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Azúcar

10 ideas para reducir el consumo de azúcar en casa

by Nina Benito 15/03/2018

Las personas somos muy extremistas. Si estás dentro de esta ola de la Green Attitude, quieres llevar una vida más sana y ecológica y has leído nuestra serie de artículos sobre el azúcar, es muy probable que te reafirme lo que ya llevas tiempo rumiando: que el azúcar es bastante más malo de lo que nos cuentan.

Si te preguntas cómo reducir el consumo de azúcar en casa y tienes hijos, puedes ver día a día como la adicción por el dulce les gana todas las partidas. Y te preguntas ¿Cómo lo hago? ¿Cómo reduzco su consumo de azúcar en casa? ¿Y en el cole? ¿Y qué le digo a mi familia para que no le compre mier** para merendar?

Y como si se tratara de un consejo de alcohólicos anónimos, decides arrasar con todo el dulce de casa: chocolates, galletas, bollos, chuches, zumos, refrescos… Mañana empezamos de cero. Ni un gramo más.

helado con nata

Pero en la vida slow, los arrebatos no son buenos consejeros. Hoy en Orgànics Magazine os damos 10 ideas para reducir el consumo de azúcar en casa.

Pero claro, sólo son ideas, las nuestras, las que a nosotras nos funcionan. No son dogma de fe ni ciencia:

1. Habla con tus hijos. Los niños no son tontos. De verdad. Son pequeños pero lo entienden todo a la perfección.

Nuestro organismo está diseñado para buscar la homeostasis, es decir, el equilibrio saludable.

Y parece que nuestra mente entienda de estos mecanismos, aún cuando la adormecemos con tanta basusa de supermercado. Cuando a nuestro pequeño Leo le diagnosticaron intolerancia a la Proteína de la Leche de la Vaca (PLV) le explicamos lo que era y todo lo que no iba a poder volver a comer (que por si no lo sabéis es casi todo, ya que muchos conservantes contienen trazas de leche, el ácido láctico se usa para todo y en muchas empresas, incluso ecológicas, se elaboran productos con y sin leche y en todos puede haber trazas). Y lo entendió. 

Y no ha faltado a ningún cumpleaños del cole con tarta, choleck y chuches, a ningún cumple de sus primos (ídem) ni a ninguna fiesta de verano llena de caramelos y helados. Y no ha pedido jamás tomar uno, excepto en una ocasión que nos partió el alma.

Él sabe lo que no puede tomar, lo que no debe tomar (chuches y dulces que no llevan leche) y por qué (los primeros por su intolerancia, aunque esta es digestiva y podría vivir tranquilamente con ella, y los segundos por contener azucares innecesarios y excesivos).

Día a día nos sorprende por su capacidad de adaptarse y de rechazar lo que le ofrecen porque no puede o debe tomarlo. Aunque no estemos delante. 

No se trata de coger a los niños y decirles: a partir de ahora se acabó el dulce. Sino que se trata de hablar con ellos. Según su edad puedes enseñarle documentales sobre el azúcar, o puedes contarle lo que el azúcar hace en su organismo.

Si es muy pequeño lo aceptará de una forma sorprendente y cuando te pregunte por qué sus amiguitos toman chuches o dulces les puedes decir que sus mamás no saben lo malo que es el dulce, pero que él o ella tiene mucha suerte de que su mamá sabe mucho. Ellos entienden lo mucho que les amamos y que por eso mismo no les damos esas cosas que están ricas pero son tan dañinas. 

Si son más mayores tendréis que negociar. Entended que son adictos (todos lo somos) y que es complicado que quieran renunciar a algo que, además, no les enferma de forma inmediata, está socialmente muy bien visto y es sinónimo de amor.

Si quieres a tus hijos dales un Kinder bueno y llévalos a tomar una hamburguesa con Coca Cola. Si no eres una madre o padre de Mier**. Y eso es lo que les dice la tele día a día.

Romperlo es complicado, pero se puede. Muéstrales tu preocupación por su futuro y pregúntales a qué se pueden comprometer para reducir el consumo de azúcar. Y a qué os comprometéis vosotros.

Una cosa que podemos hacer con ellos y que es muy interesante es mirar lo que tenemos en casa y lo que comemos habitualmente y hacer con ellos un menú normal de un día. Luego miramos todos los azúcares libres que han consumido. Podéis ver las fotos de sinazucar.org para que vean la barbaridad de azúcares libres que hay en todo. Desde las galletas al Red Bull, pasando por la pizza, los zumos o los helados de yogur que tan sanos parecen.

2. Reduce el consumo de azúcares de forma paulatina. Sí, es terrible todo lo que leemos del azúcar y si tus hijos son de los que toman bollería (aunque sea artesana de horno), zumos y galletas ecológicos, chuches de vez en cuando, pizza precocinada, batidos de leche y otras mil cosas que antes no creías tan insanas querrás deshacerte de todo de golpe. Pero mejor hacerlo poco a poco. Queremos que nuestros hijos se desenganchen del dulce, no provocarles una depresión.

Porque como os contamos el azúcar estimula nuestros centros de recompensas de forma constante, por lo que si de repente dejamos de darles azúcar su centro de recompensas dejaría de recibir esos estímulos y podrían caer en una pequeña depresión, con sus estados de ansiedad añadidos (por la adicción que provoca el azúcar). Por eso hemos de conseguir varias cosas: 

  • Que su paladar rebaje el nivel de necesidad de dulzor.
  • Que su organismo se desenganche del azúcar.
  • Que su centro de recompensas siga trabajando. 

algodón de azúcar

Por ejemplo si ellos toman refrescos, zumos y leches con cacao envasadas varias veces por semana, reducid su consumo a la mitad para empezar. Y cada vez un poco más.

Si toman leche con cacao para desayunar, de ese que tiene un 70% de azúcar, sustituye paulatinamente su cacao por cacao puro desgrasado (si es bio mucho mejor, pero la marca Valor tiene uno que para empezar es estupendo). Si le pones dos cucharadas de cacao normalmente, empieza por una y media del azucarado y media del cacao puro. Cada dos días (o dos semanas, el ritmo lo marcas tú) pon media más del puro y media menos del suyo.

Si, además, toma azúcar en la leche sustitúyela por otro endulzante más natural. Para empezar el ágave o el sirope de arroz está muy bien, sobre todo el sirope de arroz que tiene un sabor similar al azúcar y tiene un IG mucho más bajo que éste.

Cuando ya sólo tome cacao puro con ágave u otro endulzante vamos reduciendo muy poco a poco el endulzante, hasta que se tome la leche sin nada de endulzantes y con su cacao puro (si toma leche vegetal mira que no lleve azúcares añadidos, claro, y si es animal mejor entera. De nuevo os dejo el link de la entrevista de Juan Llorca a Lucía Redondo sobre la leche que es una maravilla).

3. No te agobies, si no lo consigues a la primera o a la segunda, no pasa nada.

Cuenta todo lo que les has quitado y no lo que siguen tomando. Es un camino largo (mejor dicho eterno). Y, por supuesto, si se comen una chuche a escondidas no les regañes, si les das a elegir porque ‘tu ya eres mayor y sabes lo que conviene’ y eligen el dulce, no de vengas abajo.

Recuerda que el poder de adicción del azúcar es ocho veces mayor que el de la cocaína. Y recuerda a esas ratitas del doctor Ahmed. No somos tan diferentes de ellas. No les hagas sentir que fracasan o que son débiles, refuerza cada pequeña acción y muestra tu comprensión cuando quieran comer un helado, un pastel o merendar una napolitana de chocolate.

Queremos que dejen de tomar tanto dulce, no que sientan que viven en una dictadura llena de prohibiciones.

Porque el sentimiento de falta de libertad sólo tiene dos salidas: la huida o la rebelión. Y queremos que nuestros hijos estén sanos, pero, sobre todo, que estén con nosotros, que nos permitan formar parte de su vida, que confíen en nosotros, que nos respeten y, ante todo, que sean felices… Y para conseguirlo tenemos que mostrarles nuestro amor, respeto, confianza y apoyo.

4. Propón alternativas. A los niños les encanta el dulce. Eso está claro. Leo, por ejemplo, es adicto al chocolate.

A veces cuando leemos el aluvión de informaciones sobre alimentos saludables y seguimos a influencers healthy parece que son perfectas y perfectos. Que no hacen nada mal. Que siempre se alimentan sanísimo y hacen recetas de cinco estrellas tres veces al día.

Pero en Orgànics Magazine no. No somos perfectas  ¡ni mucho menos! y nuestro espacio ha ido evolucionando con nosotras. Así que sí. Leo ha tomado napolitanas de chocolate, chuches y helados comerciales a montón.

Empezamos pensando que lo bio era la mejor opción y almorzaba o merendaba galletas ecológicas y zumos bio, sus chuches eran bio y los helados también. Pero los tomaba. Y a veces los toma aún. Sí.

Pero ahora frente a un arrebato siempre tenemos alternativas. Por ejemplo, hay un cumpleaños y él (por su PLV) no puede tomar tarta, le llevamos chocolate raw, vegano y con entre un 85 y 100% de pureza, o le hacemos un postre casero que pueda tomar.

Su paladar ha rebajado tanto el nivel de dulzor que lo encuentra delicioso. Este tipo de chocolates están a años luz de los chocolate con leche Nestlé extrafino. ¡Pst! Y si toman del otro de vez en cuando no-pasa-nada.

Lo mejor es que siempre tengamos alternativas saludables para darles. No se trata de condenar a nuestros hijos a un mundo sin dulce, sino de que el dulce que tomen sea lo más saludable posible y que nos acerquemos cada día más a esos 25 gramos de azúcares libres aconsejados por la OMS. 

Por ejemplo, para esos días tontos en los que el cuerpo te pide algo dulce, tenemos la infalible, inigualable y facilísima receta de Elka de su Chocolate Chía Puding. Cinco ingredientes, cinco minutos. De verdad. Nos ha salvado la vida en más de una ocasión.

Porque somos conscientes de lo malo que es el azúcar, pero somos muy golosos en casa ¡éramos de las que comprábamos las chuches por cajas!

Esta receta es sencilla, está riquísima y a los peques les entusiasma (y a los mayores ni os contamos). Para ocasiones especiales tenemos, además del súper libro de Elka que es bonito solo de verlo, el de Juan Llorca de tartas y repostería, con un añadido: que son sin gluten ni lácteos, genial para los niños con intolerancias (y sin ellas porque están de muerte). Y cientos de recetas más de nuestros healthy chefs preferidos (prometemos artículo sobre libros recomendados pronto)…

5. La comida no es un premio ni un castigo. Debería ser el consejo número uno. Porque uno de los problemas principales de nuestra sociedad es que la comida no es un alimento para mantenernos sanos y punto. Es una acto social.

Celebramos todo alrededor de una mesa. Y la comida se ha convertido en moneda de cambio: ‘si te acabas el plato de lentejas te pongo un vaso de Fanta’. ‘Si te portas bien te compraré un helado’. ‘Como hoy te has portado mal te quedas sin tarta’, ‘si no lloras cuando te ponen la vacuna te compro unas chuches’…

Y crecemos vinculando el dulce a lo bueno de la vida y otros sabores como las verduras o las legumbres con todo lo malo ‘como no te comas las verduras no ves la tele’, y otras lindezas.refrescos

Así, cuando la vida nos da palos (porque la vida da muchos palos), mucha gente se refugia en el dulce.

Porque es un consuelo, un premio, una compensación. Se lo han dado cuando se ha hecho daño, cuando se ha portado bien, se lo han traído los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez, lo ha tomado cuando ha soplado velas y reinaba en su fiesta de cumple, en las celebraciones fuera de casa, en los días de verano…

Si el día de mañana la vida le da un disgusto a tu hijo o hija ¿se va a hacer unas verduras a la plancha para sentirse bien o se tomará un tarro de helado como si no hubiera mañana? 

Por eso es necesario que el dulce (y el resto de comida en general) esté fuera del circuito educativo castigo-recompensa. Es imperativo. 

6. Habla con tu familia. Muchas de vosotras nos preguntáis cómo hacer que vuestra familia no le compre dulces a vuestros hijos. Y lo cierto es que no es nada sencillo. Nuestros mayores han sido educados en la postguerra española.

La escasez y el hambre que pasaron sus padres han hecho que la libertad de consumo de ahora la vean como la mayor de las maravillas. Y tampoco son capaces de creer que algo tan inocente como el azúcar sea tan malo ¿Cómo iba a permitir el Estado que se vendiera algo tan malo? Sois vosotros los que estáis equivocados.

Seguramente ellos llevan setenta años tomando dulces y están como una rosa. Y si no lo están, ninguno de sus médicos les habrá dicho que sus dolencias pueden estar vinculadas con el azúcar (a excepción de la diabetes, en cuyo caso cuando le da una bajada le recetan una Coca Cola ¡cómo va a ser malo algo que les prescribe el propio médico!).

Así que no te queda otra que hablar con ellos. Y si crees que no te van a entender, puedes decirles que has hablado con el médico y te ha recomendado reducir el consumo de azúcar de tus hijos (no creo que ningún médico te recomiende lo contrario).

Puedes decirles que han detectado muchos casos de diabetes infantil, etc (totalmente cierto). Y que por eso, a partir de ese momento no vais a darles a vuestros hijos X. Y esa X pueden ser chuches, refrescos, bollería industrial…, lo que queráis. Lo que hayáis hablado con ellos y se hayan comprometido. Y les decís a los mayores que necesitáis que ellos os echen una mano. 

Si le añadís el componente médico y de salud os será mucho mas fácil. En nuestro caso fue cierto por la intolerancia de Leo. Pero, además, nos vieron tan confundidos (una cosa es que no quiera que mi hijo coma helados, pasteles, bollería industrial, chucherías… y otra es que no las pueda comer. Nunca. Eso es muy duro) que hemos tenido todo su apoyo ¡las abuelas de Leo miran más los ingredientes que nosotros!

Está claro que hay familias y familias, y vosotros sabréis mejor que nadie como tratar a la vuestra, pero los hijos son vuestros y la educación es vuestra.

En el caso de que se los tengan que quedar por necesidad podéis dejarles la comida vosotros mismos (meriendas y demás que es donde más peligro hay) o aceptar que ese es el precio por que os cuiden a los peques. 

7. Habla con la tutora o tutor de tu hijo o hija. No sabemos por qué de un tiempo a esta parte se ha puesto de moda premiar a los pequeños con chucherías. Leo cada dos por tres sale del cole con chucherías.

Él no se las toma, pero siempre tenemos el mismo e innecesario dilema ¿porqué le tienen que dar chucherías en el propio colegio? Eso por no hablar de los días en los que se da de postre gelatina (que no es gelatina, sino azúcar con un gelificante desprovisto de toda proteína), natillas, flanes…, todas ellas con unos niveles de azúcar intolerables.

De hecho en cada comida escolar se sobrepasa en mucho el máximo recomendado por la OMS de 25 gramos de azúcar añadido por día para un adulto. 

Y qué decir de las fiestas de cumpleaños de los más pequeños y del reparto de chuches por parte de las madres como obsequio en los cumpleaños. Cada uno de vosotros verá en qué es más modulable o menos.

Para nosotras las chuches en los cumpleaños deberían estar prohibidas por Ley (vale, igual es un poco drástico, mejor por Real Decreto). No, en serio. Darle a un niño de dos años una bolsa entera de chucherías es, para nosotras, como invitarle a una cerveza o darle un cigarro (una no le va a matar pero es una barbaridad a todas luces). Y es tremendo para su organismo. 

bombones

8. Busca alternativas a las chuches. Dicho todo esto no podemos hacer que nuestros pequeños vivan en una burbuja porque lo que ganamos por un lado lo perdemos por el otro. 

Si nuestro hijo vive en un entorno sin azúcar, genial.

Pero si ve azúcar por todas partes y él o ella no puede tomarla nunca bajo ningún concepto le vamos a generar una frustración que es más dañina para su mente que la propia adicción.

Por eso nosotros le proponemos a Leo un cambio. Bien es cierto que él no puede tomar el 50% de las chuches, pero cuando sale con la bolsa de chucherías le pedimos que escoja una para comerla (y sólo una) o en casa le damos unos dátiles o le prometemos ( y cumplimos, claro) algo que le guste más, como hacer algo que le guste todos juntos, jugar a algún juego o ver una película, ir a la montaña a coger espárragos (o a la playa, algo diferente y emocionante para ellos que incluya contacto con la naturaleza).

De verdad, nuestros hijos lo que quieren es pasar tiempo con nosotros. Lo malo es que lo sustituimos por recompensas dulces, televisión y videojuegos.

Pero lo que ellos prefieren, siempre, es estar con nosotros. Y cuando son adolescentes, que les escuchemos, que les entendamos, que empaticemos. Aunque en esta época esos sentimientos estén sepultados por toneladas de hormonas siguen estando ahí.

Si tus hijos son adolescentes puedes llevarlos a un concierto de su grupo preferido u organizar un taller de dulces saludables para sus amigos. ¡Se lo pasarán bomba y ganarás adeptos a la causa!

9. Mantente firme. Que no les echemos la bronca cada vez que nos piden un helado o que se coman un cruasán con chocolate no significa que lo demos todo por perdido y digamos ¡a la porra, si dentro de veinte años quieres tener diabetes y pesar 200 kilos allá tú!

Se trata de mantenernos firmes en lo que consideremos innegociable. Para nosotros son los refrescos. En casa no hay. Y punto. Cuando alguien de fuera quiere tomarlos ha de traerlos, porque no se nos ocurre meterlos en la cesta de la compra.

Esto lo tuvimos muy claro desde el primer día (y hemos sido adictas a los refrescos de adolescentes). La primera vez que Leo probó un refresco fue en el cole con tres años. Y nos parece algo gravísimo que en el colegio se les de este tipo de productos. Quizá algún día lo veamos tan grave como darle una cerveza o un cigarro. No por lo que pueda hacer en su organismo en un día puntual. Sino por su nivel de adicción.

Y es que desde que Leo probó la Coca Cola no ha habido una sola fiesta en la que haya estado que no nos haya preguntado ¿puedo un poquito, mami? ¡Y sólo la probó una vez!

Él la tomaría cada día ¡y nosotras! Lo reconocemos, es un sabor delicioso y adictivo. Pero igual que no le daría una raya de coca a mi hijo, no le doy Coca Cola. Y si te parece que estas palabras están fuera de tono, os recordamos que el azúcar es ocho veces más adictiva que esta y no la necesita para nada. Es una droga socialmente admitida.

Como cuando fumar Fortuna era de mujeres sofisticadas y Marlboro varoniles vaqueros. Y así nos los vendían en la tele. ¿Quién no piensa que esos anuncios eran aberrantes y encuentra un disparate que se permitiera hacer publicidad en la tele que promocionaba el tabaco como algo guay?

Está claro que si tus hijos son más mayores y se van con los amigos es algo complicado de controlar. Pero debemos confiar y, sobre todo, equilibrar. Si sabemos que nuestro hijo ha salido y ha comido pizza de Telepizza y bebido Pepsi, bueno, no pasa nada.

Las risas que se ha echado con sus amigos y amigas tiene un precio incalculable.

Como hemos dicho no se trata de conseguir que nuestros hijos estén sanos por dentro y por fuera. Si tenemos unos hijos que consumen cero azúcares libres en todo el día pero están amargados y marginados socialmente porque no paran de decir ‘eso no lo puedo comer’ o ‘eso es malo’ ¿Qué bien les estaremos haciendo? Hay que mirarlo todo con perspectiva. Sería ideal vivir en una sociedad en la que se viera como una barbarie una cena de fast food con refresco de medio litro.

Pero de momento no es así y para nosotras es mucho más importante que nuestro pequeño nos pregunte si puede comer algo que el hecho de que lo tome o no. Que sea consciente y capaz de identificar lo que lleva azúcar y lo que no ya es un paso de gigante.

Y ahora te toca a ti. Enhorabuena por haber llegado hasta aquí.

10. Disfruta del camino. Todo esto que os contamos no sirve de nada si el camino es una tortura. Si sientes que hacer lo que estás haciendo es demasiado oneroso y una lucha constante con tus hijos.

Proponer un cambio en la alimentación de tus hijos tan drástico implica otros muchos cambios. Seguramente sus almuerzos y meriendas sean diferentes, las celebraciones familiares, vuestro sistema de recompensas…

Es una cambio que afecta a toda la familia y a la relación que tienes con tus hijos ¡Porque vosotros tenéis que implementar los cambios también! Has de dedicar más tiempo a leer etiquetas (al principio, luego te das cuenta de que el 99% de lo envasado lleva azúcares añadidos bajo alguno de sus 60 nombres), a cocinar (porque todos los platos precocinados contienen ingentes cantidades de azúcar), a estar con tus hijos e idear actividades alternativas para que nuestro sistema de recompensas se aleje del dulce y se centre en actividades, en el tiempo de calidad.

¿Qué prefieres que tus hijos relacionen con un premio: tomar una bolsa de chuches o pasar un rato contigo? Puede ser tomar un helado contigo, pero entonces deberá pesar más estar contigo que el helado. Al final, cuando crecen no se acuerdan de las bolsas de chuches que tomaron, sino del tiempo que con vosotros pasaron.

Poco a poco veréis como los cambios introducidos van dejando su huella. Confiad en vuestros pequeños, de verdad, son mucho más sabios de lo que parece y cuando vean que las recompensas por eliminar el azúcar de su día a día son tan grandes se esforzarán por seguir cumpliendo con lo pactado. 

Y recordad: no se trata de un régimen que tengamos que hacer de forma estricta durante unos meses, se trata de un cambio en los hábitos de consumo. Si tus hijos toman 110 gramos de azúcar al día y llegas a los 75 gramos diarios, felicítate ¡y felicítales! por ello y sigue trabajando para rebajarlo más poco a poco.

Nuestra sociedad se alimenta fatal. Hemos confundido la alimentación con la comida, y no es lo mismo. De hecho todos los alimentos son comida, pero el 90% de la comida ¡no son alimento! El cambio está en marcha, pero no se hace de un día para otro. ¡Seguro que lo conseguís!

Esperamos que algunas de las ideas que te hemos dado te hayan servido para hacer que el azúcar poco a poco salga de tu vida.

Nos encantaría saber en qué punto estás y qué otras ideas se te ocurren para eliminar el azúcar de tu vida. ¿Nos las cuentas? En este link os dejamos todos los artículos, libros y reportajes que hemos consultado para hacer esta serie de artículos.

Y para animaros a empezar os dejamos este gracioso vídeo con 15 cosas maravillosas que conseguirás cuando dejes el azúcar.

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15 alternativas más saludables que el azúcar blanquilla

by Nina Benito 09/03/2018

Según la OMS cada español consume 110 gramos de azúcares libres al cabo del día. Y el máximo fijado por este organismo, que no se caracteriza precisamente por ser radical en sus recomendaciones, es de 25 gramos diarios. No, no estás teniendo un déjà vu. Es que queremos que os quede grabado a fuego. Aunque hoy os demos 15 alternativas más saludables que el azúcar blanquilla tomar 110 gramos de azúcar del tipo que sea es un suicidio para nuestro organismo.

Porque toda esa ingente cantidad de glucosa circulando por nuestro organismo y convirtiéndose en grasa agota nuestro organismo y obtura nuestras arterias, hace que nuestro hígado sea como el de una oca alimentada para hacer foie. De hecho, el respecto con el que nos tratan las marcas y grandes lobbies del sector de la ¿alimentación? nos recuerda bastante a la forma en la que se embute a estos preciosos animales, pero a los humanos el único tubo que nos meten en la garganta es el catódico… Por eso si quieres reducir el consumo del azúcar para no engordar o para que a tus pequeños no le salgan caries, te recomendamos que leas nuestros anteriores artículos, porque esos dos, son los males menores.

Una vez hemos constatado que el azúcar está en el 70% de lo que hay en un supermercado, y que el azúcar, por mucho que quieran, no es un alimento sano ni natural, nos encontramos ante una terrible realidad: somos adictos al azúcar. Hasta tal punto que no concebimos una vida sin él.

En el movimiento de la cocina consciente hay personas que abogan por no consumir ningún tipo de azúcar. No ya azúcares añadidos, sino tampoco los contenidos en las frutas con una carga glucémica más alta. Ni la pasta, ni el pan.

Nosotras no estamos de acuerdo con esta tendencia (pero es nuestra opinión sólo). Primero porque nuestro organismo necesita glucosa para vivir y los cereales y las frutas son la mejor fuente de ellos (frutas enteras y cereales integrales). Y segundo porque deshacernos de una adicción es importante, pero otra muy diferente es no poder disfrutar nunca del sabor dulce en nuestro paladar una idea sin la que la vida se nos queda en blanco y negro. En Orgànics Magazine somos partidarias de tomar cero azúcares añadidos en la comidas y cenas, pero sí permitirlo (lo cogemos con pinzas y luego lo explicamos) en el desayuno, por ejemplo, y en casos puntuales (una tarta, un helado, unas galletas especiales…).

Por suerte, para esos desayunos y esos momentos puntuales cada vez tenemos más alternativas al azúcar blanquilla de toda la vida. Alternativas que si bien no nos permiten en ningún momento sustituir al cien por cien esos 110 gramos de azúcares libres, sí suponen una diferencia importante respecto al blanco endulzante.

Si en nuestro pasado artículo os hablamos de la stevia, la miel y el xilitol como nuestros endulzantes preferidos, hoy os presentamos una lista de 15 alternativas más saludables que el azúcar blanquilla ordenadas de mejor a peor ¡Ojo! Este es un criterio nuestro, basado en lo que hemos leído de estos productos, su composición, su riqueza de nutrientes, la forma en la que se asimila, sus características y su sabor.

Los más exóticos, los mejores

–Monk Fruit o la Fruta de Monje. Después del Top Three de la semana pasada, tenemos este exótico producto del que tuvimos conocimiento en Biocultura Madrid cuando visitamos el stand de Salud Viva Superalimentos y nos quedamos alucinadas con sus propiedades.

Se extrae da la pulpa de los frutos en forma de mini calabaza verde de Siraitia grosvenorii una trepadora prima hermana de nuestras calabazas, sandías o pepinos que crece en China y Tailandia y de cuyo cultivo se encargaban principalmente los monjes budistas y por ello también se le conoce como Fruta de Buda. El zumo de este fruto es 300 veces más dulce que el de la caña de azúcar pero con muchas menos calorías.

Este dulzor se debe en parte a los mogrósidos, unos glucósidos a los que se les atribuye propiedades anti cáncer, antivíricas, controlan la diabetes, disminuyen el colesterol… Es más, el dulzor de las calabazas que tomamos en casa también se debe en parte a los mogrósidos pero los tienen en menor medida. En la medicina tradicional china los frutos secos se usan para hacer sopas y tisanas para reducir la fiebre, combatir resfriados y alergias y aumentar la longevidad.

Además de todo eso, la fruta del monje no incrementa la glucosa en el torrente sanguíneo ni causa caries en los dientes, por lo que puede ser usado por diabéticos y su efecto en nuestro sistema es mucho más suave que el de otros endulzantes que sí incrementan los niveles de azúcar. Este paquete de 125 gramos lo encontramos en saludviva.es por 7,50 euros y con una puntita de producto es suficiente para endulzar una tisana o un café con leche.

Su sabor nos recuerda un poco a la regaliz y a ese regusto dulce que nos queda cuando la tomamos. Es perfecta para infusiones, bizcochos (pero usadlo con cuidado, endulza mucho), para hacer nuestra propia pasta de dientes (mezclada con aceite de coco y carbón activo)… Sin duda todo un descubrimiento.

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–Amazake: Otra de las sorpresas de este especial. Se trata de un endulzante de origen japonés que se obtiene a partir de la fermentación del arroz, o de otros cereales como el mijo, antes de que aparezca el alcohol y se convierta en sake. Tiene varia propiedades derivadas de la fermentación como ser probiotico, rico en enzimas buenas para nuestro intestino y, por lo tanto, una ayuda a la digestión que refuerza eñ sistema inmunitario, por lo que su función como edulcorante casi podríamos decir que es secundaria. Perfecto para los desayunos de los peques. Se puede tomar en forma de tisana con agua caliente y un poco de jengibre o para endulzar suavemente postres e ir rebajando paulatinamente su umbral del dulzor. Este tarro de 370 gramos de amazake de mijo de Terrasana lo encontramos en conasi.eu por 5,75 euros.

En la parte menos práctica tenemos que es un producto natural y vivo, por lo que tras su apertura hay que consumirlo rápidamente, por lo que no nos sirve como ‘fondo de armario’ dulce. Eso sí, por su textura se puede usar como sustituto de la leche o la mantequilla en recetas veganas. Pero, sin duda, con el amazake nos encontramos ante algo más que un mero sustituto del azúcar, del que ya hemos destacado su papel como probiótico, y nos parece una de las mejores alternativas para aquellos papás que desean que sus peques dejen de tomar azúcar blanquilla, ingrediente que potencia el crecimiento de la microbiota intestinal mala (al igual que la glucosa es el alimento de las células cancerígenas, es el responsable junto con nuestro estilo de vida, medicamentos y comida basura del desequilibrio en nuestra microbiota intestinal, un interesante tema al que sólo ahora se le está empezando a dar la importancia en la salud humana que merece).

Y respecto al sabor os diremos que ¡¡sabe a papilla de cereales!! Está riquísimo y tiene una textura cremosa deliciosa. Prometemos receta de magdalenas healthy y veganas con amazake.

– Sirope de dátil medjool: se trata de un líquido espeso y muy dulce derivado de los dátiles. Es un sirope rico en compuestos fenólicos que le confieren propiedades antibacterianas. Este envase de 350 gramos lo encontramos en saludviva.es por 7,75 euros. Si los dátiles son uno de los mejores endulzantes naturales del mundo, su derivado ecológico el sirope de dátil (ecológico y lo menos manipulado posible) no lo es menos. Con una elevada cantidad de elementos fenólicos similares a la miel, este sirope tiene un altísimo poder antibacteriano que se iguala al de la miel de manuka, la mejor del mundo, y que ha sido ampliamente estudiado por el doctor Ara Kenekanian de la Universidad de Cardiff, en Reino Unido, quien asegura que este sirope de dátil inhibe el crecimiento de varias bacterias. Por eso, de todos los que hemos probado, es nuestro sirope preferido.

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Azúcares de Palmeras

Despues de nuestros seis magníficos (por orden: stevia, miel, xilitol, monk fruit, amazake y sirope de dátil) os hablamos de los azúcares de palmeras. Todos ellos nos gustan por igual y tienen sabores muy parecidos con ligeros matices…

–Azúcar de Arenga: Se obtiene de una palmera no muy alta y a que le gusta crecer al cobijo de otros árboles más altos de las selvas tropicales de Asia Oriental, con lo cual no se planta como monocultivo y no se deforestan selvas para su plantación ¡esto es muy importante! La savia de esta palmera se recolecta a mano, se calienta para evaporar el agua quedando un fino polvo dulce. Este azúcar es rico en hierro, ¡más que un filete!, cobre, potasio, vitamina C y vitamina B. Este paquete de 250 gramos lo encontramos en saludviva.es por 3,75 euros.

Su sabor es fino y algo tostado, muy parecido al del azúcar de coco o a la panela, pero con un toque de caramelo que nos ha conquistado realmente, su granulometría es similar a la de la panela. Es un azúcar para el café con leche matutino y para la repostería.

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–Azúcar de coco: uno de los más famosos dentro de la cocina consciente. Se obtiene del néctar de las flores de los cocoteros y no del coco en sí. Este néctar se calienta hasta obtener un sirope que al enfriarse con constante removido da lugar al azúcar de coco. Es un azúcar rico en minerales como el hierro, el zinc, el potasio y el calcio, también contiene ácidos grasos de cadena corta, polifenoles, antioxidantes y pequeñas cantidades de aminoácidos. Sus 35 gramos de fructosa por 100 gramos hace que sea un azúcar con bajo índice glucémico perfecto para endulzar postres y bollería.

Eso sí, ese sabor caramelizado distrae un poco del sabor real de los productos, por lo que nos gusta usarlo combinado. Este paquete de 250 gramos lo encontramos en ecorganic.es por 4,95 euros. Sin duda este de Aiswari es uno de los más suaves que hemos probado. Otro de los azúcares de coco que hemos probado y nos gusta mucho es el de la marca Drasanvi.

–Azúcar de Palmyra Ayurveda: El azúcar de palmyra se obtiene de los frutos de la palmera Borasus flabellifer L una palmera con hojas en forma de abanico como los palmitos de nuestros bosques mediterráneos. El fino azúcar de Palmyra Ayuverda, por sus propiedades forma parte de la milenaria medicina ayurvédica y es muy rico en minerales esenciales como hierro, potasio y magnesio y en vitaminas sobretodo del grupo B siendo la única fuente vegetal de vitamina B12. Como sólo tiene 3,1 gramos fructosa por cada 100 gramos por lo que es apto para diabéticos dado que incrementa muy poco los niveles de glucosa en sangre. Este paquete de 250 gramos lo encontramos en saludviva.es por 10,85 euros.

Su sabor es muy similar al del azúcar del resto de palmeras, además tanto este como el azúcar de arenga tienen muchas vitaminas y minerales, cosa anecdótica en el caso de que lo usemos para endulzar el desayuno, pero no tanto si lo hacemos para endulzar un bizcocho, ya que en ese caso se usa más cantidad de azúcar.

Mientras que el azúcar blanquilla tiene 0% de vitaminas, minerales, fibra, etc. Este azúcar tiene un alto contenido en vitaminas del grupo B, siendo uno de los pocos vegetales del mundo con tan alto contenido en este tipo de vitaminas, lo que hace de este azúcar especialmente interesante para los niños veganos, junto con la correcta suplementación de vitamina B12, tema muy importante del que os dejamos una sensacional entrevista de Juan Llorca a Lucía Martínez en su im-pres-cin-di-ble canal de youtube (recetas sencillas, buenas, bien explicadas y con un sentido del humor que nos encanta, si no estás suscrit@ deberías, ya que sus vídeos son de lo mejor que hemos visto en youtube en cocina consciente –además de otras imprescindibles como nuestra queridísima Elka Mocker, Venu Sanz, Carla Zaplana, Mireia Anglada o Nuria Roura, entre otros muchos cocineros a los que deberíais serguir sí o sí. ¿Queréis que os hagamos un artículo sobre nuestros top 10 chefs conscientes?).

Sin duda, los azúcares de palmera (los tres) serían nuestra séptima opción endulzante para sustituir el azúcar blanquilla (porque nos gustan los tres por igual).

–Azúcar Panela ecológico: se extrae de la caña de azúcar. La caña madura se prensa y se extrae un jugo que se calienta a altas temperaturas hasta convertirlo en una melaza que se deja secar dentro de unos moldes, y que posteriormente puede ser molido o no. Es un alimento rico en glucosa, fructosa, proteínas, minerales (como calcio, hierro, cobre y fósforo) y vitaminas como el ácido ascórbico y complejo B. Es lo que realmente debería ser el azúcar, un producto escasamente refinado, sin tóxicos ni químicos añadidos y con todas sus propiedades (que aunque sean escasas no son nulas). Eso sí, lo que recalcamos. Si lo quieres para sustituir los 110 gramos de azúcar blanquilla… como que no te va a servir de nada. Nosotras tenemos el Azúcar Panela Tierra Madre y nos encanta su tacto suave y terroso, cómo se apelmaza… Su precio es de 4,40 euros el kilo en los supermercados Ecorganic.

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Siropes:

Los siropes son otra buena opción para rebajar el nivel de dulzor en nuestra vida, y en la de nuestros hijos, por dos motivos: el primero es por su altísimo poder de endulzar. Su concentrado sabor hace que con poco sea suficiente (en el caso del yacón o del concentrado de uvas y remolacha), por lo que la cantidad de azúcares que tomarán será mucho menor.

Otros siropes como el de ágave (uno de los más usados porque se ha puesto de moda, por favor, mirad que sea ecológico y crudo, si no es de bajísima calidad) o el de arroz (el más delicioso de los que hemos probado, de más lenta asimilación que el de ágave y con un sabor similar al del algodón de azúcar que nos vuelve locas), también son buenas opciones, siempre teniendo en cuenta todas las que tenemos por encima.

– Sirope de yacón: se obtiene del tubérculo Smallanthus sonchifolius que se cultiva en los Andes. Es un alimento prebiótico ya que es rico en en frutooligosacaridos que se almacenan en forma de inulina que no es digerida en el estómago y llegan intactos al intestino donde sirven de alimento de calidad a las bifidobacterias del colon, por lo que de todos los siropes sería el más saludable. Por su bajo índice glucémico (sólo 1 IG) es apto para diabéticos y su intenso sabor a caramelo líquido (como el caramelo de hacer flanes) hace que con poco sea suficiente. Además tiene un práctico dosificador para usarlo cómodamente y que nos pongamos perdidos cuando lo usemos. Este envase de 385 gramos de la marca SaludViva lo encontramos en conasi.eu por 19,95 euros.

– Sirope de agave: Se obtiene de las piñas del ágave, que como mínimo tiene que tener siete años, justo antes de la floración se quitan las hojas y la piña que queda se parte en trozos que se cuecen para que suelten un jugo que por calor evaporará parte del agua quedándose un jarabe o sirope. Debido al proceso de calentamiento el sirope de agave tiene pocas características nutritivas en comparación con su piña que es rica en la fibra inulina y en fructoolisacaridos que son prebióticos muy buenos para el intestino, por lo que tenemos un sirope más o menos trasformado dependiendo de dónde lo compremos y de dónde proceda. El que nosotras tenemos es ecológico y proviene del llamado ágave azul, el de mejor calidad y, por supuesto, ecológico. Este envase de 700 gramos lo encontramos en Ecorganic por 6,25 euros.

Su sabor es excelente, todo y que a veces se queda en la garganta pegado, como cuando tomas miel o la parte amarilla del melón, y su intensidad de sabor hace que con menos producto obtengas más dulzor, por no hablar de su índice glucémico y carga glucémica que lo hacen perfecto para evitar subidas glucémicas rápidas y altas. Para diabéticos aunque lo pueden consumir perfectamente por su bajísmo IG (10-15), preferimos otros endulzantes con aún menos incidencia en el metabolismo, como el xilitol (IG 1), el yacón (IG 1) o nuestras preferida: la stevia.

– Sirope de arroz : se obtiene de la cocción del arroz integral y posterior fermentación añadiéndole enzimas naturales. Contiene algunos oligoelementos como el magnesio, manganeso y zinc y tiene cierto poder probiótico, además de un IG bajo y un sabor realmente maravilloso. Si empiezas por cambiar el azúcar de casa por este sirope tus hijos ni lo notarán, de hecho ¡les encantará!. Eso sí, no sirve para hornear como único endulzante ya que se endurece con el calor. Este tarro de 425 gramos lo encontramos en ecorganic por 4,40 euros.

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– Sirope de flor de coco: Este edulcorante es también un superalimento ya que es rico en vitamina C, B1, potasio, magnesio y hierro. Se extrae del néctar de la flor del coco que se deja evaporar el agua que contiene hasta que queda una melaza. Es la versión líquida de nuestro querido azúcar de coco. Este envase de 385gramos lo encontramos en la web de la marca por 8,15 euros.

– Sirope de remolacha: consiste en el zumo de la remolacha concentrado en forma de melaza que hace que tenga una apariencia de miel negra. Su sabor es parecido al de la miel pero con un amargor final. Su uso es bastante versátil en tostadas como si fuera mermelada, sobre postres como sustituto del caramelo… Rico en potasio, magnesio, hierro, calcio y vitamina B6. Este tarro 390 gramos lo encontramos en saludviva.es por 6,60 euros.

–Sirope de arce: se extrae de la savia de los arces a los que se les insertan unas cánulas en su tronco, que mínimo ha de tener un grosor de 25 cm, para cortar los vasos leñosos que empiezan a gotear savia que se recoge en un cubito. Esta savia se cuece poco a poco para evaporar agua y dejarla en forma de jarabe y luego se filtra para eliminar impurezas.

Es muy conocida la dieta del sirope de arce con espectaculares resultados para personas que roncan, ya que depura mucho e instaura el silencio en casa. Eso sí, hay que gozar de muy buena salud para hacerla ya que es un poco salvaje, por lo que la pérdida de peso también es notoria. Nosotras no somos partidarias de este tipo de dietas, odiamos las dietas. Hay que cambiar a forma de alimentarnos, no estar a dieta o régimen constantemente ¡eso es un tremendo error! Pero os comentamos lo de esta dieta depurativa por los resultados que hemos comprobado en vivo y en directo.

–Concentrado de uva: sumamente concentrado, este endulzante ecológico es una opción similar a la del sirope de remolacha y de todos los endulzantes líquidos los más sencillos, en el sentido de que no tienen características más allá de ser endulzantes más saludables que el azúcar pero sin aportar más beneficios que su delicioso sabor. Este que hemos probado se realiza con uva blanca de BioMacatela de Explotaciones Hermanos Delgado lo encontramos en store.bio-ehd.com por 6,95 euros.

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Azúcares de caña:

Y seguimos bajando en nuestras recomendaciones.El azúcar Panela lo hemos dejado un poquito más arriba, antes de los siropes, pero realmente todos están muy seguiditos…

–Azúcar Mascovado: la melaza de la caña de azúcar en vez de dejarla secar para hacer panela se filtra primero para quitarle posibles impurezas y luego se seca y tritura. Conserva las proteínas, minerales y vitaminas de la caña de azúcar, pero vamos un paso más allá en el refinamiento del producto. No es mala opción pero ¡mirad si tenemos otras muchas antes de esta!

–Azúcar integral de caña: De todas las opciones alternativas es la que menos nos gusta, ya que está mucho más tratado que el azúcar panela. Aquí el jugo de la caña de azúcar se le añade agua y se calienta para que se formen los cristales y luego se deja secar para poder envasarlos. Es un azúcar que conserva parte de los nutrientes de la caña de azúcar, rico en minerales y vitaminas, pero ya está muy manipulado, incluso siendo ecológico.

¡Ojo! No confundamos un azúcar integral ecológico con el azúcar moreno de Azucarera Española que no es más que azúcar blanco pintado con la melaza del azúcar, un paso más en el engaño al consumidor que cree que se trata de azúcar integral, cuando no es más que azúcar blanco maquillado. Tan malo como el blanquilla pero, además, más caro por ir disfrazado…

Y después de todos estos azúcares os hablamos de las que para nosotras son las peores opciones para sustituir el azúcar y que, sin duda, deberíamos desterrar de nuestra vida. Si eres diabético tienes opciones con IG bajísimos. Si no quieres engordar, tienes sustitutos poco calóricos (stevia, xilitol). No hay nada, para nosotras, que justifique el uso de estos edulcorantes sintéticos, algunos de ellos prohibidos en otros países. Os ponemos algo de ellos y su nombre para que los podáis distinguir en la composición de los alimentos. Nosotras sólo por llevarlos ya los descartamos de la cesta de la compra.

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Edulcorantes sintéticos

La peor alternativa al azúcar. De hecho en nuestro ranking estaría en esta posición el azúcar blanquilla y quizá por encima de ella ligeramente el eritritiol del que os hablamos más abajo. En este caso los ordenamos alfabéticamente porque ninguno de ellos nos parece una buena alternativa. Ni para los diabéticos. Pero, repetimos, es nuestro ranking.

–Acesulfamo K o E-950: La K es por el potasio de su fórmula Acesulfamo Potásico. Lo descubrió por casualidad una empresa alemana. Es un compuesto muy estable con unas características que lo hacen muy versátil en la industria alimentaria ya que se disuelve fácilmente en agua con lo cual se usa para edulcorar desde refrescos a zumos y toda clase de bollería industrial, ya que también aguanta temperaturas elevadas. Todo el Acesulfamo K que se consume es excretado por los riñones ya que no se metaboliza y por lo tanto no se acumula en el organismo. Tampoco lo metabolizan las bacterias de la boca con lo cual no provoca caries. Tiene un retrogusto algo amargo y por ello es mezclado con otros edulcorantes que ven potenciado su dulzor. En España la ingesta máxima diaria es de 9 miligramos por kilo de peso, pero si no es metabolizado ¿por qué hay dosis máxima? Pues porque a largo plazo podría ser cancerígeno y causante de diabetes está solo aprobado desde 1980 y hay pocos estudios.

–Aspartamo o E-951: Este edulcorante se descubrió también por casualidad en un laboratorio farmacéutico americano allá por los sesenta del siglo pasado y enseguida se hizo ver como el “sustituto ideal” para los peligrosos ciclamatos. Se ha hecho omnipresente en los últimos 30 años en todos aquellos productos bajos en calorías o sin azúcar, aunque detrás de él hay mucha controversia ya que tras muchos estudios, y muchas puertas giratorias, hay bastantes dudas razonables de ser el causante de tumores cerebrales, cáncer, leucemias, TDAH, alzheimer y otras enfermedades hoy en día tristemente cotidianas. Y es que la ingesta de aspartamo produce unas dosis elevadas de metanol tóxico al ser metabolizado. Si en una etiqueta ves el obligatorio “contiene una fuente de fenilalanina” seguro que se trata del aspartamo. Así que si crees que tomar colas zero son mejores para tu organismo, una vez más te engañaron.

–Ciclamato o E-952: Descubierto en 1937 en la universidad de Illinois no se usó como sustituto sin calorías del azúcar hasta 1950. Pero tras el descubrimiento del aspartamo, y todos los intereses políticos y económicos creados a su alrededor, fue prohibido en Estados Unidos como posible causante de cáncer. También está prohibido Japón, México, Venezuela y Chile. En cambio está permitido en la Unión Europea y la OMS no lo tiene catalogado como cancerígeno. En España se aconseja una ingesta máxima diaria de 7 miligramos por kilo de peso. Muchas bebidas light se endulzan con este ingrediente.

–Eritritol o E-968: Se trata de un polialcohol o azúcar alcohol, como el xilitol. En las frutas y verduras maduras que se apochan y fermentan aparece de forma natural, industrialmente es el resultado de la fermentación de los azúcares del maíz y trigo por las levaduras Moniella pollinis. El organismo tarda mucho en convertir el eritritol en glucosa con lo cual es apto para diabéticos, aunque en personas sensibles puede producir efectos laxantes y molestias intestinales. De todos los edulcorantes nos parece el más pasable.

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–Isomaltitol o E-953: Es un azúcar doble, dos glucosas, que de manera natural se produce en los granos de cebada germinada, pero sintéticamente se obtiene de la hidrolisis del almidón. No es digerible con lo cual es apto para diabéticos, no provoca caries. Últimamente se usa mucho en repostería, y en Masterchef, ya que aguanta más calor que el azúcar normal y al fundirse queda transparente y brillante y no absorbe humedad (el isomalt es ese azúcar que estiran y soplan como si fuera vidrio). Tiene la mitad de calorías que la sacarosa y es probiotico. Junto con el eritritiol nos parece de los menos malos, pero nunca es una opción alternativa al azúcar blanquilla.

–Maltitol o E-965: Otro polialcohol obtenido de la hidrogenación del azúcar maltosa del almidón. Este edulcorante es más aceptado que otros polialcoholes por que no tiene un efecto mentolado y no varía el gusto de los alimentos. Tiene la mitad de calorías que el azúcar, también se metaboliza lentamente con lo cual es apto para diabéticos, no provoca caries ya que no es metabolizado por las bacterias de la boca. Puede producir efectos laxantes ya que por osmosis tiende a absorber agua. Se incluye en muchos productos industrializados y confunde al consumidor ¡quien va a pensar algo malo de un ingrediente que nos recuerda a la malta, el café de nuestras abuelas!

–Manitol o E-421: Un polialcohol más, este obtenido de la hidrogenación del azúcar manosa. No solo se usa en la industria alimentaria como edulcorante bajo en calorías sino también en medicina ya que por su gran efecto diurético ayuda a rebajar la presión en casos de cólicos de riñón, tensión craneal… este efecto también es peligroso si no se tiene bajo control pues puede producir deshidratación y acidificación.

–Neohespiridina Dihidrocalcona NHDC o E-959: Este edulcorante sintético con ligero sabor a regaliz se obtiene a partir de la neohespiridina presente en las naranjas amargas, se suele utilizar con otros edulcorantes que tienen un regusto amargo al final. Principalmente se usa en salsas como de tomate o mayonesas. Puede producir náuseas y dolor de cabeza si se abusa.

–Neotamo o E-961: Es un edulcorante de última generación resultante de la reacción del aspartamo con dimetilbutil (la Bomba H de los edulcorantes artificiales). De gran poder edulcorante 1300 veces más que la sacarosa y casi 30 veces más que el aspartamo y mucho más resistente a las altas temperaturas que éste último con lo cual lo hace más versatil. Al metabolizarse no produce tanta fenilalanina como el aspartamo con lo cual no tiene la obligación de poner “contiene una fuente de fenilalanina” pero sigue teniendo el resto de contraindicaciones del aspartamo.

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–Sacarina o E-954i: Su origen está en el tolueno y otros derivados del petróleo. Petróleo. Al tener un regusto amargo se combina con otros edulcorantes. Está presente en toda clase de productos tanto alimentarios como refrescos, yogures, productos de dietética y aptos para diabéticos, a granel para endulzar cafés y tisanas… y en productos de higiene como pastas de dientes y colutorios. Por su origen puede provocar alergias y produce cáncer de vejiga en ratones pero no se ha podido demostrar que también lo provoque en humanos. 

–Sorbitol o E-420: Se obtiene al reducir la glucosa del sirope de maíz y de otras frutas dulces como peras o melocotones. Se usa en muchos productos desde golosinas y chicles a productos de panadería y alimentos aptos para diabéticos. No provoca caries, pero si tiene efectos a nivel intestinal provocando flatulencias y diarreas que pueden ser graves y por ello no está permitido su uso en alimentación para menores de un año.

–Sucralosa o E-995: Se obtiene de manera sintética del azúcar de caña que es sometido a una halogenación (se sustituyen átomos de carbono por átomos de cloro) siendo 600 veces más dulce que la sucrosa pero con apenas calorías. El organismo no la reconoce como carbohidrato con lo cual no se metaboliza y por tanto no pasa al torrente sanguíneo ni aumenta el azúcar en sangre y por ello es apta para diabéticos. Los ingredientes halogenados son cancerígenos y a pesar de no metabolizarse, no está exento de polémica su uso.

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Y después de todo lo dicho RESUMIMOS:

– No hay alternativa buena a los 110 gramos de azúcar que como media consume un español medio. No y punto.

– La mejor forma de endulzar es usar fruta entera sin glasificar. Dátiles y orejones secos son nuestros preferidos (si quieres una receta de caramelo de dátil, Lala Kitchen tiene una que quita el sentío). Y el plátano sirve para hacer cremas y helados maravillosos.

– Si lo que quieres es hacer una sustitución más saludable del azúcar sin llegar a esos 110 gramos, nuestras mejores tres opciones son la stevia, la miel y el xilitol, seguidos de cerca del amazake y el sirope de dátil y un poquito más alejados los azúcares de palmera (coco, palmyra, arenga), así como el de panela. Pegadito a ellas los siropes de yacón, ágave y arroz. Un pasito por detrás el sirope de arce, el de remolacha y el concentrado de uva. Y por último el azúcar mascovado y el azúcar integral de caña.

– Por detrás de todos ellos los edulcorantes artificales. Nosotras no se los daríamos ni a nuestro peor enemigo.

 

¿Cómo reduzco el nivel de azúcar de mis hijos?

Vale. Las personas somos muy extremistas. Si estás dentro de esta ola de la Green Attitude, quieres llevar una vida más sana y ecológica y lees este artículo, es muy probable que te reafirme lo que ya llevas tiempo rumiando: que el azúcar es bastante más malo de lo que nos cuentan y es imperioso reducir su consumo. Y si tienes hijos puedes ver día a día como la adicción por el dulce les gana todas las partidas. Y te preguntas ¿Cómo lo hago? ¿Cómo reduzco su consumo de azúcar en casa? ¿Y en el cole? ¿Y qué le digo a mi familia para que no le compre mier** para merendar? Todo eso os lo respondemos en la última entrega de este especial sobre el azúcar.

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Top 3 endulzantes saludables para sustituir el azúcar blanquilla

by Nina Benito 28/02/2018

Cuando empezamos con una alimentación consciente y ecológica son muchas las dudas que nos asaltan y los pasos que vamos dando lleva, de forma inequívoca, a un cambio radical en nuestra alimentación, llegando al punto de dejar de pasear por el 80% de los pasillos de un supermercado habitual. Hoy os hablamos de una de las máximas preocupaciones: el azúcar, sobre todo si hay peques de por medio. ¿Hay algún azúcar saludable? ¿Puedo sustituir el azúcar blanquilla por otro azúcar que no sea dañino? ¿Cómo hago para que mis hijos rebajen su nivel de azúcar? Resolvemos algunas dudas y os proponemos nuestro particular top 3 endulzantes saludables para sustituir el azúcar blanquilla.

Vamos a tratar de responder todas esas dudas, aunque no siempre nuestras respuestas os gustarán. El tema del azúcar tiene muchas caras, es un poliedro difícil de dibujar, pero vamos a intentarlo ¡Empezamos?

¿Hay algún endulzante saludable que pueda usar para sustituir el azúcar blanquilla que sea saludable?

No y sí. Pues empezamos bien, pensaréis.

Os lo explicamos. Como dijimos en anteriores artículos, la media de consumo de azúcares libres en España es de 110 gramos diarios por persona y día, mientras que la OMS ha fijado en 25 gramos la ingesta diaria máxima para un adulto. Los azúcares libres son aquellos que están en los productos elaborados y los que se encuentran en los zumos naturales (aunque no tengan azúcar añadido) y miel.

Si lo que pretendemos es sustituir el azúcar blanco por panela, ágave, miel ecológica cruda o xilitol y seguir consumiendo esos 110 gramos de azúcares libres, la respuesta es NO. No es una buena alternativa. Sea el azúcar que sea, superar los 25 gramos de azúcares libres como norma es una bomba para nuestro hígado y nuestro páncreas y conduce, inevitablemente, al agotamiento de nuestras suprarrenales y de nuestro organismo acercándonos cada día más a las enfermedades asociadas con el síndrome metabólico.

En el caso de los azúcares que no se median de Insulina, consumir esos 110 gramos tampoco es buena idea (se convierten en tejido adiposo igualmente y no están exentos de efectos secundarios a altas dosis) ¡y mucho menos si se trata de edulcorantes artificiales!

Ahora, si eres consumidor consciente, de esos que echa la tarde en el supermercado (¡incluso ecológico!) girando envases para ver si el tomate lleva azúcar, si la leche vegetal lleva edulcorantes y optas por alimentos sanos y naturales tal y como nos los da la naturaleza o con la mínima intervención (frutas, verduras, carne, pescado, huevos, cereales, frutos secos, miel cruda, legumbres…) y tu aporte de azúcares extra son sólo unos pocos gramos al día. Entonces sí, hay opciones mucho más saludables que el azúcar y os vamos a hablar de ellas.

Por poner una comparativa sería como si un fumador adicto nos preguntara si fumar poleo del monte es mejor que fumar Marlboro. ¿Os acordáis cuando se anunciaba tabaco en la tele con el chulazo del vaquero y fumábamos hasta en los hospitales y en los vuelos intercontinentales? Hoy nos parece una aberración… Pues bien, si un fumador empedernido nos pregunta si fumar poleo del monte de su parcela ecológica es una buena alternativa… Sí, porque se quitaría todos los tóxicos añadidos del tabaco (melazas, alquitrán, nicotina y mas cientos de sustancias que le meten para que sigas enganchad@ y te sientas como una mierda cada vez que intentas dejarlo), pero no porque el mero hecho de fumar ¡es malo!

Esperemos que el consumo de azúcar sea pronto tan mal visto como el tabaco, aunque mucho nos tememos que tendrán que pasar décadas para ello…

Dicen que es mejor un azúcar de índice glucémico bajo ¿Qué es eso?

Vale, primero os vamos a contar de forma resumida qué es el índice glucémico. Como os dijimos los azúcares son hidratos de carbono, una gran fuente de energía para nuestro organismo y los clasificamos en monosacáridos (glucosa y fructosa), disacáridos (sacarosa o azúcar blanquilla, maltosa, lactosa…), polisacáridos (los más complejos como los almidones presentes en los cereales y legumbres). Además tenemos los hidratos de carbono no absorbibles que es la fibra vegetal. Quedaos con esto flotando en la cabeza que es muy importante.

El índice glucémico (IG) es la capacidad que tiene un hidrato de carbono para elevar la concentración de glucosa en sangre. Antes se hacía en rápidos (como la fruta) y los lentos (pan, pasta, arroz), por eso cuando íbamos a hacer gimnasia nos decían que tomáramos azúcar (en forma de azucarillo). Sin embargo el interés por la nutrición y el avance de la ciencia hizo que en 1981 David Jenkins, de la Universidad de Toronto, empezara a hablar del índice glucémico, ya que no se trata tanto de la rapidez con la que se absorbe como la capacidad que estos tienen de elevar la cantidad de azúcar en sangre después de ser ingeridos.

El problema es que para hacer estos cálculos se toma 50 gramos de hidratos de carbono de un alimento para compararlos con la ingesta de 50 gramos de glucosa y establecer ese IG, siendo los 50 gramos de glucosa los que tendrían un IG de 100, el valor más alto de la tabla. Si un alimento se aproxima a 100 en las tablas de índice glucémico, estimamos entonces que va a modificar la glucemia en forma similar a lo que lo hace la glucosa y viceversa.

  • Alimentos con IG alto: entre 100 y 70.
  • Alimentos con IG medio:entre 69 y 56.
  • Alimentos con IG bajo: 55 o menos.

Claro, si tenemos en cuenta que la pasta de sémola tiene unos 78 gramos de hidratos de carbono por cada 100 gramos de producto, es fácil coger 50 gramos de hidratos de carbono para calcular el IG (ya que sólo necesitamos 64 gramos de pasta) y nos da un IG bajo de 50. Pero cuando se trata de alimentos con proporciones muy bajas de hidratos de carbono, como la sandía que sólo tiene 3,7 gramos de hidratos de carbono por cien gramos ¡el cálculo de IG se hace con 1.350 gramos de sandía! ¿Quién se toma eso? Obviamente su IG es altísimo (75), pero nosotros nunca nos vamos a tomar esa cantidad de sandía para que la respuesta de nuestro organismo sea ese pico de glucemia tan elevado ¡sin embargo tomar el doble de esos 64 gramos de pasta no nos parece una barbaridad!

Hoy en día se considera que el IG es una medida desfasada que si bien en su día fue bastante revolucionaria hoy sabemos que no obedece a la realidad. Porque como os dijimos cuando ingerimos azúcares en alimentos naturales (frutas, verduras, legumbres), no los tomamos de forma aislada, sino que los tomamos junto con fibra, vitaminas, minerales, grasas, proteínas… y la respuesta de nuestro organismo no es la misma incluso en productos con el mismo índice glucémico, ya que depende de si esos hidratos de carbono van acompañados de proteínas, de grasas…

Eso por no hablar de la diferente respuesta de cada persona. Ahora ya se sabe que cada individuo responde de forma diferente a los mismos alimentos de idéntico IG. Obvio. Si dos personas comiendo lo mismo y teniendo una actividad física similar engordan de forma diferente ¿por qué el mecanismo de absorción de los hidratos de carbono va a ser idéntico en todas las personas?

Al desfasado índice glucémico (IG) le ha sustituido desde por el término carga glucémica (CG), un concepto propuesto por diversos científicos de la Universidad de Harvard en 1997, en el que el cálculo de esa carga glucémica se hace en relación con la cantidad de carbohidratos de un alimento asimilables contenidos en la proporción de alimento que se use. Una medida mucho más real. Así, si volvemos al ejemplo de la sandía podremos ver que su CG es sólo de 6. Una CG realmente baja que va a hacer trabajar muy poco a nuestro páncreas y nuestro hígado. Si nos vamos al ejemplo de la pasta, tenemos un alimento con una CG realmente alta, ya que su carga glucémica es de 43.

  • Alimentos con CG alta: más de 20.
  • Alimentos con CG media: entre 11 y 19.
  • Alimentos con CG baja: menos de 10.

Resumiendo podemos decir que el índice glucémico (IG) hace referencia a la velocidad con la que un hidrato de carbono es absorbido (por eso las frutas suelen tener IG altos, al igual que los alimentos muy procesados y aquellos que siendo naturales han pasado por cocciones largas o asados, por eso es mucho mejor dejar el arroz y la pasta ‘al dente’ y evitar cocciones muy largas de cereales).

Por su lado, la carga glucémica (CG) se refiere a la intensidad de la respuesta insulínica que va a provocar en nuestro organismo el alimento que hemos tomado, dando cuenta de una forma más completa del trabajo que nuestro organismo tiene que hacer para bajar esos niveles en sangre.

Todos estos términos nos parece interesante conocerlos, pero creemos que sólo las personas con diabetes o riesgo de padecerla y las personas muy deportistas (tipo fitness) deben tener en cuenta estos índices a la hora de alimentarse.

Alternativas al azúcar blanco

Después de tener todo esto muy claro y teniendo en cuenta que no hay sustituto bueno de 110 gramos de azúcares libres al día, sí podemos hacer que esos 25 gramos de azúcares libres sean lo más saludables posibles (y si un día especial lo quieres celebrar, también, ¡¡pasarse de vez en cuando no es un crimen!!), y ahora os vamos a dar algunas de las alternativas que más nos gustan en Orgànics Magazine:

Frutas:

Siempre ha de ser la primera alternativa. Siempre. Siempre. La fruta tiene vitaminas, minerales y fibra que hace que esos hidratos de carbono no se absorban, por lo que a igual cantidad de hidratos de carbono, los productos con fibra tienen una menor absorción de azúcares: menos trabajo para el páncreas, para el riñón, y menos grasa en nuestro cuerpo… (además de todas las cosas buenas que aporta a nuestro organismo). Para endulzar tenemos dos opciones preferidas:

1- Fruta seca. Sí. La mejor forma de endulzar es con dátiles, orejones, pasas… pero ¡ojo! Mirad muy bien en los envases que no contengan glucosa ya que muchos de estos productos van bañados para incrementar su sabor dulce ¡y eso no lo queremos! De esta forma si hacemos unas magdalenas y en vez de azúcar ponemos dátiles machacados estaremos aportando azúcares con minerales, vitaminas y un montón de fibra que harán que esas magdalenas sean diametralmente opuestas a las del súper. Y con los dátiles puedes hacer un dulce de dátil para morirse que sustituya al caramelo industrial.

2- Plátanos: Lo mismo pero con fruta fresca. ¡Pst! Si quieres hacer un helado delicioso puedes poner plátanos pelados en el congelador y luego batirlos con otras frutas congeladas (o con cacao puro desgrasado) y tienes un helado a-lu-ci-nan-te en segundos.

Para nosotras estas dos formas de arriba son las dos únicas validas al 100% para sustituir el azúcar, porque son frutas completas que NO computan como azúcares añadidos (vale, ahora vais a hacer una tarda con un kilo de dátiles y nos vais a preguntar si eso es bueno… Nostra culpa…). Y ahora vamos a ver las apuestas más seguras para Orgànics Magazine a la hora de hacernos dulces la vida. Aunque la primera de ellas es rebajar nuestro nivel de necesidad de azúcar. No se trata sólo de llegar a los casi utópicos 25 gramos, sino que nuestro cuerpo no necesite dos cucharadas de azúcar con la leche del desayuno y que el chocolate 100% chocolate nos pueda parecer delicioso y dulce per se.

Top 3 endulzantes saludables para sustituir el azúcar blanquilla

Estevia en hoja: El mejor endulzante para nosotras después de las frutas son las hojas de estevia crudas o secas. Lo ponemos después, pero podría estar al mismo nivel. Es El Mejor endulzante natural. Molidas o enteras pero sin procesar. No hablamos en este caso de los glucósidos de esteviol, la parte endulzante de la estevia aislada, que se vende en dispensadores tipo sacarina y cuya calidad va desde las ecológicas que sólo endulzan sin ninguna otra propiedad más, ni buena ni mala, a las que venden en el supermercado que es mier** con glucósidos de esteviol (si las plantas tienen alma estarán revolviéndose de dolor). No.

Aquí hablamos de las hojas de la estevia puras. Éstas se recolectan en otoño antes de que la planta florezca, se secan y se envasan. La estevia endulza 200 veces más que el azúcar blanco refinado pero sin sus efectos adversos, muy al contrario, la estevia posee muchas cualidades medicinales como regular el azúcar en sangre y por ello es apta para diabéticos, no provoca caries, sin calorías, vasodilatador, más antioxidante que el té verde, bactericida, fungicida, facilita la digestión… Tiene muchas propiedades y hasta hace poco ha sido una planta que estaba prohibida en la Unión Europea (como la marihuana) y sólo se podía vender los glucósidos de esteviol, es decir, la parte endulzante desprovista del resto de sus beneficios. Pero la presión de muchas marcas y productores ecológicos ha logrado desbloquear la situación y ahora la podemos comprar en hoja y la propia planta para cultivarla en casa, sin cometer un delito por ello.

Es el endulzante ideal para los diabéticos ya que tiene una acción similar a la insulina natural y ayuda a las células a asimilar la glucosa, por lo que por un lado tenemos menos picos de insulina y, por otro, una mayor efectividad en el aporte de glucosa a la célula, abriéndose la puerta a tratamientos complementarios en personas diabéticas y, sobre todo, prediabéticas. Son muchos los estudios que se han hecho a este respecto, y en otros se destaca además de su poder antioxidante y antimicrobiana, el de ser preventiva de la caries. Además se perfila como un potente cardiprotector de los fibroblastos cardíacos, lo que podría utilizarse en patologías coronarias derivadas, entre otros, por los estragos que el azúcar común provoca en nuestro cuerpo.

Con estos links no hacemos sino esbozar los miles de estudios sobre esta planta que ha estado prohibida durante mucho tiempo en Europa y que ahora, dada la presión social y el aluvión de estudios en su favor, han tenido que levantar la veda a una planta criminalizada durante mucho tiempo, no sin la presión de la blanca industria…

La estevia se puede comprar en muchos sitios a granel como en ecorganic.es a 4,34 euros los 100 gramos, o en paquetes como este de 40 gramos de Estevia del Condado por 3,25 euros en steviadelcondado.com


También tenemos la opción de obtener sus propiedades concentradas por pulverización en este paquete de 100 gramos de stevia instant de Medherbs en conasi.eu por 8,00 euros. Eso sí, en este extracto su sabor es tan potente que debemos usarlo como si se trataya de cayena picante ¡es súper potente! Perfecto para hacer pastas de dientes, para endulzar asados y bizcochos, para infusiones… ¡y con el sobre tenéis para casi toda la vida!

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Miel: A pesar de que la miel se considera un azúcar libre, en Orgànics Magazine no estamos de acuerdo completamente con la OMS. Si bien es cierto que la miel es eminentemente glucosa con un elevadísimo IG (104 nada más y nada menos), y que sus aportes de calcio, cobre, hierro, magnesio, manganeso, zinc, fósforo, potasio, aminoácidos, ácidos orgánicos y vitaminas del complejo B, C, D y E son muy abundantes en número pero muy bajos en cantidad como para incidir en nuestra nutrición, no es menos cierto que la miel ecológica cruda (la no pasteurizada) contiene sustancias fitoquímicas muy beneficiosas para nuestro organismo y que confieren a la miel un valor adicional, como los antioxidantes, las enzimas (catalasa, glucosa, oxidasa, peroxidasas), así como otros químicos como los ácidos fenólicos y los flavonoides. Dos palabras que se encuentran detrás de los ingredientes más potentes que vamos descubriendo y cuyas propiedades resaltan miles de estudios por todo el mundo.

Así, la miel de mielada (las llamadas mieles del bosque) son más ricas que las mieles de flores. Y las más oscuras también tendrán más compuestos fenólicos que las claras. De hecho, algunas mieles tienen un nivel de antioxidantes similar a las frutas, por eso es una de nuestras opciones preferidas a la hora de endulzar. Quizá no tendríamos que ponerla en primer lugar porque no creemos que sea el mejor sustituto del azúcar para usarlo en grandes cantidades (hacer un bizcocho con miel, por ejemplo), pero para el consumo diario, para poner en la leche de por la mañana, para una tostada con miel, en vez de crema de cacao… La miel para nosotras es un alimento que no deberíamos excluir de nuestra dieta. Por mucho índice glucémico que tenga (siempre os hablamos dentro de una dieta que cumpla las recomendaciones de la OMS, si te vas a meter 110 gramos diarios de azúcares ya puedes hacerlo con miel de Manuka –dicen que es la mejor del mundo- que tu organismo enfermará igualmente). Así que este primer puesto es una cuestión de justicia…

Eso sí, jamás se la podemos dar a un niño menor de un año. Las esporas del botulismo pueden acabar en la miel y el proceso de pasteurización no garantiza su eliminación (y menos si consumimos miel cruda ecológica). Esas esporas también sobreviven al ataque ácido del estómago y pueden colonizar el intestino del bebé, con una microbiota muy pobre y pocas defensas para hacerle frente, donde germinan y producen la neurotoxina botulínica que si bien en Europa no es mortal, sí puede desencadenar enfermedades cuando el bebé crece, principalmente de índole respiratoria. Lo bueno es que es un riesgo que desaparece al año de edad, cuando el bebé ya tiene un sistema inmunológico fuerte.

Para nosotras una de las mejores mieles que hemos probado es esta de Ecorganic. Cruda y sin pasteurizar, tiene un ligero sabor a yema tostada que nos vuelve locos. Este tarro de 800 gramos de miel de mil flores cremosa de Ecorganic la encontramos en estos supermercados por 6,50 euros.

Si buscáis una miel con un menor índice glucémico tenéis que tomar miel de acacia y este tarro de 230 gramos de la marca austriaca Sonnentor, que además le añade un toque exótico con la vainilla, lo podéis encontrar en conasi.eu por 7,50 euros. Una verdadera delicatesen para los amantes de las mieles, como nosotras…

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Azúcar de Abedul o Xilitol: lo empezaron a usar los finlandeses después de la segunda guerra mundial ante la falta de abastecimiento de azúcar blanca. Los finlandeses lo extraen de la corteza del abedul y éste es el auténtico xilitol, ya que también se puede extraer de las mazorcas de maíz o de la caña de azúcar, pero el de abedul es el de verdad. Es un endulzante del grupo de los polioles o alcholes de azúcar y su código alimentario es el E-967, pero por su origen natural y por sus saludables cualidades no debe meterse en el mismo saco que el resto de polioles como el sorbitol, manitol… el xilitol es apto para diabéticos y además de que no provoca caries remineraliza el esmalte dental y combate la placa, es alcalinizante, prebiótico… En definitiva es uno de nuestros endulzantes preferidos, pero cuidado, para cocinar no carameliza y su exceso puede provocar diarrea (y ni que decir tiene que con 110 gramos diarios y siendo un poliol corremos el riesgo de padecer hígado graso).

Este paquete de 300 gramos de la marca Drasanvi lo encontramos en casapia.com por 6,20 euros, y si preferimos en cómos sobrecitos unidosis los tenemos de la marca Abedulce por 9,95 euros el bote con 50 sobres de 8 gramos cada uno en conasi.eu. Esto de las monodosis (aunque 8 gramos nos parece un sobre excesivamente grande) nos encanta si vamos a salir por ahí y no queremos prescindir de un endulzante, aunque lo mejor es que vayamos bajando nuestra percepción del dulce. Cuando te acostumbres es como dejar de fumar (si es que has fumado en algún momento) se despiertan los sentidos y aprendes a apreciar el verdadero sabor de los alimentos.

En cuanto al sabor, bueno, imaginad que nos metemos una gragea de chicle de fresa en la boca. Ese frescor inicial es el del xilitol. Para nosotras es el mejor sustituto del azúcar para los peques cuando empezamos a rebajar sus niveles de azúcar. Primero porque los gránulos y el color son muy similares al azúcar. Porque no es cariogénico (y eso que nos llevamos). Es más. Remineraliza los dientes. De hecho algunas marcas lo venden como una alternativa a la pasta de dientes cuando salimos de casa. Puede parecer de locos, pero terminar una comida de empresa con un poquito de este azúcar en la boca ¡ayuda a combatir la placa bacteriana!

Genial para poner en las tostadas con mantequilla, con las fresas, en la macedonia y en todo lo que a los peques les guste sentir el crujido del azúcar. La idea es rebajar poco a poco ese nivel de dulzor hasta llegar a las recomendaciones de la OMS. Si nos quedamos en la mera sustitución sólo lograremos que no tengan caries, pero le haremos un flaco favor al organismo. Es apto para diabéticos ya que no necesita de la insulina para ser metabolizado.

Estos son nuestros top 3 endulzantes saludables para sustituir el azúcar blanquilla. Pero no son los únicos endulzantes saludables de los que os vamos a hablar. Dentro de muy poquito  os damos una lista detallada con todos los azúcares, siropes y melazas que hemos catado y analizado… ¡no os lo perdáis!

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Nos dijeron que el malo de la película eran las grasas, pero nos mintieron

by Nina Benito 16/02/2018

Cada vez son más los estudios científicos que avalan el decisivo papel del azúcar en muchas de las enfermedades del siglo XXI, desde el sobrepeso y la diabetes, hasta enfermedades coronarias, pasando por diversas dolencias asociadas con el síndrome metabólico, déficits de atención y alteraciones del comportamiento e, incluso, el cáncer y que han hecho que muchos especialistas afirmen que las generaciones futuras vivirán menos que nosotros.

Una cuestión de peso

No es nada nuevo si os decimos que el exceso de azúcar causa sobrepeso. Pero esta asociación no siempre ha sido así. Hace unas décadas la culpa del sobrepeso era, exclusivamente, de las grasas.

Pero lo cierto es que en Estados Unidos, la madre de todas las tendencias (buenas y fatales), a pesar de la campaña contra las grasas que se emprendió hace ya cuatro décadas los índices de obesidad siguen creciendo año tras año.

Y no sólo la obesidad. Sino que junto al sobrepeso hay todo un catálogo de enfermedades imposibles de enumerar que se han englobado bajo el nombre de enfermedades metabólicas. Porque después de décadas de criminalizar las grasas como foco de todos los males obesogénicos del primer mundo, la ciencia demuestra que el foco estaba desviado.

Pero no por casualidad.

Azúcar versus grasas

Hace dos o tres siglos el consumo anual de azúcar en era de dos kilos en occidente. En 2013 la media europea era de 37,1 kilos por persona mientras que en Estados Unidos ya supera de largo los 50 kilos de azúcar al año.

Junto con este incremento del consumo de azúcar se sitúa el incremento de determinadas enfermedades, como la obesidad. Hace un siglo en Estados Unidos sólo el 4% de las personas eran obesas. Hoy en día una de cada tres personas lo es. Y no hablamos de sobrepeso, de tener unos kilos de mas, de esos michelines que tanto nos miramos en el espejo. Hablamos de obesidad. (Con un Índice de Masa Corporal superior al 30).

Y si crees que esas cifras tan exageradas no se podrían dar en España, cuna de la dieta mediterránea, os diremos que los datos son más que preocupantes en nuestro país, ya que somos el país más obeso de Europa tras Reino Unido (y cuando se culmine el Brexit tendremos el honor de ocupar el primer puesto del ranking). Así, el informe The Economist de 2016 sobre sobrepeso arroja unos datos que nos producen escalofríos. El 17% de los españoles sufre obesidad y el 53,7% tiene sobrepeso.

Es decir, el 70,7 por ciento de la población española está pasada de peso.  

Pero ¿Cómo hemos llegado a esto? [entradarelacionada id=»19842″]

Si hacemos un breve recorrido por la historia del siglo XX veremos que hay algunos hitos que han servido a la industria de la alimentación (por así llamarla) para colarse en cualquier resquicio de nuestra vida.

A principios del siglo XX tanto en Europa como en Estados Unidos, la estructura familiar se mantenía prácticamente igual que durante miles de años. Tras la Segunda Guerra Mundial la incorporación de la mujer al trabajo no era ya una cuestión de subsistencia (como hasta a aquel momento), sino que era cuestión de patriotismo (sobre todo en Estados Unidos). Las mujeres se lanzaron a levantar el país con el apoyo de toda la maquinaria del Estado. Y la industria alimentaria corrió a socorrer a esas mujeres trabajadoras para que la atención del hogar no fuera tan extenuante. ¡Ya no tenían que pasar horas cocinando! Platos preparados, comida en lata y salsas y condimentos de todo tipo hicieron más fácil la conciliación laboral de las mujeres estadounidenses que dejaron de cocinar.

Y la población empezó a engordar.

Y era bueno. Porque en nuestro imaginario colectivo una persona gorda es una persona sana. Es una persona con reservas y bien alimentada. Un bebé regordete hace que se nos caiga la baba, mientras que uno delgaducho nos transmite enfermedad. Lo llevamos grabado a fuego.

Pero junto con la obesidad empezaron a crecer determinadas enfermedades como la diabetes y las afecciones cardíacas.

Era hora de ponerse manos a la obra.

En la década de los setenta el doctor en medicina y fisiólogo de la Universidad de Londres John Yudkin puso el acento en el alto consumo de azúcar como causa de enfermedades metabólicas como diabetes o enfermedades coronarias. Y lo puso todo patas arriba.

Tanto es así que en 1972 publicó su libro “Puro, Blanco y Mortal”, una dedicatoria al azúcar que no gustó a la industria alimentaria, quien contrató a Ancel Keys, médico de la Universidad de Minnesota, quien afirmaba que el verdadero asesino eran las grasas en la dieta.

Cada vez que Yudkin escribia un artículo, Keys, avalado por la industria azucarera, decía lo opuesto.

https://www.youtube.com/watch?v=cGP13RtsMC0

Y los medios de comunicación tomaron parte.

azúcar versus grasas

Portada de la revista Times de 1984 que zanjaba la guerra entre Yudkin y Keys. Las grasas eran las malas de la película…

Eran el Karpov y el Kasparov de la medicina. Sólo que uno de ellos hizo trampa. El entramado de apoyos de Keys de la industria azucarera junto con los millones que la industria invertía en desacreditar a Yudkin sólo se hicieron públicos años más tarde, cuando Yudkin había sido ridiculizado y apartado de la comunidad médica. Un daño del que nunca se le resarció y cuyos argumentos y previsiones se retoman casi cincuenta años más tarde con una clarividencia casi absoluta.

Pero en los años 70 Yudkin había perdido la batalla y la industria se centró en producir masivamente productos bajo la nueva premisa: grasas 0%. Pero ¿A qué sabe un producto cuando le quitas la grasa? Sin grasas la palatabilidad de los productos se acercaba al cartón más de lo deseado. Algo tenían que hacer para incrementar la palatabilidad de los productos bajos en grasas y alguna mente pensante exclamó ¡AAAAAASucar!

Y se bajaron los niveles de grasa y se incrementaron los de azúcar. Y el azúcar se volvió omnipresente: en salsas, zumos, panes y bollos, platos precocinados, comida en lata, pizzas, especias, leche (de esta nos libramos en España)… Porque el azúcar no sólo es adictivo, sino que también potencia el sabor, la palatabilidad y acerca nuestro producto, sea el que sea, a un sabor más perfecto que cuando tenían más grasas. Y, además, las grasas provocan sensación de saciedad y los azúcares te hacen seguir comiendo más y más.

Mini punto para la industria azucarera.

Si quieres un plato delicioso échale azúcar

Tal es la palatabilidad que le otorga el azúcar a un producto que en la actualidad más del 70% de los productos envasados contienen azúcar añadido ¡más del 70!

¿Quieres que esas salchichas con sólo un 40% de carne sepan tan ricas que nadie se encargue de girar el envase para ver que vendes fécula a precio de oro? Añádele azúcar.

¿Tienes una salsa de tomate corriente y moliente?, añádele azúcar y tendrás un delicioso kétchup para las patatas. ¿Quién no va a querer darle a sus hijos patatas con tomate? ¡Es el top de lo saludable!

¿Que haces sopas en sobre de escaso valor nutricional y con un sabor que delata el hecho de que sólo lleve un uno por ciento de verduras? ¡No pasa nada! Échale azúcar y su sabor sorprenderá. Pst. Si además le añades alguna grasa como la de palma se eleva la palatabilidad a los altares del sabor.

Ahora sólo te hace falta un buen equipo de marketing que destaquen ese uno por ciento de ingredientes como si fueran la base del sobre y ¡ta chan! tendrás que ser una empresa muy tonta si no vendes sobres a casco porro.  

Y las casas se llenaron de productos light, 0% de grasas y se llenaron de azúcares ante la impasividad de las autoridades sanitarias. Bueno, no. Vamos a ser justas. Impasividad no. Cooperación necesaria.

Hemos donado sangre durante años y al acabar de donar nos han dado un bocadillo de chorizo con pan de supermercado y una coca cola. De las normales. Nada de cero ni tonterías de esas. [entradarelacionada id=»19721″]

Hemos ido al hospital público y en la planta de ingresos infantiles un ristra de máquinas de vending llenas de chocolates, refrescos, snaks, patatas y todo ese tipo de productos para que los peques los disfruten, pobrecitos, encima que están ingresados…

Y podríamos seguir dando ejemplos que afloran a nuestra mente de esas excursiones de colegio a la fábrica de Coca Cola ¡incluso a las de cervezas!, a las de yogures y a otras industrias alimentarias donde se nos explicaba las grandes bondades de sus productos… Y las sibilinas acciones siguen con reuniones en los centros de amas de casa de las pequeñas localidades donde las empresas de alimentación regalan productos a las asistentes y les informan de lo maravillosos que son sus productos. De cómo hay que alimentar de forma saludable a los pequeños con Cola Cao, galletas Dinosaurus y, eso sí, leche semidesnatada. Y además las galletas las avala la Asociación Española de Pediatría ¡eso tiene que ser lo mejor para nuestros hijos! Si queréis saber algo más de las vinculaciones entre empresas de alimentación, fundaciones para la salud y organismos que se suponen velan por nosotros, os recomendamos encarecidamente la lectura de este salvaje, esclarecedor y milimétricamente documentado informe sobre el Lobby de la Alimentación… Pocas palabras restan ya…

Eso sí, si buscas el nombre azúcar en tu despensa no lo encontrarás fácilmente, aunque de eso no te hablan en esas charlas, ni en los anuncios, claro. La industria es muy hábil y lo camufla bajo los más de cincuenta nombres que existen para denominar el azúcar. Algunos de ellos son:

Azúcar turbinado, sirope de malta, maltosa, galactosa, azúcar raw, glucosa, sucrosa, azúcar, azúcar de remolacha, manitol, azúcar moreno de caña, azúcar invertido, isomalt, azúcar amarillo, sirope de azúcar, ethyl maltol, zumo concentrado de frutas, azúcar de caña deshidratado, azúcar de maíz, jarabe de maíz de alta fructosa, azúcar demerara, azúcar mascobado, lactosa…

Pero después de haber puesto en marcha toda la maquinaria y de rebajar las grasas hasta el 0%, la obesidad no bajaba. Ni las enfermedades coronarias. Ni la diabetes.

De hecho seguían incrementándose.

A pesar de las clases de Jane Fonda y de Eva Nasarre para poner en forma a la ciudadanía. A pesar de teñir (inundar diríamos) de rosa y lila los supermercados con productos 0% grasa. A pesar de todo eso. La obesidad, la diabetes, las enfermedades coronarias y el resto de dolencias metabólicas siguen creciendo.

Tanto es así que el doctor Yoni Freedhoff de la Universidad de Ottawa afirma que la diabetes tipo 2 en niños menores de 10 años, obesidad infantil, hígado graso no asociado al alcohol en adolescentes y enfermedades cardiovasculares han aparecido en los últimos años con dureza en todo el mundo. “Las probabilidades de vivir por encima de los 70 años en estas condiciones son realmente bajas”, afirma.

Así que hemos pasado de pensar que las generaciones futuras vivirán más de cien años a creer que tendrán la esperanza de vida del período de entreguerras.

¿No os parece que algo estamos haciendo mal?

azúcar versus grasas

En 1999 la revista Times volvía a hacer hincapié en el tema del colesterol. Ahora las grasas ya no eran las malas…

Desde el demoledor libro del doctor Yudkin son muchos los estudios que se han realizado en los que se vinculan el consumo elevado de azúcar, y no de grasas con enfermedades como un elevado riesgo de enfermedades coronarias si se consumen más de dos refrescos al día. También se asocia el consumo de refrescos azucarados y con cafeína con un mal funcionamiento del sistema de la insulina (o dicho en otras palabras, una predisposición a la diabetes).

Tanto es así que una sola lata al día ya provoca cambios en el metabolismo de algunos lípidos como los ácidos biliares.

Y si eres de los que piensa que estás a salvo porque los tuyos son Light o Zero…, no tenemos buenas noticias, ya que los edulcorantes artificiales aceleran el desarrollo de la intolerancia a la glucosa, o sea, también nos acercan un poquito más a la diabetes.

Pero no sólo con la sacarosa lo tenemos crudo. Se han realizado estudios sobre la fructosa, un ingrediente peor que la glucosa para nuestro metabolismo. Y cuando hablamos de fructosa no nos referimos al azúcar que está presente de forma natural en las frutas ¡que no os engañen con que es el azúcar de la fruta!

Cuando hablamos de fructosa nos referimos a la fructosa añadida, la que va en forma de sirope de maíz (High-Fructose Corn Syrup HFCS), uno de los ingredientes más peligrosos de la composición de un ¿alimento? Pero que pasa desapercibido porque no contiene la palabra azúcar.

Y también hablamos de la fructosa como optativa al azúcar, sobre todo si os lo venden como que es algo natural ‘cari, pero si es el azúcar de la fruta, anda pruébalo y ya me dices’… Y mucho menos como alternativa al azúcar ya que es tolerada por los diabéticos. Si recordáis os contamos que la glucosa puede ser metabolizada en las células, pero la fructosa sólo se metaboliza en el hígado. La doctora Meira Field realizó un estudio con ratas y observó el hígado de las ratas sometidas a una dieta rica en fructosa era semejante al hígado de alcohólicos, veteado de grasa y cirrótico.

También, se ha demostrado que el consumo excesivo de fructosa en mujeres embarazadas daña la placenta y provoca estrés oxidativo en los fetos.

Si queréis saber cómo se elabora la fructosa os dejamos este documento donde podéis comprobar como de natural tiene bien poco…

Y si piensas que la clave está en la palabra exceso, os recordamos que la OMS establece en 25 gramos por adulto y día el tope de consumo total de azúcares libres, y los españoles consumimos un total de 110 gramos diarios de azúcares libres.

Así que cualquier consumo que consideremos ‘normal’ de azúcares es excesivo para nuestra salud.

También el azúcar se vincula con enfermedades como el cáncer. Y es que es tan adictiva que es el alimento básico de las células tumorales. Se sabe desde hace muchas décadas que las células tumorales consumen grandes cantidades de glucosa para multiplicarse rápidamente Afortunadamente ahora se ha descubierto la proteína de la membrana celular tumoral que atrae la glucosa como un imán. Porque las células cancerígenas también son adictas al azúcar.

También los refrescos aparecen vinculados a la palabra cáncer en muchos estudios, como este donde se relaciona el consumo de estas bebidas con el cáncer de páncreas.

Trastornos en el comportamiento y dependencia. De esto os hablamos detenidamente en el anterior artículo, así que no nos vamos a extender, pero destacamos este estudio en el que se afirma que la cocaína y la heroína son menos adictivas que las galletas Oreo. O estos dos artículos en los que se demuestra que en nuestro sistema de recompensas el azúcar sobrepasa a la cocaína y produce efectos neuronales y comportamentales similares a las de los opioides.

Con todo esto ¿Sigues pensando que una peli con chuches y refrescos es un sábado especial con tus hijos? ¿Una celebración? ¿Un premio?

Porque lo más problemático del azúcar no son las enfermedades metabólicas que provoca. Lo más peligroso es la dependencia psicológica que genera, el hecho de que siempre queramos más.

Sólo entendiendo que es una dañina droga podamos ver estos vídeos bajo una nueva perspectiva…

https://www.youtube.com/watch?v=YMH6Tpa2toA

 

https://www.youtube.com/watch?v=e6n2-lHLGnE

Ni que decir tiene que el tiempo le ha dado la razón al doctor Yudkin y, como una tímida disculpa, los medios de comunicación se han reconciliado con las grasas y apuntan al azúcar como el verdadero culpable (aunque vivimos en una sociedad de contrastes y entre el blanco y en negro hay una inmensa gama de grises).

Come mantequilla. Los científicos etiquetaron a las grasas como el enemigo. El por qué estaban equivocados. Con esta portada de 2014 el Times se sacude la culpa…

Así, el siglo XXI nos sorprende con tardías propuestas para eliminar los productos procesados ricos en azúcares de cafeterías de colegios e institutos, con impuestos de lujo a los refrescos y con una oleada de iniciativas contra el azúcar que no pretende sino desviar la atención y sustituir los azúcares por edulcorantes como el aspartamo, la sacarina o el ciclamato.

Pero ¿son estos edulcorantes mejores que la sacarosa?

¿Hay alternativas saludables al azúcar blanquilla?

¿Cuál es el mejor azúcar para dar a los peques?

Todo eso os lo contamos en el siguiente artículo.

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Calorías vacías y adicción al azúcar: la punta del iceberg

by ninabenito 07/02/2018

Calorías vacías. Una frase que todos hemos escuchado muchas veces al hablar del fast food o de los alimentos ricos en azúcares o grasas hidrogenadas. Pero ¿Qué es exactamente eso de las calorías vacías? ¿A qué podemos llamar calorías vacías? Y ¿En qué se diferencian las calorías vacías de las que no lo son? ¿Acaso 100 kilo calorías de plátano no son igual que 100 kilo calorías de gominolas?

Las calorías vacías: el enemigo número uno de tu cuerpo

Las calorías vacías son aquellas que contienen los productos que no aportan nada útil para nuestro organismo. Así de sencillo. Y de complicado al mismo tiempo.

Lo explicamos un poquito…

Digerir alimentos es tremendamente costoso para nuestro organismo. Poner en marcha la digestión consume muchos recursos de nuestro cuerpo, ya que, para digerir cada alimento, nuestro organismo tiene que reducirlo a la mínima unidad asimilable.

Pero ese gasto no se hace sólo en forma de calorías. Esa es uno de las tragedias de nuestra sociedad, la cuenta de calorías, ya que, si sólo contemplamos el consumo de calorías al poner en marcha nuestro organismo para digerir, la mayoría de nosotros estaremos más que ilusionados de librarnos de unas calorías de más cada vez que comemos.

Pero junto esa energía calórica que quemamos, nuestro organismo consume vitaminas y, sobre todo, minerales (magnesio, calcio, sodio y potasio) que moviliza de nuestro cuerpo para digerir esos alimentos. Es como si pidiera un préstamo a nuestro cuerpo porque luego, con el alimento que va a comer, se lo devolviera con intereses.

Por eso nos entra modorra después de comer, por eso no debemos bañarnos después de comer. Porque nuestro organismo está centrado en esa ardua tarea que es la digestión y para ello invierte muchos recursos. No sólo calorías.

Por ejemplo, la glucosa para poder ser metabolizada por nuestro organismo sufre algunos cambios químicos y se transforma en piruvato. Para ello se necesita magnesio y fósforo que se ‘secuestra’ de nuestro organismo para poder metabolizar esa glucosa.

Normalmente, los azúcares (monosacáridos, disacáridos, polisacáridos) no están solos en la naturaleza. Un cereal integral, una fruta con piel, una verdura o la misma miel contienen nutrientes, vitaminas, minerales, proteínas y enzimas que el organismo necesita y que ayudan a digerirlos.

Y no sólo eso. En el caso de los alimentos con fibra (frutas, verduras, cereales y legumbres), ésta hace que las paredes del intestino no absorban todo el azúcar (fructosa) presente en estos alimentos, por lo que 100 calorías de plátanos, con su potasio y magnesio, sus muchas vitaminas y su ácido fólico (por mencionar algunos de los nutrientes que nos aporta), es radicalmente diferente a 100 calorías de gominolas que sólo tienen hidratos de carbono de cadena corta.

Entonces ¿Qué pasa en nuestro organismo cuando tomamos chuches o un refresco? Nuestro cuerpo hace un esfuerzo tremendo para compensar todo ese exceso de azúcar, secuestrando minerales básicos para nuestro organismo como el magnesio ¡pero no es el único! y a cambio el refresco no le aporta más que un extra de glucosa que, rápidamente, nos provoca un pico de glucemia, teniendo que invertir más recursos para bajar esos niveles de glucemia, haciendo trabajar al hígado y al páncreas para equilibrar ese aluvión de azúcar que acaba de entrar en nuestro estómago y convirtiendo las ingentes cantidades de azúcar extra de nuestra dieta en grasa.

Y ¿qué se lleva nuestro organismo a cambio de ese esfuerzo?

¿Magnesio? ¿Vitamina A, C o B? ¿Calcio? ¿Fósforo? ¿proteínas? ¿ácidos grasos esenciales?

Nada.

Las calorías están vacías. Nada acompaña a ese azúcar.

Nuestro cuerpo ha hipotecado minerales y vitaminas para digerir ese refresco o esa gominola haciendo un esfuerzo tremendo y el resultado final es una inyección de calorías y una merma de nuestras reservas de minerales y vitaminas.

Con cada vaso de refresco tu organismo se empobrece un poco más.

En el caso del plátano, esa fructosa es transformada en parte en glucosa que ha alimentado el cerebro y nuestras células sin sobrecargar nuestro organismo, ya que el magnesio y el potasio (entre otros muchos elementos) que ha invertido en digerirlo le han sido devueltos a nuestro cuerpo con el regalo extra del ácido fólico, el calcio, el fósforo, el zinc, el hierro, las vitaminas A, B1, B2, B3, B5, B6, B7, B9, B12, C, D, E, y la vitamina K, mientras que los 3 gramos de fibra que contiene el plátano cada 100 gramos de producto, ayudan a nuestro tránsito intestinal, favorece la microbiota buena y han ayudado a que el contenido de azúcares (fructosa) de los plátanos que es del 17%, no se haya absorbido por completo por nuestro organismo y no se almacene de forma tóxica en el hígado.

Al final, el esfuerzo obtiene una recompensa y a nuestro organismo le es devuelto lo que apostado. En el caso de los productos altamente procesados con grandes cantidades de azúcares (refrescos, bollería industrial, chuches, zumos, batidos, helados…) nuestro organismo siempre pierde la partida, ya que ha invertido muchos más nutrientes necesarios en digerir esos productos de lo que le es devuelto.

Y, además, lo que se lleva es un exceso de glucosa que no necesita (en el mejor de los casos) y un exceso de grasas saturadas (si hablamos de bollería y productos altamente procesados).

No sólo son calorías vacías, sino que son calorías asesinas. Con cada refresco nuestro organismo empobrece un poco más.

Y esto es así porque el azúcar refinado ha sido desprovisto de cualquier alimento.

¡Ah! Y si piensas que estás a salvo porque tú tomas colas light o zero… pues es lo mismo. Quizá no te lleves esas calorías de más, pero tu organismo continuará teniendo menos minerales y vitaminas que antes de tomarla. Por no hablar de la toxicidad de esos edulcorantes artificiales… De hecho se calcula que si una persona toma un solo refresco al día tiene un 29% más de probabilidades de sufrir diabetes. Independientemente de lo que ingiera con él y de si es light, zero o normal.

Así que ya sabemos que el azúcar se llama realmente sacarosa, que no es un alimento y que no es la chispa de la vida…

El azúcar, tan natural como la cocaína

Pero, al menos, es un alimento natural ¿no?

Bueno, que su base sea la remolacha o la caña de azúcar no lo convierte en un alimento natural.

Decir que el azúcar es natural es como alabar las propiedades naturales de la cocaína. De hecho, el azúcar se purifica y altera más que la cocaína (y es más adictivo que ésta, pero de eso hablaremos luego).

Como hemos dicho, el azúcar blanquilla se extrae principalmente de la remolacha y la caña de azúcar, dependiendo del lugar en el que nos encontremos. En España y el resto de Europa se cultiva la remolacha azucarera, mientras que en latitudes más tropicales se extrae de la caña de azúcar.

Para la elaboración del azúcar se procesa y se purifica una y otra vez hasta dar con los gránulos blancos que llegan a nuestras casas. A pesar de lo bien que suena la palabra purificar en realidad deberíamos decir ‘adulterar’. En este documento oficial podéis leer todo lo que se puede echar de forma legar para elaborar el azúcar. No sé a vosotros, pero a nosotras nos provoca escalofríos…

Para la refinación se puede usar:

Anhídrido carbónico (EE–2290))..

Hidróxido cálcico (EE–5526))..

Hidróxido sódico (EE–5524))..

Carbonato sódico (EE–5500i))..

Sulfato cálcico (EE–5516))..

Ácido sulfúrico (EE–5513))..

Ácido clorhídrico (EE–5507))..

Alcohol isopropílico..

Resinas intercambiadoras de iones..

Para el control de microorganismos, es decir para que no se enmohezca ni haya proliferación bateriana de ningún tipo, podemos añadir Cianoditioimidocarbonato disódico..

Etilendiamina. (Sí, la famosa EDTA de los cosméticos)

N–mmetilditiocarbamato potásico..

Etilenbisditiocarbamato disódico..

Compuestos de amonio cuaternario.. (otros tóxicos conocidos de los INCI tradicionales)

Mezcla de β-ácidos naturales procedentes del extracto de lúpulo.

Y como antiespumantes tenemos

Polietilenglicol.. ¿Os suenan? Son los famosos PEG

Polipropilenglicol..

Oleato de polietilenglicol..

Oleato de glicerilo..

Aceite de parafina..

Aceite de vaselina.. (¿parafina? ¿vaselina? ¿100% natural?… creo que no)

Monoestearato de sorbitan (E-4491)..

La lista sigue con los floculantes, los inhibidores de las incrustaciones y los filtrantes… y parece que estemos hablando de un producto para pintar paredes o barnizar madera…, pero no. Es del azúcar de lo que se habla.

En resumidas cuentas, del alimento original queda menos de un 10% cuando llega a nuestra mesa… No queda rastro de las vitaminas, la fibra y los minerales y sí muchas partes por millón de todos estos tóxicos.

En este documental de la BBC se explica muy bien todo

Si tenemos en cuenta que muchos de estos ingredientes son carcinógenos y que todo lo que consumimos envasado lleva azúcar hasta más de en un 75% (como el Cola Cao o Nesquik), veremos que no sólo es una locura lo que el azúcar le roba a nuestro organismo, sino que nunca nadie nos ha contado la cantidad de tóxicos que lleva ese veneno blanco. ¿O alguien puede leer en el envase qué lleva, aunque sea en partes por millón, el azúcar blanquilla? Y, ojo, es totalmente legal que no lo podamos saber, ya se encargan las azucareras de que sean nuestros propios gobernantes los que les den carta blanca, nunca mejor dicho, para hacer lo que les venga en gana y declarar el azúcar como un alimento, sano y natural.

Pues vale. Ya sabemos que no se le debería llamar azúcar (sino sacarosa), que no es natural y que no es un alimento.

Pero ¿por qué decimos que se comporta como una droga?

¿No os estáis pasando con eso?

Pues no.

El azúcar es ocho veces más adictiva que la cocaína

El azúcar es más adictivo que la cocaína. Así lo constata este estudio que surgió casi por casualidad, cuando el doctor Serge H. Ahmed y su equipo estaban realizando una investigación sobre la cocaína en forma líquida. Para ello se convertía a ratas de laboratorio (uf, no en eso ahora no entramos…) en adictas a la cocaína para estudiar las adicciones. Un día decidieron darles un ‘menú’ diferente. Al pulsar una palanca se les administraba una perfusión intravenosa de cocaína directamente en el torrente sanguíneo, si pulsaban otra palanca podían beber una solución de agua con azúcar.

¿Adivináis qué eligieron entre el 80 y el 90% de las ratas adictas a la cocaína?

Agua con azúcar.

Y seguían pulsando y pulsando la palanca para beber cada vez más agua con azúcar. Olvidándose por completo de la cocaína a la que eran adictas.

Esto es así, porque nuestro cerebro está repleto de receptores de dopamina. La dopamina es un neurotransmisor, un mensajero químico que le transmite mensajes a nuestro cerebro, en este caso, de placer.

Si bien antes se pensaba que la dopamina estaba relacionada con el placer consumado, ahora se piensa que está más relacionada con el deseo. Un impulso que nos predispone mucho más a la acción y que está detrás de todo nuestro sistema de recompensas.

Este sistema de recompensas es vital y se relaciona con funciones básicas para nuestra supervivencia, sólo que el ser humano lo ha revestido de capas y capas de superficialidades: comer, reproducirnos, relacionarnos con nuestros semejantes…

Y, además, nuestro cerebro se pirra por las novedades. Es una máquina devoradora de nuevas experiencias. Por eso nos atraen los nuevos platos, somos infieles o queremos ampliar nuestro círculo de amistades.

Puede sonar todo muy sofisticado ir al DiverXo, hacerse un 50 sombras de Grey o apuntarse a ese club de golf para hacer amistades nuevas, pero es realmente primario…

Pero si hablamos de alimentación, el azúcar supera todas las previsiones imaginables de nuestro sistema de recompensas para convertirse en una droga que anula nuestro cerebro, haciendo de la sacarosa una poderosísima droga ocho veces más adictiva que la cocaína.

Como os hemos dicho, nuestro sistema de recompensas está ahí para que nuestras funciones vitales se cubran y asegurarnos nuestra supervivencia como especie. Si, por ejemplo, comemos un apetitoso plato de paella seguramente se nos hará la boca agua. Sólo con olerlo nuestro organismo se pone en marcha (literalmente la digestión comienza ahí…, nuestro cuerpo es realmente bueno en eso de anticiparse). Salivamos y esperamos ese momento de introducir la primera cucharada en la boca casi con ansia (si te gusta la paella, claro).

Si al día siguiente te ponen la misma paella, igual de apetitosa, nuestro centro de recompensas no reacciona liberando la misma cantidad de dopamina. Poco a poco, conforme vamos repitiendo el plato, nuestra dopamina baja hasta que el plato de paella ya no nos dice nada. Es más, nos aburre.

Esto es así porque de esta forma nuestro organismo se asegura de que nuestra dieta sea lo más variada posible para obtener todos los nutrientes que necesitamos. Como os decimos, es todo muy básico…

Pero ¿qué pasa con los productos azucarados?

Si tomamos cantidades moderadas de azúcar, las que podemos encontrar en las frutas y verduras, en las legumbres… nuestro sistema de recompensas se comporta de forma normal, subiendo los niveles de dopamina y bajándolos después.

Pero si el consumo de azúcar es muy elevado, nuestro sistema de recompensas no se cansa y se comporta de forma adictiva. Podemos tomar un trozo de tarta y que nuestro cerebro siga inundado de dopamina como con el primer bocado. Y al siguiente. Y al otro. Y siempre. El azúcar sigue excitando a nuestras neuronas como las mariposas en el estómago del primer amor ¿Quién no querría sentir eso siempre?

Nuestro organismo jamás se cansa del azúcar y, como las ratitas del estudio del doctor Ahmed, continuamos pulsando una y otra vez la palanca del azúcar convirtiendo a nuestro cerebro en un yonki, en un zombie a las órdenes del azúcar sin importarle si nuestro organismo carece del resto de nutrientes necesarios para nuestra supervivencia o si las ingentes cantidades de azúcar que toma está agotando las reservas de calcio, magnesio, potasio o fósforo, o si se está descompensando el organismo hasta tal punto de enfermar gravemente o morir. Nuestro cerebro jamás dirá NO a un dulce. Aunque le vaya la vida en ello.

Entonces ¿es nuestro organismo un suicida?

No. Es primario. Está diseñado para obtener toda la energía posible y almacenarla. A pesar de que nuestra sociedad no se parece en nada a la de los cazadores-recolectores, nuestro organismo no ha evolucionado tanto desde entonces y no entiende que hoy tomará azúcar y mañana, también. Que no le hace falta almacenar.

Él sigue deseando el dulce y la energía que nos aporta como si mañana fuera de caza y fuera a necesitar esa energía, al igual que las mujeres seguimos acumulando grasa en los senos y cadera en la adolescencia para que nuestro cuerpo disponga de reservas para llevar a término un embarazo y alimentar a nuestros hijos lactantes en época de carestía. Aunque hayamos decidido no darles el pecho. Aunque si quiera queramos tener hijos.

Por eso no podemos dejar de desear los alimentos calóricos, grasos y azucarados. Porque para nuestro cuerpo Se Acerca el Invierno. Siempre.

Después del estudio sobre las adiciones de Ahmed y su equipo, otros muchos investigadores han estudiado la adicción del azúcar.

Algunos de ellos sugieren que la acción adictiva del azúcar es tan fuerte que cuando ingerimos alimentos azucarados los altos niveles de glucosa en sangre modulan el control neuronal de forma que deseemos alimentos altamente calóricos  (y si son ricos en grasas, mejor).

¿Cómo? ¡Ah! Ahora entendemos por qué la fórmula del Big King, Big Mac y cualquier otra combinación de (cola+patatas+hamburguesa) funciona tan bien y es tan buena para la cadenas de fast food y tan nefasta para nuestro insaciable cuerpo.

Otros científicos han llegado a la conclusión de que con el azúcar estamos en una situación de permisividad y propaganda similar a la del tabaco en los años sesenta, cuando nadie creía que el tabaco fuera adictivo.

Y, de verdad, esperamos que su evolución sea como poco la misma.

Hablando del tabaco… Entre sus decenas de sustancias ¿Sabéis de cuál se sirve la industria tabaquera para captar adeptos ahora que les limitan cada vez más la nicotina? Una vez más. ¡Aaaaaaasucar!

Y ahora que ya tenemos claro que el azúcar no es un alimento, no es natural y no es sano, vamos a ahondar en los estudios que relacionan el consumo de azúcares con muchísimas enfermedades metabólicas.

Pero de eso hablaremos en otro artículo de azúcar versus grasas. Mientras tanto os dejamos con unos datos para reflexionar…

El 17% de los españoles sufre obesidad y el 53,7% tiene sobrepeso. O sea, más del 70% de la población española está pasada de peso. O aquello de la Dieta Mediterránea era mentira, o nos la hemos cargado de un plumazo. Vosotros ¿Qué pensáis?

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Descubre la cara más amarga del azúcar ¿somos todos los españoles adictos?

by ninabenito 30/01/2018

¿Es tan malo como dicen el azúcar? Y si uso azúcar moreno, ¿es mejor? ¿La stevia del supermercado es buena? ¿Y si tomo sacarina para no engordar? ¿Y los zumos, son perjudiciales? ¿Que es el IG? ¿Y la CG? ¿Hay edulcorantes saludables?

Hoy en Orgànics Magazine ponemos blanco sobre negro y nos disponemos a darnos un atracón de azúcar para responder estas y otras muchas preguntas. Todo sea por vosotr@s…

¿Una sociedad demasiado azucarada?

Vivimos en la sociedad del cupcake misterwonderfuliano. Una cultura en la que los dulces son el colofón de todas las reuniones. Y el inicio.

Las regamos con litros de refrescos y cantamos el Cumpleaños Feliz con los ojos puestos en la tarta. No hay boda sin una coronada por las correspondientes figuritas nupciales, y siempre procuramos dejarnos un hueco para el postre en los restaurantes.

Sin un final dulce, parece que nuestras fiestas desmerezcan. Y mucho. Y, por descontado, la mejor forma de decirles a tus hijos lo mucho que los amas es comprándoles chuches, bollos, dulces y Nutella como si se acabara el mundo…

Porque los de nuestra generación crecimos desayunando con aquel negrito del África tropical, aplaudimos cuando E.T. hizo volar las bicis mientras sorbíamos con pajitas nuestra Coca Coca, ahogamos nuestras penas en helado emulando a Bridget Jones mientras cantaba ‘All by myself’ y quisimos regentar una confitería francesa cuando vimos la película Chocolat (vale quizá no sólo por las cantidades ingentes de chocolate que salían en la pantalla…).

Cada terrón son 4 gramos de azúcar. La OMS recomienda como tope un consumo diario de 6 terrones como máximo para un adulto y una alimentación de 2.000 calorías.

Entonces, ¿por qué vamos a negarles esa felicidad a las nuevas generaciones?

Porque de un tiempo a esta parte parece que todo lo que lleve azúcar sea malo… Y es que son cientos, miles, los estudios y los reportajes que nos cuentan la amarga verdad que esconde el azúcar y que han eliminado, de un plumazo, la inocente imagen de este polvo blanco para atribuirle las características de una droga. Y de las duras.

Pero ¿qué hay de cierto en todo eso?

El azúcar, ¿Un alimento natural?

Durante décadas nos han dicho que el azúcar es un alimento natural de los más importantes para nuestra dieta. Y como tal lo hemos tomado. Incluso íbamos a Andorra a comprar ingentes cantidades de este natural alimento con el que hemos regado (inundado cual arrozal diríamos) nuestra infancia.

Pues bien, sentimos decir que ni es un alimento ni es natural.

El azúcar no es un alimento porque el azúcar blanquilla, el refinado de toda la vida, no contiene ningún alimento. Es decir, son calorías vacías.

Pero ¿Qué es eso de las calorías vacías de las que tanto se habla en nutrición? Para poder explicar qué es una caloría vacía, antes hemos de conocer qué es el azúcar y para qué sirve en nuestro cuerpo…, si es que sirve para algo…

Cada terrón son 4 gramos de azúcar. La OMS recomienda como tope un consumo diario de 6 terrones como máximo para un adulto y una alimentación de 2.000 calorías.

¿Qué es, realmente, el azúcar?

Para empezar, os diremos que el azúcar refinado es, en realidad, sólo un tipo de azúcar llamado sacarosa.

Existen otros muchos azúcares divididos en monosacáridos (azúcares simples), disacáridos (formados por dos azúcares simples), trisacáridos (tres azúcares) y polisacáridos (polímeros de azúcares simples). Y todos estos azúcares, a su vez, son hidratos de carbono.

[adicional text=»Con un solo refresco diario que se tomara una persona al día se incrementa en un 60 por ciento las probabilidades de ser obeso.»]

Como veis, hay decenas de tipos de azúcares y lo que llamamos comúnmente azúcar es, en realidad, un disacárido llamado sacarosa que se compone de glucosa y fructosa (que a su vez son dos monosacáridos).

Esta reducción terminológica le viene muy bien a la industria alimentaria. Porque cuando se dice que el azúcar es necesario para nuestro organismo sólo es una manipulación, ya que azúcares hay muchos, y alguno de ellos es imprescindible para nuestro organismo, pero, concretamente, la sacarosa no lo es. Nuestro organismo no necesita nada de sacarosa para funcionar.

De hecho, esta es la conclusión a la que llegó el profesor Philips James en 1990, cuando era director técnico de la OMS, y le encargaron establecer los mínimos y máximos recomendados para las diferentes categorías de nutrientes.

El estudio no hizo mucha gracia a la industria alimentaria, ya que en él se aseguraba que para una dieta equilibrada no era necesario ningún aporte de azúcar añadido. Es decir, con lo que nos aporta la fruta, la verdura, los cereales y las legumbres, la leche… es más que suficiente.

Cada terrón son 4 gramos de azúcar. La OMS recomienda como tope un consumo diario de 6 terrones como máximo para un adulto y una alimentación de 2.000 calorías.

No nos hace falta más azúcar para funcionar. Ni un Aquarius después de entrenar, ni un Cola Cao para ir al cole, ni un Red Bull para que nos de alas, ni atiborrarnos de dulces para superar una ruptura amorosa.

Es de cajón ¿cómo si no habríamos sobrevivido antes de la Revolución Industrial? ¿Con qué energía habríamos cazado mamuts? ¿Y alimentado a una prole de nueve hijos? ¿Y conquistado cada rincón de la Tierra? Nos habríamos extinguido como los dinosaurios…

Pero no sólo eso. El doctor James concluyó que con un solo refresco diario que se tomara una persona al día (y conocemos varias que toman más de uno al día) se incrementa en un 60 por ciento las probabilidades de ser obeso.

Pues bien, Ya tenemos claro que lo que comúnmente llamamos azúcar se llama sacarosa y no es más que un tipo de azúcar que no lo necesitamos para vivir.

Para hablar de por qué la sacarosa (el azúcar blanquilla) no es un alimento ni es natural tenemos que seguir profundizando en cómo se comporta esta sustancia en nuestro interior. Así que ¡vamos allá!

4 TERRONES de azúcar al día es el máximo que la OMS recomienda para los niños. A partir de los 17 gramos de azúcar su cuerpo pierde salud. Gana caries, gana peso, gana biabetes, gana síndrome metabólico.

¿Cómo se comportan los azúcares en nuestro cuerpo?

Cuando ingerimos productos con azúcares, en nuestro organismo se desencadena toda una serie de procesos. Así, una enzima que tenemos en las células epiteliales del intestino llamada sucrasa, descompone el azúcar (la sacarosa que, recordemos, es un disacárido) en los dos azúcares simples que la componen: glucosa y fructosa.

Esto es así, porque la digestión no es ni más ni menos que el fraccionamiento de las grandes moléculas de los alimentos en sustancias más simples que puedan ser usadas y asimiladas por nuestro organismo de forma provechosa.

Así, los hidratos de carbono deben convertirse en sus correspondientes formas activas para poder ser metabolizados y, en concreto, los azúcares se reducen casi siempre al monosacárido más importante para nuestro organismo: la glucosa.

La glucosa es vital para nuestro cuerpo.

Es la gasolina de nuestro organismo pero, sobre todo, de nuestro cerebro ya que las neuronas se alimentan casi exclusivamente de glucosa (y de cuerpos cetónicos, pero de esto no vamos a hablar). Y no sólo eso. Nuestro cerebro demanda grandes cantidades de glucosa diariamente y de forma constante.

De hecho, sus necesidades de alimento son tremendas, ya que precisa 5,6 miligramos de glucosa por cada 100 gramos de tejido cerebral por minuto, consumiendo el 20% de la energía corporal derivada de la glucosa él solito.

Pero, además, la glucosa también es el alimento de cada una de nuestras células, aunque estas pueden alimentarse también de lípidos. Por eso cuando hacemos dieta y nos privamos de azúcares y grasas adelgazamos, porque nuestras células, privadas de excedentes de alimentos, movilizan la grasa almacenada para alimentarse y disponer de energía.

Os dejamos una tabla para que podáis ver qué consume cada uno de los tejidos de nuestro cuerpo…

Función y metabolismo de los nutrientes. Ángel Gil Hernández y Fermín Sánchez de Medina Contreras.

Entonces tenemos claro que necesitamos glucosa (que no sacarosa) para que nuestro cuerpo funcione. Esta glucosa la podemos extraer de cualquier hidrato de carbono, desde una patata a la pasta, pasando por las frutas y verduras, las legumbres, los cereales, los pseudocereales, los alcoholes… Por lo que no necesitamos nada de azúcar blanquilla en nuestro cuerpo.

Pero continuamos con el viaje de los azúcares.  

Cuando ingerimos productos con azúcares, la glucosa pasa rápidamente al torrente sanguíneo y el páncreas libera una hormona llamada insulina. ¿recordáis lo que dijimos del funcionamiento de las hormonas en la entrevista al doctor Nicolás Olea?

Las hormonas son meros mensajeros que transmiten órdenes a nuestras células. Para que el mensaje de las hormonas sea recibido correctamente por las células, estas disponen de receptores hormonales. Es como si la célula fuera un habitación, el receptor hormonal una cerradura y la hormona, una llave.

Gracias a la hormona insulina, la glucosa sale del torrente sanguíneo (donde no puede permanecer durante mucho tiempo ya que moriríamos de hiperglucemia) y entra en la célula. Allí, dependiendo de nuestras necesidades, la célula la convierte en energía o, cuando el aporte de azúcares es excesivo, la almacena en forma de grasa.

Cada terrón son 4 gramos de azúcar. La OMS recomienda como tope un consumo diario de 6 terrones como máximo para un adulto y 4 para un niño.

Además de en nuestras células, nuestros músculos e hígado acumulan glucosa y la convierten en glucógeno mientras dormimos o descansamos, a modo de reserva.

En los músculos se conoce como glucógeno muscular y abastece las necesidades de glucosa del músculo durante el ejercicio. Así, en dos horas de ejercicio intenso se pueden agotar las reservas de glucógeno en nuestros músculos, que necesitarán entre 24 y 48 horas para volver a recuperar esa reserva.

En cuanto al glucógeno hepático, este tiene una función bien diferente. Como os hemos dicho nuestro organismo necesita un aporte de glucosa constante en sangre. Cuando dormimos o estamos a régimen, el hígado es el que se encarga de liberar ese glucógeno, convertido de nuevo en glucosa, para alimentar nuestro organismo y que siempre haya la misma cantidad de glucosa en nuestra sangre.

El hígado puede alcanzar una reserva de glucógeno de 100 gramos más o menos, el problema está en que la retirada de la glucosa en sangre se realiza cuando el aporte de azúcares a nuestro organismo es excesivo. Que en nuestra cultura es… siempre. 

Por su lado, la insulina tras ser secretada se degrada rápidamente y se excreta a través de los riñones, hígado y músculos.

Cuando volvemos a ingerir azúcares se inicia de nuevo el ciclo.

Si piensas que un helado de yogurt es súper sano para tus peques, te están tomando el pelo. Seis terrones de azúcar en una tarrina pequeña es el azúcar que tus hijos deberían tomar en un día y medio.

Durante milenios el aporte de azúcares en nuestro organismo ha venido dado de forma exclusiva por los azúcares existentes en la leche materna durante la lactancia y después en las frutas, verduras, miel, además de los cereales y legumbres cuando el hombre se asentó y comenzó a cultivar.

Nuestro cuerpo ha aprendido a lidiar con un atracón de cereales integrales y con un suculento banquete de frutas de temporada, pero no con una fiesta de cumpleaños en un parque de bolas.

Siquiera es capaz de hacerlo con un desayuno que cualquier anuncio de televisión calificaría de saludable (leche + zumo + tostada).

Los azúcares eran integrados y consumidos rápidamente por nuestro organismo. No había coches ni motos, no teníamos trabajos sedentarios, para beber agua no teníamos que abrir un grifo y punto, y para obtener comida no bastaba con hacer click con el ratón o llamar a Tele Pizza.

[adicional text=»Un español medio ingiere unos 110 gramos de azúcar al día. Una tasa muy por encima de los 25 gramos recomendados como una ingesta saludable de azúcar por la OMS «]

Nuestro páncreas no trabajaba cinco, seis o siete veces al día y nuestras células no estaban constantemente recibiendo glucosa. Nuestros almacenes grasos eran escasos y nuestro cuerpo era la mejor expresión de nosotros mismos, porque sólo los más adaptados sobrevivían.

No existía la obesidad (o mejor dicho, los obesos no subsistían) y no existía la diabetes, los colapsos cardíacos, el THDA… (Y sí, moríamos de tifus, peste, resfriados, en el parto, devorados por un oso, o por una infección bacteriana de sus zarpazos y nuestra esperanza de vida era un asco, no estamos haciendo apología para una vuelta a las cavernas).

Lo que queremos relatar es que nuestro organismo, por mucho que lo quiera la industria, no está preparado para digerir cada día las aberrantes cantidades de azúcar que ingerimos, de forma consciente o inconscientemente.

Porque en la actualidad un español medio ingiere unos 110 gramos de azúcar al día. Una tasa muy por encima de los 25 gramos recomendados como una ingesta saludable de azúcar por la OMS para un adulto (y la OMS no se caracteriza por ser demasiado estricta con sus recomendaciones alimentarias).

Para un niño la tasa de la OMS fija el límite en 17 gramos diarios.

Y aquí llegamos a la madre del cordero.

Este desayuno predispone a la diabetes tanto como un refresco. Que no te tomen el pelo.

¿Qué le pasa a nuestro organismo cuando ingerimos más de esos 25 gramos de azúcares al día para un adulto y 17 para un niño?

Imaginemos un desayuno típico de un niño español, que puede constar de un vaso de leche con cacao y cereales o galletas. ¿Os habéis planteado cuánto azúcar toman vuestros peques en el desayuno? Os sugerimos que cada uno haga el cálculo. Las cifras seguramente os sorprendan, incluso si lleváis una alimentación consciente…

La leche, pongamos que es semidesnatada, tiene entre 11,5 gramos y 12,5 gramos de azúcar por cada 250ml (un vaso).

Dos cucharaditas de Cola Cao (10 gramos de producto) tienen 7 gramos de azúcar. Y si es de Nesquick son 7,7 gramos.

Con cuatro galletas Dinosaurus (de esas que avala la Sociedad Española de Pediatría de forma vergonzosa) tenemos 8,4 gramos más de azúcar. Si son las María de toda la vida, nos quedamos en 6 gramos de azúcar por cuatro galletas y si optamos por unas galletas más ‘saludables’ como las Digestive de manzana y avena, el azúcar ingerido es de 14 gramos.

Si sumamos las opciones tenemos que el desayuno con menos azúcar de nuestros hijos es de 24,5 gramos. Rozamos el límite de azúcar diario recomendado por la OMS para un adulto y sobrepasamos en 7,5 la ingesta de azúcares libres recomendada para los pequeños. Y no hemos hecho más que empezar la jornada.

Mientras que la opción más azucarada es de 33,7 gramos. Nos pasamos en 8,7 gramos el límite recomendado de azúcares libres para todo el día en un adulto (los azúcares libres son todos los azúcares añadidos, los edulcorantes y los contenidos en la miel y los zumos de frutas y verduras) y casi tenemos el azúcar de dos días cubierto para los niños.

Y luego viene el almuerzo, la comida, la merienda, la cena, las chuches, los cumples regados con refrescos y tartas sobrecargadas de azúcar, las fiestas familiares en las que todo vale, las ferias con algodón de azúcar y manzanas de caramelo, las Navidades con sus turrones y dulces por doquier, las Pascuas cargadas de chocolate, torrijas y panquemados, el verano con sus helados y… cualquier excusa para tomar dulce, porque con un Kinder le dices lo mucho que le quieres. Y si le das garbanzos de desayuno te denuncian al defensor del menor.

Estos desayunos son la punta del iceberg de una sociedad empeñada en predisponer a nuestros pequeños de muchas, muchísimas enfermedades a lo largo de su vida. ¿Crees que merece la pena?

Pero ¿Qué le pasa al cuerpo de nuestros peques cuando les damos ese desayuno, esa merienda o ese almuerzo tan alto en azúcares? ¿qué le ocurre cuando tomamos un Donut, una Coca Cola o una bolsa de chuches de un cumpleaños?

Cuando el azúcar, sea cual sea su cantidad, entra en el torrente sanguíneo nuestro organismo se afana para reducir los niveles de glucosa en sangre ya que si se mantuvieran esos niveles por mucho tiempo moriríamos de hiperglucemia, por lo que nuestro cuerpo pone en marcha todos sus mecanismos para recuperar la homeostasis, es decir, el equilibrio óptimo necesario, equilibrio al que siempre tiende nuestro cuerpo para evitar la muerte. Aunque para ello tenga que sacrificar algunas piezas como un buen ajedrecista.

Tenemos la suerte de que nuestro organismo es una complejísima y exacta máquina, porque lo cierto es que se lo ponemos tan difícil…

Pues bien, cuando nuestro torrente sanguíneo recibe una gran cantidad de azúcar, el páncreas empieza a liberar insulina para que la glucosa entre en la célula y baje el nivel de glucosa en la sangre, como hemos explicado.

Y lo baja un poquito más de lo que estaba antes de empezar el ciclo, provocando una ligera hipoglucemia que rápidamente es solucionada por el hígado, que libera un poco de glucógeno para volver al estado de equilibrio.

Cada terrón son 4 gramos de azúcar. La OMS recomienda como tope un consumo diario de 6 terrones como máximo para un adulto y 4 para un niño.

Como nuestras células no necesitan tanto azúcar para funcionar lo almacenan en forma de ácidos grasos que, posteriormente, se convierten en triglicéridos (grasas), almacenándose en el tejido adiposo.

Si recordáis os habíamos dicho que la sacarosa estaba compuesta de dos azúcares simples: la glucosa y la fructosa.

¿Qué pasa con la fructosa de la sacarosa? La fructosa, por su lado, se absorbe más lentamente que la glucosa, aunque es captada y metabolizada más rápidamente por el hígado, donde se almacena convertida en fructosa-I-fosfato, que es tóxico para el hígado y que se metaboliza muy lentamente, permaneciendo durante mucho tiempo en este órgano.

Además de todo eso, se ha demostrado que la fructosa puede provocar hiperuricemia y acidosis láctea.

Y sí, la fructosa es el azúcar que está presente en las frutas y verduras, pero como os explicaremos, en la fruta y verdura no tiene mayor problema. El verdadero peligro es cuando se consume en la sacarosa o en uno de los más baratos y calóricos endulzantes del mundo: el sirope de maíz, del que hablaremos en otro artículo.

Si cuando nuestro hígado y páncreas reestablecen el equilibrio le volvemos a dar más azúcar (con el almuerzo, luego en la comida, en la merienda, en la cena…), volvemos a tener un pico de glucemia y cada vez nuestro páncreas trabaja más para neutralizarla consiguiendo una hipoglucemia mayor durante más tiempo.

Es como si dijera ‘vaya, con la bajada de antes no ha sido suficiente, vamos a bajar un poco más a ver si logramos mantener a raya ese azúcar de más’.

Y cada vez las curvas son más pronunciadas, más picos de azúcar, más bajadas hipoglucémicas. Más glucosa y sacarosa en nuestro hígado, más glucosa en nuestras células, más grasa en nuestro tejido adiposo. Y antes de que se puedan agotar las reservas, una nueva dosis. Y otra, y otra. 

Esto agota nuestro hígado y nuestro páncreas que no están diseñados para lidiar con los 79,5 gramos de una Coca Cola grande de Burguer King que contiene más de tres veces el máximo de azúcar diario estimado por la OMS para un adulto.

Así que si piensas que una sesión de cine, refrescos y chuches es un fin de semana especial con tus hijos… quizá no sea más que el principio de una larga amistad con una bomba de insulina.

Porque con el paso del tiempo, una dieta rica en azúcar provoca obesidad y diabetes, que se produce cuando nuestro páncreas, agotado, no es capaz de producir más insulina o cuando nuestras células no reaccionan a la insulina, de forma que la célula no absorbe toda la glucosa y ésta se acumula en el torrente sanguíneo, poniendo en riesgo nuestra vida.

En este último caso, el páncreas produce aún más insulina en un intento desesperado para que las células absorban la glucosa.

Nuestro páncreas está agotado de liberar insulina constantemente, nuestro hígado se vuelve graso por el excedente de glucosa que almacena constantemente y nuestros triglicéridos han invadido no sólo nuestro abdomen sino también nuestras arterias y vísceras, constituyendo un peligro mortal para nuestro organismo.

Y si te dijeron que las grasas eran las culpables, no te contaron toda la verdad…

Y es que 110 gramos diarios de azúcar como media en España es más de cuatro veces el límite fijado por la OMS. Una locura para nuestro cuerpo de la que no hemos mencionado más que el principio…

Pongamos que nuestro organismo no ha mostrado aún ningún tipo de problema (visible) con el azúcar. Pongamos que nuestra relación de amor con el azúcar se salda solo en una talla más.

Porque hay algo muy claro. Si consumimos más calorías de las que nuestro cuerpo necesita engordamos y si consumimos menos adelgazamos. Eso es así. ¿O no?

Cada terrón son 4 gramos de azúcar. La OMS recomienda como tope un consumo diario de 6 terrones como máximo para un adulto y una alimentación de 2.000 calorías.

Pues la culpa es tuya y solo tuya

Bueno, es lo que nos han dicho hasta la saciedad haciéndonos creer que éramos nosotros los culpables de engordar. Por comer más de lo que gastamos. Por sedentarios.

Por no consumir productos bajos en calorías. Por no pasarnos a la moda 0,0, por no llevar una dieta de 1.100 calorías de pechuguita de pavo 0% y queso burgos o%… Pero ahora la tele nos da un respiro porque ‘La vida no está hecha para contar calorías’ Claro que no, guapi. Toma Ligeresa y a vivir que son dos días…

Pero ¿es que son iguales todas las calorías? Es decir ¿da igual comer 100 kilo calorías de chuches que de plátanos? ¿De Coca Cola que de Leche de Almendras? ¿De brócoli que de Donuts? ¿De aceite de oliva virgen extra ecológico que de aceite de palma ultrarefinado?

Eso es lo que nos han hecho creer durante décadas, cuando lo que importaba era la cantidad y no la calidad (la típica máxima de hay que comer de todo con moderación), porque esos parámetros de calorías le han venido muy bien a la industria alimentaria.

Porque las calorías como único parámetro para medir lo que engorda cada producto y la salubridad de una dieta es una auténtica mier**. Bueno no, dejémonos de asteriscos. Es una auténtica mierda.

Pero para explicar por qué no es lo mismo tomar 100 calorías de plátano que de chuches os tenemos que explicar, ahora sí (vaya si nos enrollamos), qué son las calorías vacías.

Y vosotr@s ¿Cuánto azúcar tomáis al día? ¿Habéis hecho ya los cálculos?

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