectos nocivos o irreversibles, la falta de conocimientos precisos, como pruebas concluyentes de la existencia de una relación causal, no debería impedir que se adoptasen medidas para la protección de la salud en consonancia con el principio de precaución y respetando el principio de proporcionalidad”.

[adicional text=»también reconoce la UE que el principio de precaución debería ser aplicado en estos casos, ya que éste se aplica en un ámbito de incertidumbre científica, en el que para caracterizar el riesgo se dispone únicamente de conocimientos imperfectos –ni inmutables ni infalibles–, pero en el que es preciso actuar para evitar o reducir las posibles consecuencias graves o irreversibles para la salud humana o el medio ambiente«]

La UE también introduce en este texto algo que los científicos, y en particular el doctor Olea, vienen denunciando desde hace tiempo y es el llamado “efecto cóctel”. Es decir, hasta ahora las pruebas que se han hecho con ratones en laboratorio se han realizado, por poner el ejemplo de los parabenos que es el disruptor que nos ocupa, con un solo éster. Por ejemplo hay cogido al pobre roedor y le han puesto x miligramos de metilparabeno durante un tiempo y ha observado sus efectos, pero no le han puesto metil, etil, butil y propilparabeno junto con un poquito de Bisfenol-A, una pizca de pesticida con Atrazina y un pellizquito de disolventes con percloroetileno.

En este sentido la CE considera que los estudios deber incluir este efecto cóctel, ya que los seres humanos estamos expuestos a estas sustancias combinadas en nuestro día a día. Por eso, reconoce la UE, “a los consumidores les resulta imposible saber qué sustancias se encuentran en cada producto, en particular cuando se trata de artículos que no están sujetos a la obligación de declaración del contenido (…) Los alteradores endocrinos proceden de materiales y objetos y se acumulan, por ejemplo, en el polvo de nuestros hogares. De ahí que el riesgo de exposición sea especialmente alto para los niños pequeños, que gatean por el suelo y además se meten objetos en la boca. Esto es tanto más preocupante si se tiene en cuenta que los niños son especialmente vulnerables a los efectos de estas sustancias”. Sin embargo, asegura que las sustancias sospechosas están tan generalizadas que es imposible que una personas como consumidor particular, pueda protegerse de sus efectos. Es más, los grupos de riesgo son tam amplios (fetos, bebés, niños, adolescentes, mujeres en edad fértil), que es necesario proteger a la sociedad en su conjunto.

Han cogido al pobre roedor y le han puesto x miligramos de metilparabeno durante un tiempo y ha observado sus efectos, pero no le han puesto metil, etil, butil y propilparabeno junto con un poquito de Bisfenol-A, una pizca de pesticida con Atrazina y un pellizquito de disolventes con percloroetileno. En este sentido la CE considera que los estudios deber incluir este efecto cóctel, ya que los seres humanos estamos expuestos a estas sustancias combinadas en nuestro día a día

Y, ahora viene el meollo del asunto “Ante todo, debe limitarse el uso de alteradores endocrinos en los productos destinados a grupos específicos como, por ejemplo, productos de cuidado de la piel, textiles y juguetes para usos específicos”.

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Muchas de las prendas de ropa que podemos encontrar hoy en día contienen ftalatos como la mal llamada ecopiel y, degraciadamente, cada vez existen menos prendas realizadas con fibras 100% naturales

Además, habla de la necesidad de incluir los disruptores endocrinos en la lista REACH (un listado de 138 sustancias sospechosas entre los que no están, por ejemplo, los parabenos).

Otro de los puntos que se trata, y que me ha gustado mucho por la coherencia que el texto muestra, es la necesidad de desarrollar “métodos de ensayo en los que no se empleen animales” (recordemos que recientemente se ha prohibido en toda la UE el comercio de productos de belleza que testaban en animales).

Además, se insta a los Estados miembros a que “tomen en mayor consideración el hecho de que los consumidores necesitan disponer de información fiable –presentada en un formato adecuado y en una lengua que entiendan– sobre los peligros que representan los alteradores endocrinos, sus efectos y los posibles modos de protegerse” (ahí andamos ;-))

Por último, se establece una especie de calendario para revisar la legislación vigente antes del 1 de junio de 2015 y publicar un listado de disruptores endocrinos de acción prioritaria (entre los que espero estén los parabenos) antes del 20 de diciembre de 2014 y que se tomen medidas para reducir la exposición de los ciudadanos a los compuestos de esta lista, ya que no existe un umbral seguro de las mismas (es decir, ni 0,8%, ni 0,4%), a menos que los fabricantes puedan aportar pruebas seguras de que esas sustancias son inocuas (cosa que hizo el gobierno danés antes de prohibir los parabenos, que dio cinco años a las marcas cosméticas para probar que los parabenos no eran perjudiciales y los resultados que presentaron gustó tanto a este gobierno nórdico que los prohibió).

Pero los años han ido pasando y en 2017 todavía no tenemos un texto definitivo, ni unas líneas de actuación establecidas, ya que, tal y como nos confiesa el doctor Olea, todo se ha detenido a la espera de la aprobación del TTIP. Así que, como todas las leyes de defensa de los ciudadanos se han convertido en papel mojado. ¡Ah! Y ¿queréis saber seis años después que pasó con la Ley Antiparabeno de Francia? En 2017 la Ley aprobada por el Parlamento en 2011 que prohibía el uso de parabenos, ftalatos y aquilfenoles sigue esperando ser ratificada en el Senado.

La votación final para aprobar el texto de la Unión Europea obtuvo una mayoría aplastante (55 votos a favor, 6 en contra y 1 abstención). Y parecía ser que no todo estaba perdido… pero nos equivocamos de medio a medio. Así que si has llegado hasta aquí te damos la enhorabuena y te invitamos a defenderte de la única forma en la que podemos hacerlo los consumidores: leyendo y ejerciendo nuestras compras de forma consciente. Porque puede que los Estados no estén de nuestro lado, pero el poder de los ciudadanos para cambiar las cosas es como un torrente desbocado. Lástima que vivamos en un país en el que se construyeron tantas presas…

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Por qué no deberías usar cosméticos con parabenos

by ninabenito 13/04/2013

¿Por qué no debería usar cosméticos con parabenos? Os contamos por qué no deberías usar cosmética con parabaenos, incluso si os los recomiende un dermatólogo (y, ojo, que sólo hablamos de cosméticos).

En el anterior artículo os contábamos qué los parabenos son unos excelentes conservantes que se usan en cosmética, alimentación y medicina derivados del petróleo. Entre el 70 y el 90% de los cosméticos que utilizamos los contienen (desde las marcas blancas a las de lujo cuyo precio llega a las tres cifras).

Los parabenos son conservantes baratos, fáciles de producir, inodoros, incoloros, útiles en un amplio espectro de Ph, fáciles de metabolizar por el cuerpo humano (o eso se creía hasta hace poco) y totalmente legales en el seno de la Unión Europea.

Entonces, si las leyes europeas y españolas permiten su uso ¿por qué se ha generado tanta polémica en los últimos años sobre su presunta iniquidad?

Vamos a intentar exponerlo de la forma más clara posible. Y para ello tenemos que hablar de esta polémica en dos vertientes: la dermatológica y la endocrina.

Comenzaremos por la más ‘sencilla’ o mejor resuelta si se quiere, que es la vertiente dermatológica, pero antes os daremos algunos datos sobre la piel, un órgano tan maravilloso como complejo. Algunos seguro que os sorprenden tanto como a nosotras.

Por qué no deberías usar cosméticos con parabenos

Piel

La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano y mide entre 1,5 y 2 metros cuadrados con un peso de 3 kilogramos (aproximadamente, claro). Una superficie dérmica del tamaño de una uña contiene tres millones de células, 90 centímetros de vasos sanguíneos, 100 glándulas sudoríparas y 3,7 metros de nervios.

La piel posee unas estructuras llamadas corpúsculos que registran sensaciones de presión, calor, frío y tacto. Algunos de estos corpúsculos ¡¡son capaces de percibir vibraciones de sólo 0, 00002 milímetros de amplitud!!

Cada centímetro cuadrado está tachonado por 170 puntos sensoriales repartidos así: 3.500.000 corpúsculos para notar el dolor, 500.000 para percibir las sensaciones táctiles, 250.000 para registrar el frío y 30.000 para sentir calor.

Además de todo esto, la piel tiene muchísimas funciones: nos protege del exterior, regula la temperatura corporal, nos da información sobre lo que pasa fuera (si hace frío, calor, humedad…), es un depósito de minerales, grasas, vitaminas y hormonas necesarias para nuestra supervivencia, ayuda al sistema inmunológico al deshacerse de toxinas y sustancias de deshecho a través de las glándulas sebáceas y sudoríparas…

Y no solo eso, es la primera gran defensa natural que actúa como barrera ante agentes infecciosos, y, a través de ella y dada su permeabilidad, llegan a nuestro organismo diversas sustancias repartidas por el torrente sanguíneo y que hemos aplicado en nuestra piel solo 20 minutos antes (por eso son eficaces los medicamentos por vía tópica).

Es tal su permeabilidad que si cubriéramos toda la piel con alguna sustancia que impidiera a la piel respirar moriríamos a las pocas horas.

¡Ah! Y si eres de los que cuando barre se pregunta ¿de dónde sale tanta pelusa si tengo las ventanas cerradas? Sabed que el 70 por ciento de lo que barremos en casa son nuestras propias células epiteliales muertas.

Podríamos seguir escribiendo características y funciones durante horas, pero con estos breves datos podréis haceros una idea de la importancia de este órgano como ‘comunicador’ entre el exterior de nuestro cuerpo y el interior.

Ahora sí.

Vertiente dermatológica de los parabenos

Ya sabemos que los parabenos se usan desde el primer cuarto del siglo XX, cuando el químico Sabalitschka descubrió sus propiedades como conservantes en 1924 y que, desde entonces, se utilizan en cosmética, alimentación y medicina.

Tanto es así, que la FDA (Food and Drug Administration) estadounidense, les otorgó, tras estudiar la composición de 20.000 cosméticos, el segundo y tercer puesto en ingredientes más comunes al metilparabeno y propilparabeno, respectivamente, ingredientes únicamente superados por el agua, como se puede ver en este listado extraído del libro Unwanted effects of cosmetics and drugs used in dermatology, de Anton Cornelis de Groot, J. Wilem Weyland, Ph.D., Johan P. Nater, M.D.

Por qué no deberías usar cosméticos con parabenos

De hecho, se calcula que cada persona adulta (de unos 60 kilogramos de promedio) está expuesto diariamente a unos 76mg de estos conservantes según un estudio (1) publicado en 2005.

Pues bien, en los años 40 se describe en EEUU por primera vez el llamado eccema alérgico de contacto (EAC) provocado por el uso de parabenos, pero no será hasta los años sesenta cuando se describa una sensibilización a estos conservantes, también en EEUU.

Desde entonces, numerosos estudios se han realizado y se han publicado páginas y páginas sobre si eran o no dañinos para la piel, y también en estos años se pone de moda la cosmética con el sello ‘paraben free’ en EE.UU.

Bien es cierto que las concentraciones de parabenos eran mucho mayores a las que hoy en día se utilizan. Por ejemplo, en el seno de la Unión Europea el límite es de 0,8% cuando se utiliza un solo éster, mientras que para los cosméticos con varios parabenos (se suele utilizar combinaciones de ellos y junto con otros antimicrobianos para conseguir un efecto sinérgico) el límite sería de 0,4%.

Además de las altas concentraciones, las cremas prescritas para tratar estos eccemas contenían parabenos, por lo cual se perpetuaba la situación (actualmente hay muchas marcas especializadas en pieles sensibles y atópicas cuyas formulaciones, incomprensiblemente, contienen parabenos), sin olvidar que la mayoría de las personas a las que se les diagnosticó EAC eran ancianos, cuya barrera cutánea solía estar más dañada que la de personas jóvenes.

En definitiva, y tras muchos estudios sobre la presunta maldad de los parabenos, y que ninguno de ellos resultara concluyente, se determinó que no eran ingredientes peligrosos para la salud.

Respecto al poder irritante de los mismos, por separado, no se han encontrado respuestas irritativas en pacientes sanos en concentraciones de hasta el 5% (recordemos que el límite en la UE es de 0,8%). Además, las personas que en los estudios han mostrado sensibilidad a los parabenos por vía tópica, sí los han tolerado vía oral, lo que ha añadido más incertidumbre al poder irritante de los parabenos.

Por todos estos estudios, numerosas firmas cosméticas defienden la inocuidad de los parabenos utilizados en las concentraciones establecidas por la ley y cada día se escriben decenas de artículos e investigaciones sobre estos conservantes.

La propia Academia Española de Dermatología y Veneorología los tilda de seguros, ya que los parabenos, afirman, son metabolizados por el riñón y se eliminan por la orina.

Entonces ¿las alarmas son infundadas? ¿lo de ‘sin parabenos’ no es más que una moda’? ¿son seguros e inocuos?

Paraben free ¿compromiso o marketing? en el siguiente post hablaré de ello

Paraben free ¿compromiso o marketing? también hablaremos de ello

Para responder todas estas preguntas hemos de llegar al ‘meollo del asunto’ y hablar de la vertiente endocrina.

Vertiente endocrina de los parabenos

Ya os hemos hablado de los estudios que se han realizado desde mediados del siglo XX con los parabenos, pero éstos se centraban en la piel y la posibilidad de que los parabenos fueran causantes de alergias y sensibilización.

Sin embargo poco o nada se hablaba de cómo podía afectar la aplicación de productos con parabenos por vía tópica a los órganos internos.

Y no fue hasta 2004 cuando saltaron las alarmas, tras la publicación de un estudio por parte de la doctora Philippa Darbre, de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Reading en Inglaterra, publicado en el Journal of Applied Toxicology y titulado Concentration of parabens in human breast tumours (concentración de parabenos en cánceres de pecho de humanos).

En este estudio se alertó sobre la concentración de parabenos que se encontró en el tejido de 18 tumores y se abría el debate sobre la posibilidad de que los parabenos actuaran como disruptores endocrinos alterando el equilibrio hormonal. La doctora sugirió que había una relación entre el cáncer de mama y los parabenos presentes en muchos cosméticos pero, principalmente, en los desodorantes.

Vale, Pero ¿qué es un disruptor endocrino? Se llama disruptor endocrino a aquellos productos químicos artificiales que, por sus características, son capaces de alterar el delicado equilibrio hormonal imitando las hormonas naturales humanas, tanto las femeninas como las masculinas y las inherentes a ambos sexos, como la tiroxina o la cortisona, por ejemplo.

Concretamente los parabenos serían estrogénicos, es decir, imitarían la actividad de los estrógenos del cuerpo humano. Pero las hormonas controlan muchísimas más funciones de nuestro cuerpo, como se puede ver en el gráfico de abajo.

Por qué no deberías usar cosméticos con parabenos

El sistema endocrino es responsable de muchas funciones de nuestro cuerpo

Si crees que eres dueño de todas tus decisiones y emociones deberías saber que son las hormonas las responsables de que en cierto momento del mes adores el chocolate, de que te guste ese chico moreno de ojos verdes y de que algunos días, sin razón alguna, te sientas melancólica y quieras escuchar a Alanis Morisette todo el día.

¡Ah! ¿Que eres hombre? Bueno, pues que sepas que las hormonas son las responsables de tus incipientes entradas, de que a pesar del régimen y el gimnasio no se marque el ansiado six pack y que son ellas las que están detrás del 90% de los ‘a que no hay huevos’ del mundo.

Con este tono jocoso y poco científico sólo queremos ilustrar la grandísima importancia de las hormonas, ya que son ellas las que controlan desde las características sexuales del feto, hasta el uso y almacenamiento de la energía de nuestro organismo, pasando por el equilibrio de líquidos, sal y azúcar en el cuerpo, el correcto crecimiento y desarrollo de nuestros órganos, casi todo lo relacionado con la reproducción, las actividades de órganos completos como el páncreas o los riñones, la apariencia de nuestra piel y un largo etcétera, sólo así podemos calibrar la importancia que tiene ese equilibrio en nuestras vidas.

Pues bien, tras la publicación de este estudio de la doctora Darbre, comenzaron a proliferar los estudios sobre eso que se ha venido llamando ‘disruptores endocrinos’.

La lista de los mismos es tan larga que casi no podemos escapar a sus efectos, ya que se encuentran en cosmética (a través de los parabenos), en muchos de los plásticos (tupperwares, el ratón que tienes en las manos, el teclado del ordenador, las botellas de agua, los juguetes), en los perfumes, lacas de uñas, desodorantes, en la ropa sintética y en los tintes utilizados…

Las sustancias en el punto de mira son los ftalatos, compuestos de PCB, fenoles y feniles usados como desinfectantes y conservantes,  bisfenol-A… (este último prohibido en la UE para las tetinas y chupetes de los bebés, pero no para juguetes, aunque tranquilos ¿quién tiene un bebé que chupe un sonajero o un mordedor de plástico?).

El estudio de la doctora Darbre causó un fuerte impacto y a su sombra proliferaron los estudios sobre disruptores endocrinos, tanto con animales como con personas.

Y mientras la industria alimentaria y cosmética continuaba proclamando las virtudes de estos conservantes, la comunidad científica se dividía entre detractores y defensores de los parabenos.

¿Y qué hacían los gobiernos? Pues bien en 2005 la Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria para los productos Sanitarios (Afssaps) se pronunció a favor de mantener el uso de los ésteres más usados (metil, etil, propil y butilparabeno), aunque puso en marcha un dispositivo de cosmetovigilancia y, posteriormente, reafirmó la seguridad de los parabenos.

Por su lado, tanto la Asociación Americana Contra el Cáncer como la FDA expusieron que no existía evidencia empírica concluyente sobre la relación del uso de parabenos con los tumores.

¿Y qué hacía la UE? La Unión Europea siquiera había incluido los parabenos en el informe Reach de sustancias bajo vigilancia.

Un listado que contiene un total de 138 sustancias y entre las que no se encuentra ninguno de estos conservantes  (aunque sí otros muchos disruptores endocrinos), a pesar de que se han multiplicado las voces de alarma y los estudios realizados sobre los parabenos y otros disruptores endocrinos (la UE calcula que ya en 2013 había más de 27.000 estudios realizados sobre estas sustancias).

Por qué no deberías usar cosmética con parabenos como esta

Algunas firmas con estética ‘bio’ no lo son en absoluto…

Bien es cierto que ninguno de los estudios ha sido determinante (los disruptores endocrinos no actúan según el principio de acción-reacción, por eso es tan difícil establecer una conexión entre el uso de parabenos y las patologías estudiadas), excepto para casos puntuales como el del diethylstilbestrol (DES).

El DES era un medicamento antiabortivo que se recetó desde los años cincuenta hasta mediados de los setenta en occidente y que en un retorcido giro de tuerca provocaba carcinoma de vagina y cuello de útero, así como infertilidad y un incremento de la tasa de abortos no a las mujeres que lo tomaban, sino a las hijas que tuvieron y a quienes se intentaba proteger con un medicamento que, posteriormente, se comprobó siquiera tenía efecto antiabortivo.

En Estados Unidos, país donde más ampliamente se recetó, a las mujeres afectadas se les conoce como Hijas de DES. Aunque también hay nietas porque ya vamos por la tercera generación…

Pero volviendo al siglo XXI, otro de los estudios posteriores de la doctora Darbre, a quién se acusó en 2004 de sacar conclusiones precipitadas con una muestra tan escasa como 18 tumores, analizó 160 muestras de tumores mamarios que arrojó más datos alarmantes: en el 99% de ellos se encontró un parabeno y en el 60% se hallaron cinco de estos conservantes. 

Y es que diversos estudios han demostrado que los parabenos ingeridos son bien absorbidos por tracto intestinal y eliminados por la orina (aunque no por ello menos seguros como os contaremos prontos), pero cuando se aplican externamente y son absorbidos por la piel, su metabolización no es tan sencilla y rápida.

Entonces ¿Qué pasa cuando usamos gel, champú, desodorante, serum, crema, maquillaje, máscara de pestañas, colorete y lápiz de labios, día a día, todos ellos con una concentración de hasta el 0,8% de parabenos?

Pues ahí es donde inciden los científicos, en el efecto combinado de los parabenos en nuestro cuerpo (y junto con otros disruptores endocrinos), dado que todos los estudios realizados con ratas, éstas han sido sometidas a un solo éster y no a la combinación de parabenos y, muchísimo menos, un cóctel con parabenos y ftalatos, por poner un sencillo ejemplo combinado, (presentes en casi todos los perfumes que nos ponemos en la piel, en las lacas para el pelo y en las lacas de uñas).

Por si todo esto fuera poco, investigadores de la Universidad de Tokyo afirman que el metilparabeno (el éster más usado, según la FDA) favorece el envejecimiento de la piel (2) cuando es expuesta a los rayos UV. Si tienes tu crema solar a mano mira a ver si entre los componentes está el metilparabeno… ¿bingo?

Para una parte de la comunidad científica ya no había duda de ello, y en 2008 el diario británico The Independent titulaba It’s official: research shows men really are the weaker sex (Es oficial: las investigaciones demuestran que los hombres son realmente el sexo débil), en el que se agrupaba las conclusiones de 250 trabajos científicos que demostraban que los productos químicos no regulados y liberados al medio ambiente están provocando que los animales machos adopten características femeninas, llegando a citarse el caso de osos polares con pene y vagina.

Esto es porque muchos de los disruptores endocrinos tienen una actividad estrogénica, como antes hemos comentado. Y si los estrógenos son las hormonas femeninas por excelencia no es de extrañar el incremento de patologías relacionadas con este incremento de hormonas femeninas en los machos (principalmente en fetos y recién nacidos) y que en las mujeres provoca ¿adivináis qué? Nuestro temido cáncer de mama.

En octubre de 2009 el diario The Telegraph titulaba con sorna un alarmante artículo Why boys are turning into girls? (¿Por qué los chicos se están convirtiendo en chicas?) Hablando también de esa ‘feminización’ de los niños a causa de los disruptores endocrinos.

Tal fue la alarma en en Reino Unido, que dos de los parabenos más comunes como el propilparabeno y el butilparabeno han sido incluidos en la lista SIN 2.0 (siglas de Substitute it now! O ¡Sustitúyelo ya!), proyecto británico impulsado y financiado por ONG’s que pretende sustituir las sustancias químicas peligrosas por otras más seguras y que ya cuenta con un listado de 626 sustancias de las que 22 son disruptores endocrinos. 

Sin List 2014

Este listado de sustancias se ha hecho atendiendo a los criterios establecidos por la UE para productos químicos (REACH) que regula la seguridad de los ingredientes químicos y su uso.

Como ya hemos comentado antes, los parabenos no se encuentran en esa lista a pesar de que cumplen todos los requisitos para estar en esta lista de prioridades de la Unión Europea, motivo por el cual sí están en la lista SIN 2.0.

Primeras leyes antiparabeno

Después de todos los ríos de tinta que han corrido con el tema de los disruptores endocrinos, Dinamarca ha sido el primer país que ha dado un paso en la prohibición de los parabenos.

El 15 de marzo de 2011 entraba en vigor la prohibición de cuatro de los seis parabenos usados en cosmética (propylparaben, butylparaben, isopropylparaben e isobutylparaben) en todos los artículos cosméticos destinados al consumo por menores de tres años, ya que los estudios realizados en este país nórdico demuestran que la exposición prolongada al propylparaben puede producir cambios en el equilibrio hormonal y alterar los órganos reproductores femeninos, así como afectar a la producción de esperma y al sistema reproductivo masculino.

Los estudios realizados en este país nórdico demuestran que la exposición prolongada al propylparaben puede producir cambios en el equilibrio hormonal y alterar los órganos reproductores femeninos, así como afectar a la producción de esperma y al sistema reproductivo masculino

Principalmente se pretende defender a los bebés y niños de estas sustancias porque ellas son capaces de alterar su equilibrio hormonal y provocar importantes cambios y, además, afecta más a los machos (de cualquier especie) que a las hembras.

Esta prohibición se basa en varios estudios (3) en los que se ha demostrado la actividad estrogénica de los parabenos y tras dar cinco años a los fabricantes de cosmética para que demostraran la inocuidad de sus productos.

Frente a las dudas que al gobierno danés le produjeron los resultados presentados por la industria, el Ministerio Danés de Medio Ambiente decidió tomar la iniciativa y prohibir los parabenos.

Esta prohibición, basada en el artículo 12 de la Directiva Europea sobre Cosméticos, sólo puede ser temporal, pero Dinamarca espera convencer al resto de estados miembros para aplicar la prohibición de forma permanente (si queréis leer la directiva completa de la Unión Europea os dejamos el enlace).

artículo 12 de la Directiva Europea sobre Cosméticos

En Francia la Asamblea Nacional votó la llamada Ley Lachaud (conocida como Ley antiparabeno) el 3 de mayo de 2011 y aprobó la prohibición, uso e importación de todos los pftalatos, parabenos y aquilfenoles.

Aunque dicho texto ha de votarse aún en el Senado y todo apunta a que las presiones harán que la votación fracase ¿o no?… Pues podemos deciros que seis años después todo sigue igual y la Ley Antiparabenos o Ley Lachaud sigue sin aplicarse en Francia.

La postura de la UE hasta 2013 sobre los parabenos

Desde que salió el primer estudio de la doctora Darbre hasta enero de 2013 la Unión Europea se ha limitado a poner ‘bajo vigilancia’ los parabenos y manifestar sus inquietudes, sobre todo con respecto a los parabenos de cadena larga como propilparabeno, butilparabeno y bencilparabeno.

Han creado una comisión de disruptores endocrinos y gastan millones de euros en estudios sin dar ningún paso en firme por la fuerte presión de los lobbies farmacéuticos, quienes exigen pruebas irrefutables a la UE sobre la toxicidad de los parabenos y otros disruptores endocrinos para dejar tan lucrativo negocio.

A pesar de que la UE no ha incluido los parabenos en la lista Reach, sí los ha incluido en la lista de posibles disruptores endocrinos (que contiene cerca de 200 sustancias y en cada una de ellas se detalla el nivel de preocupación por la misma). Tras cada revisión que se hace de la lista, se ratifica la necesidad de seguir investigando sobre estos conservantes, ya que determinados estudios realizados en ratas demuestran que sí tienen efectos sobre el equilibrio hormonal femenino.

De los cuatro ésteres más usados butyl- ethyl-, methyl- y propylparaben, las investigaciones demuestran que el butilparabenos es el que mayor efecto hormonal tiene (4) y que pueden alterar los órganos reproductivos femeninos (5 y 6), así como cambios en el útero incluso a dosis bajas.

También se ha demostrado que estas sustancias pueden afectar a la producción de esperma y al sistema reproductivo masculino.

Otros estudios indican que estas sustancias no tienen efectos sobre el sistema hormonal de los seres humanos (7 y 8), por lo que se ratifica la necesidad de continuar investigando (9).

Estudios a los que las industrias se cogen como clavos ardiendo pese a los cientos, miles de papers sobre parabenos y otros disruptores endocrinos que inundan las publicaciones médicas más prestigiosas con estudios.

Cómo podemos informarnos los ciudadanos

Hasta el momento, en España los ciudadanos disponemos de un breve informe en inglés en el que se dice que los parabenos en varios estudios con animales “han mostrado que los parabenos tienen generalmente baja toxicidad y que no causan cáncer”.

El pequeño resumen resalta las cifras máximas de parabenos como 8 g por kilo de producto (o lo que es lo mismo un tope de 0,8%) para productos con un parabeno y de 4 g/Kg (o 0,4%) para los cosméticos con varios ésteres.

Dada la preocupación por los parabenos de cadena larga, la UE recomienda bajar el límite hasta un máximo de 1,9 g/kg (o lo que es lo mismo 0,19%), recomendación que, de momento, la industria cosmética no ha recogido y continúa manteniendo los límites legales, algo más elevados.

En esta misma hoja, abajo del todo hay un apartado en el que pone ¿son los niños más vulnerables? Y en él se apunta “Para niños muy pequeños, por debajo de los seis meses, el Comité no puede excluir un riesgo cuando los cosméticos son aplicados en el área del pañal.

La piel en esa área se irrita con facilidad y a través de una piel irritada pueden pasar más compuestos. Además es posible que el joven metabolismo de los bebés pueda no estar aún lo suficientemente maduro para metabolizar rápida y efectivamente los parabenos que entran en su cuerpo”.

Para niños muy pequeños, por debajo de los seis meses, el Comité no puede excluir un riesgo cuando los cosméticos son aplicados en el área del pañal. La piel en esa área se irrita con facilidad y a través de una piel irritada pueden pasar más compuestos. Además es posible que el joven metabolismo de los bebés pueda no estar aún lo suficientemente maduro para metabolizar rápida y efectivamente los parabenos que entran en su cuerpo

Y eso ¿qué mamá lo sabe? Es más.

Además de los bebés menores de seis meses ¿Qué otro colectivo puede tener un sistema inmunológico débil? ¿Quién mantiene a salvo a las personas que reciben quimioterapia o radioterapia, las que tienen enfermedades autoinmunes graves, las personas transplantadas o las que padecen VIH?

Y esta hoja en inglés es lo máximo a lo que los consumidores españoles podemos aspirar… bueno sí, y a adentrarnos en este vórtice de entropía que es Internet o a ejercer sus derechos como consumidores dirigiéndonos a las autoridades que poca o ninguna publicidad han dado a esta advertencia europea (pido disculpas si se hizo alguna campaña por televisión o radio o a través de las asociaciones de consumidores y no nos enteramos)…

No obstante, amén de esa parca nota oficial, hay un gran trabajo del Comité de Expertos de la UE en materia de disruptores endocrinos, quienes no han cesado de solicitar a la Unión Europea que aplique el ‘principio de precuación’ sobre los disruptores endocrinos y se prohíban, ya que éstos cumplen con los tres requisitos para que sean prohibidos:

-Que se identifiquen los efectos potencialmente negativos

-Que se evalúen los datos científicos disponibles

-Que haya una incertidumbre científica

cosméticos con parabenos

Tres parabenos en una crema de afeitar…

Sin ir más lejos, en España contamos con un gran científico, el doctor Nicolás Olea, que es catedrático de Medicina en la Universidad de Granada y coordinador de Investigación del Hospital Clínico de Granada, cuya especialidad es la de Radiología y Oncología, y al que tuvimos el privilegio de entrevistar, pueder leer todo lo que nos contó en nuestro artículo.

Además es el representante español en el Comité de Científicos de Disruptores Endocrinos, por ser uno de los mayores expertos del mundo en esta materia, es uno de los que más ha alertado sobre los peligros de los disruptores endocrinos en numerosas conferencias (por favor, si tenéis una hora tonta no dejéis de ver esta conferencia, entenderéis mucho mejor las cosas que parcamente os intentamos explicar y con toques de humor que la hacen muy amena y comprensible). [entradarelacionada id=»364″]

Hasta ahora, y a pesar de las voces de alarma, todo hacía presagiar que las iniciativas de Dinamarca y Francia iban a quedar en papel mojado, ya que la UE parecía no querer tomar cartas en el asunto, pero el 31 de enero de 2013 la Comisión Europea aprobaba un informe Sobre la protección de la salud pública contra los alteradores endocrinos del que os hablaremos en el próximo artículo.

Bibliografía adicional:

1. Soni MG, Garabin IG, Burdock GA. Safety assessmet of esters of p-hydroxybenzoic acid (parabens). Food Chem Toxicol. 2005;43:985-1015

2. Osamu Handa, Satoshi Kokura, Satoko Adachi, Tomohisa Takagi, Yuji Naito, Toru Tanigawa, Norimasa Yoshida, Toshikazu Yoshikawa. Methylparaben potentiates UV-Induced damage of skin keratinocytes. Toxicology. Volume 227, Issues 1-2, octubre 2006, páginas 62-72

3. Parabener www.forbrugerkemi.dk, 13 de enero 2011, Centro de Información para el Medio Ambiente y Salud (IMS), Dinamarca

Kosmetikbekendtgørelsen, BEK nr. 166 af 24/02/2011, Ministerio de Medio Ambiente de Dinamarca, www.retsinformation.dk

De mindste slipper for 4 parabener, www.forbrugerkemi.dk, 04-03-2011, Centro de Información para el Medio Ambiente y Salud (IMS)

4. Effects of butylparaben on the male reproductive system in rats Oishi S. Toxicol Ind Health. 2001 Feb;17(1):31-9. Department of Toxicology, Tokyo Metropolitan Research Laboratory of Public Health, Japan.

5. Potential estrogenic effect(s) of parabens at the prepubertal stage of a postnatal female rat model, Vo TT, Yoo YM, Choi KC, Jeung EB. Reprod Toxicol. 2010 Jun;29(3):306-16. Epub 2010 Feb 2. College of Veterinary Medicine, Chungbuk National University, Cheongju, Chungbuk, Republic of Korea.

6. An evaluation of estrogenic activity of parabens using uterine calbindin-d9k gene in an immature rat model. Vo TT, Jeung EB. Toxicol Sci. 2009 Nov;112(1):68-77. Epub 2009 Aug 4. Laboratory of Veterinary Biochemistry and Molecular Biology, College of Veterinary Medicine, Chungbuk National University, Cheongju, Chungbuk 361-763, Korea.

7. Estrogenicity of parabens revisited: impact of parabens on early pregnancy and an uterotrophic assay in mice. Shaw J, deCatanzaro D. Reprod Toxicol. 2009 Jul;28(1):26-31. Epub 2009 Mar 20. Department of Psychology, Neuroscience & Behaviour, McMaster University, Hamilton, Ontario L8S 4K1, Canada.

8. Personal care products and endocrine disruption: A critical review of the literature. Witorsch RJ, Thomas JA. Critical Review Toxicol. 2010 Nov;40 Suppl 3:1-30. Department of Physiology and Biophysics, School of Medicine, Virginia Commonwealth University, Richmond, Virginia, USA.

9. Safety assessment of esters of p-hydroxybenzoic acid (parabens) Soni MG, Carabin IG, Burdock GA. Food Chem Toxicol. 2005 Jul;43(7):985-1015. Burdock Group, 2001 9th Avenue, Suite 3001, Vero Beach, FL 32960, USA.

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